Reseña: Julia de Jackie Baier

Julia es artista. Nació y creció en Klaipeda, Lituania y ahora vive en Alemania. Tiene muchos amigos y en general es muy querida. Julia es fotogénica; su belleza y la intensidad de su mirada se amplifican notablemente frente al lente de una cámara. Pelo rubio, de esos tonos que no se pueden obtener con tintes; piel tersa; labios carnosos y ojos penetrantes.  Julia es extrovertida, divertida y tiene un gran sentido del humor. Es inteligente; brillante, incluso. Habla cuatro idiomas y sabe insultar como marinero ruso. Nunca se guarda sus opiniones, se expresa libremente y cuando se equivoca acepta las consecuencias. Julia se enamora, llora y ríe. Julia es como cualquiera de nosotras. Pero no.

Julia es prostituta. Es adicta al alcohol y a la heroína. Julia prefiere no estar sobria. Recoge colillas de cigarros para fumar los restos de tabaco. No ha hablado con su familia ni regresado a su país en más de 10 años. No considera que la cocaína sea una droga. Julia arrastra las palabras con frecuencia (pero no se tambalea ni en los zapatos más altos). Julia se despide con un beso de sus clientes, un gesto más dulce que obligado. Julia pierde la consciencia en demasiadas ocasiones.

Julia puede definirse de mil maneras excepto en un aspecto, el cual alteró por completo el rumbo de su vida. Julia es mujer, pero no biológicamente: “No puedo decir que soy mujer, pero tampoco puedo decir que sea hombre. Soy algo en medio. Soy algo, pero no se encuentra en el diccionario. Soy una creación de Dios, pero una creación extraña. Dios no estaba poniendo atención cuando me hizo”, explica Julia.

En más de una ocasión, la protagonista de este documental dice que sus padres habían querido tener un hijo pero la tuvieron a ella. Está convencida de que su abuelo se sentiría decepcionado si la viera hoy en día. La relación con su pasado, la raíces de un país que dejó creyendo que en Alemania podría hacer y ser cualquier cosa, es la gran herida abierta de su vida. “Lituania estuvo tras la Cortina de Hierro hasta los años 90; la situación cuando Julia creció no es muy distinta a la de Rusia hoy en día”, dijo la directora y fotógrafa Jackie Baier (House of Shame: Chantal All Night Long, 2011) durante la mesa de cine queer y sus creadores en el marco del Premio Maguey en el FICG29. Sin embargo, Julia siempre conservó, en gran medida, su libertad. Se fue porque se eligió a sí misma, aunque resulte muy difícil de entender. Por eso trabaja en la calle, porque ahí no tiene que rendirle cuentas a nadie, elige sus propios clientes y hace las transacciones por sí misma. Julia es más libre en la calle que en muchos otros lugares, incluyendo bares y burdeles, su propia casa y el hogar en el que creció. El dolor de Julia está en mirar atrás y recordar que al final todo fue la decisión de vivir como la mujer que es y se siente, y no como el hombre que nació; el dolor está en que eso sea incompatible con la vida que pudo haber construido en su país, con su familia, con su carrera artística, con su diploma universitario.

Este documental, ganador de la mención honorífica en el Premio Maguey del Festival Internacional de Cine en Guadalajara, se separa radicalmente de otras cintas sobre prostitución por la cercanía que existe entre la directora y fotógrafa, quien conoció a Julia mientras trabajaban en un pequeño bar/burdel en Berlín. Comenzó a fotografiarla casi inmediatamente después de conocerla; la conexión entre ambas mujeres y la cámara fue como una adicción, explicó Baier en la sesión de preguntas y respuestas después de la proyección de su cinta en el FICG. Jackie ha documentado y seguido a Julia durante 10 años y la prueba está en la forma narrativa, en el amor perceptible en los encuadres, en la honestidad sin límites de la protagonista, en la imposibilidad de juzgar o intervenir.

Este filme es un retrato cercano a Julia como humana, no como prostituta ni como transexual, no como sujeto de estudio, sino como un ser amado. No pretende ser informativo ni generar un juicio social, y mucho menos apuntar dedos para señalar culpables, lo cual es una constante en documentales que (por más supuesta objetividad) dejan una sensación de dolor de mundo, de dedo en una llaga, que muchas veces sólo genera odio o malentendido por el juego maniqueo de víctimas vs victimarios. En lugar de eso, esta cinta genera el amor más profundo por una mujer completa, con todas las características que la componen, con una mente y un cuerpo libres a pesar de las circunstancias. Amor que transmite la directora (“Estoy un poco enamorada de ella, como verán en la película”, dijo Baier en la mesa de debate) a través de las fotografías que ha reunido durante años y una puesta en cámara siempre respetuosa. El tono de la película es triste, pero no por la situaciones ni por las anécdotas relatadas, sino por los aspectos formales. Uno de los elementos más destacables de la cinta es la música, que más que manipular al espectador a sentir lástima, tristeza o empatía, complementa la belleza de las imágenes, en especial cuando vemos a la hermosa Julia en los múltiples retratos en de Baier.

Baier dijo que le interesa la visibilidad, no de su película como obra artística ni de denuncia, sino de Julia como persona. Porque más que hablar de ella, este documental deja que Julia hable, muestre los aspectos que quiere mostrar de sí misma y a través de ellos plantee una realidad que muchas veces se nos escapa. Debajo de las etiquetas más obvias, comenzando por el sexo, el género, el aspecto físico y la raza, hay todo un mundo interior. La prostitución se puede generalizar como problema o fenómeno; se puede estudiar las causas y analizar los contextos; se puede contabilizar cuántas personas mueren en un año por violencia relacionada al trabajo sexual, por el uso de drogas en este medio o por la falta de atención médica o psicológica. Sin embargo, las historias son infinitas y la de Julia, aunque sea sólo una, o peor, una más, nos recuerda que estamos ante seres humanos y no estadísticas. Los números son personas reales. A veces se nos olvida.

 Hipatia Argüero Mendoza

Reseña Maguey: Out in the Line-up

Un día Thomas Castets se hizo una pregunta que toda persona se ha hecho en algún momento: ¿Habrá alguien más como yo en el mundo? En las últimas décadas Internet ha facilitado esta búsqueda de intereses afines y ha generado vínculos improbables entre gente que jamás se hubiera encontrado de otra manera. Castets, entonces, buscó todas las combinaciones de palabras clave que se le ocurrieron para contactar a otros surfistas homosexuales que, como él, pertenecían a una comunidad deportiva rodeada de machismo, prejuicios y estereotipos. Nuestro mundo es tan grande y tan diverso que resulta simplemente inexplicable que antes de Thomas nadie hubiera hecho visible la existencia de personas homosexuales en este deporte, ni siquiera con el anonimato permitido por la red. “Sólo encontré porno muy malo”, dice Castets en la cinta.

Como dijo hace unos días Cheryl Dunye –directora, escritora, actriz y productora– cuando habló de la carencia de representación de personas como ella en el cine (mujer, negra, homosexual, entre muchas otras cosas): si nadie lo ha hecho, hazlo tú misma. Castets decidió hacer lo que nadie había hecho y generó una página de internet que se convertiría en el primer eslabón de una enorme cadena: gaysurfers.net

El documental Out in the Line-up, producido por Castets y dirigido por Ian Thomson cuenta la historia de varias personas que habían asumido su soledad y la necesidad de guardar un secreto. Sin embargo, al igual que el fundador de la página, no habían dejado de buscar palabras clave en Internet. De pronto, una simple señal de vida de un extraño pasando por lo mismo fue la semilla de una comunidad que ha cambiado la perspectiva de mucha gente. David Wakefield, el primero de muchos surfistas gays en establecer contacto, y Thomas Castets se conocieron y emprendieron un viaje en busca de historias similares a las suyas. El documental es un recuento de ese viaje y una carta para generar consciencia sobre temas que no se limitan al surf o a la homosexualidad, sino relativos al ser humano y su libertad.

El documental abarca muchos aspectos de la vida deportiva de las y los surfistas, la cual implica competencias, asociaciones reguladoras oficiales y, por supuesto, patrocinios. En el caso de los hombres, los patrocinadores respaldan a los mejores; en el caso de las mujeres, el acercamiento es de naturaleza más sexual: mujeres rubias y guapas que salen bien en las fotos. ¿Es la mejor surfista? No importa; hablemos de su trasero. Como el sexo es fundamental para este tipo de respaldo comercial, la fantasía, juega un papel importante. Por lo tanto, la imagen de una surfista abiertamente homosexual se vuelve mucho menos explotable que la chica de calendario de piel dorada sin nada que decir, sin una voz. Las mujeres que aparecen en el documental (entre ellas las campeonas Cori Schumacher y Keala Kennelly, quien comenzó a surfear y ganar cuando no había categoría de competencia para mujeres) hablan de lo difícil que fue ser tomadas en serio, poder competir al mismo nivel que los hombres y recibir el mismo reconocimiento.

 

 

Otro de los temas tratados en esta cinta es la perpetuación de estereotipos en los medios masivos, los cuales generalizan el ser homosexual y lo reducen a ciertos comportamientos muchas veces caricaturizados. Parte del tabú alrededor de la homosexualidad se debe a estos productos audiovisuales. El documental utiliza ejemplos como el personaje de Rupert Everett en La boda de mi mejor amigo y la pareja gay de Modern Family, entre otros, los cuales retratan sólo una parte o un tipo de vida que se ha convertido en un estándar de la homosexualidad. Este imaginario no es fuente de identificación para muchísimas personas que no quieren decir que son homosexuales por temor a que la gente lo asocie con la definición televisiva de la homosexualidad. ¿Para qué salir del closet y pertenecer a una comunidad si no te sientes parte de ella?  Muchas expresiones de discriminación surgen de la asociación de la sexualidad con debilidad física, actitud escandalosa y un gran etcétera de lugares comunes, lo cual, por supuesto, tiene repercusiones importantes para las y los deportistas, pero está presente en todo tipo de profesiones y actividades.

Este documental es una chispa de victoria. Esto ya sucedió. Todas estas figuras del surf mundial ya hablaron frente a la cámara, ya marcharon juntas en Mardi Gras como la comunidad de surfistas gay, ya enfrentaron a su familia y amigos y siguen ahí, haciendo lo que más les gusta. Ya sucedió y no sólo sobrevivieron, comenzaron a cambiar el panorama a futuro. El documental habla únicamente de un deporte, pero al mismo tiempo aplica a todo. Si Castets pudo encontrar una gran comunidad de gente con la que se puede identificar dentro una combinación improbable (por lo menos ante los ojos de gente que no conoce muy bien este deporte), será cuestión de tiempo antes de que más y más comunidades surjan y lleven esta iniciativa de contacto y pertenencia a otros ámbitos. Thomas Castets no fue el primero ni será el último en alzar la voz sobre este tema, pero es prueba de que el miedo y la parálisis, con consecuencias tan graves como el suicidio o el abandono de las ambiciones profesionales, existen aún hoy en medios que muchas veces ni siquiera consideramos o imaginamos.

Las personas que han decidido vivir en secreto sienten que de alguna manera deben quitarse su sexualidad y dejarla colgada en el closet mientras realizan otras actividades. La sexualidad, identidad sexual o de género, preferencia sexual, etc, tiene la importancia que cada persona decida darle y en cuestiones como el desempeño deportivo tiene poco o nada que ver. Sin embargo, ¿por qué no hablar de ello? ¿Por qué no salir a las olas o a cualquier otro lado con la sexualidad, identidad, preferencia (o como cada quien lo defina) bien puesta? Porque, al final,  es algo que no se puede remover, sólo ocultar.

Hipatia Argüero Mendoza

El silencio antes de la tormenta: Reseña Land of Storms

“El silencio es peor que la discriminación y la violencia”, dijo Ádám Császi durante la mesa de debate de cine queer en el Festival Internacional de Cine en Guadalajara y, por segunda ocasión, después de la proyección de Land of Storms en el marco del Premio Maguey. Esta simple frase tiene un impacto directo y terrible en el contexto de la tortura física y psicológica experimentada por las personas que viven su sexualidad con miedo, y peor aún, autodesprecio.

El silencio es, en gran medida, lo que caracteriza el primer largometraje de este director húngaro, una cinta construida a partir gestos mínimos y acciones sugeridas, claroscuros y contrastes entre luz y oscuridad que apenas permiten adivinar el acercamiento prohibido de piel, bocas y manos. La narrativa visual de tomas largas y encuadres cargados de simbolismo teje fragmentos de información aislada e intrigante para construir poco a poco una historia a partir de lo que no se dice. Los diálogos son mínimos y tajantes, la tensión perceptible en todo momento.

Szabolcs (András Sütö, apodado Szabi durante la película) es un joven húngaro que juega en un equipo alemán de futbol. Vive rodeado del machismo corporal y violento característico de este tipo de deportes, en el que el contacto de hombres con hombres es inevitable y, por lo tanto, reforzar la heterosexualidad se vuelve necesario. Szabi abandona su carrera, prometedora en las primeras escenas, después de una confrontación física con Bernard (Sebastian Urzendowsky), un compañero de equipo cuya mirada despierta furia culposa en el protagonista.

Este encuentro de animales que defienden su territorio (su posición en el equipo y su propio cuerpo) sucede en las regaderas después de un fracaso en la cancha. Esto es, literalmente, un lugar común. Sin embargo, en vez de la excitación del contacto directo y húmedo, el acercamiento genera una sensación amarga; el odio es dirigido al exterior para expulsarlo del interior. Este breve momento basta para plantear la lucha de un personaje que, si pudiera, se castigaría a sí mismo. La suma de estos factores hace que Szabi decida regresar a su país y a la granja de su abuelo, una enorme casa destruida en medio de la nada. La belleza sobrecogedora de los paisajes y el tratamiento visual de la película reiteran la soledad y el silencio de un mundo tan vasto que no puede estar libre de miradas o juicios ajenos.

Una noche Áron (Ádám Varga), miembro de la comunidad rural, intenta robar la motocicleta de Szabi sin éxito. A partir de ese primer encuentro, Áron comienza a trabajar con Szabi para arreglar la casa. Su relación se vuelve cada vez más cercana, acentuada por el esfuerzo físico del trabajo. Sus movimientos se sincronizan en coreografías perfectas acompañadas de sutiles miradas furtivas. Los días pasan brillantes y calurosos; y las noches de oscuridad total son el manto bajo el cual el deseo sexual de ambos explota de manera poco romántica, más bien agresiva e intoxicada.

Por el desconcierto de la culpa católica y el placer del pecado, Áron decide confiar en lo sagrado de la confesión y contarle a su madre enferma que Szabi lo tocó y él no lo detuvo. “¿Por qué lo permitió?”, pregunta su madre. Áron responde con el más sincero de los “no sé”. Esta incapacidad de enunciar la diferencia es, precisamente, a lo que Császi se refiere cuando habla del peligro de callar y contener. Después de que las palabras salen no hay manera de pararlas y, por eso, con frecuencia se elige la alternativa: el silencio.

Cuando Bernard reaparece con la intención de concretar su relación con Szabi (reemplazando la violencia de la negación con la aceptación: “No te disculpes, sí te estaba viendo. Desde el principio”), Szabi también comienza a aceptar que Áron es más que algunas noches de alcohol que culminan en contacto sexual. Pero mientras un personaje enfrenta su realidad y decide abrazarla, el otro sufre torturas y humillaciones por un secreto mal guardado y por oídos que se niegan a escuchar que la palabra en cuestión no es “pecado”, sino “amor”.

Hipatia Argüero Mendoza.

Reseña: Hoje eu quero voltar sozinho

De la vista nace el amor. Pero también del oído y del tacto, del calor particular despedido por una persona, de su olor, de su aroma, del mero sentir de su presencia. De la combinación de todos estos sentidos nace mi amor más reciente: el primer largometraje del brasileño Daniel Ribeiro. La premisa de esta cinta surge de una pregunta que tiene muchas respuestas: ¿cómo o por qué nos enamoramos? Durante la sesión de preguntas y respuestas después de la proyección especial para el Premio Maguey del Festival Internacional de Cine en Guadalajara, el director declaró que quería hacer un filme sobre un personaje que nunca hubiera visto a una mujer o a un hombre y plantear por qué o cómo se enamoraría de una u otro. Este personaje, Leo (Ghilherme Lobo, impecable), vive las tormentas en vasos de agua de cualquier adolescente con una importante excepción: es ciego. Para este chico hay cosas imposibles: la independencia total, andar en bicicleta, ver una película, salir solo de noche e incluso gustarle tanto a alguien como para que quiera besarlo.

Leo busca un escape innecesario. Quiere probarse a sí mismo y al mundo que su modo de percibir es distinto pero no paralizante. Durante el planteamiento de la sobreprotección que este joven vive por parte de sus padres, su madre lo regaña por estar fuera cuando está oscuro. “Para mí siempre está oscuro”, responde Leo.

La película no es sobre un triángulo en sí, es esa cosa extraña que sucede cuando la amistad se vuelve confusa y sus límites se difuminan con la cobardía adolescente y la necesidad hormonal de tocar un cuerpo ya. Los tres personajes son entrañables por lo cercano que resulta su planteamiento (en realidad probablemente no conozca a nadie así, pero la regresión a la preparatoria es inevitable; la sensación de “yo estuve ahí”). Giovana (Tess Amorim, de un rango dramático impresionante para su edad y un timing cómico genial) es la mejor amiga de Leo y, obvio, está enamoradísima de él. Ella es la única persona que, ya sea por costumbre o por una consciencia imposible de apagar, entiende y asume la ceguera de Leo, no como una fuente de preocupación (que en gran medida es el caso de sus padres) ni como una característica olvidable. Es, en todo caso, un hecho. A pesar de saber que su mejor amigo no la puede ver verlo, Giovana evita las miradas prolongadas y el tacto “accidental”, incluso en los momentos más íntimos de complicidad y charla sexual. Giovana espera. Espera a que Leo de la señal que confirme una sospecha mínima. Señal que nunca llega pero siempre está ahí, latente.

La llegada de Gabriel (Fabio Audi) cambia todo en la amistad de estos dos personajes esenciales en la cotidianidad del otro. Es la ruptura de la rutina lo que aleja a Giovana de Leo. De pronto ella y todas sus funciones dentro de la vida de Leo son ocupadas por Gabriel. La amiga de toda la vida es reemplazada por el capricho del momento.  Esto siente Giovana cuando la atención de su amigo gira hacia el chico nuevo que todos desean. Gabriel es hermético de una forma muy cool (no hay otra manera de decirlo, para hablar en términos adolescentes hay que usar, precisamente, términos adolescentes). Pero Gabriel no es un chico cool más, no es el gran partido al que Karina (personaje construido más por las menciones hilarantes de Giovana que por de hecho aparecer en la película) quiere conquistar para probarse madura y extrovertida. No, Gabriel es el chico que hace posible lo imposible.

Gabriel comparte su vista con Leo, convierte lo visual en sonidos, en tacto. El amor nace, no de la vista (al menos no en el caso de Leo), sino de todo lo demás. Este amor es conflictivo por las razones que todos los amores lo son: los juegos de me gustas, no me gustas, el eterno estira y afloja de las personas que se mueren por experimentar la cercanía emocional y física. Gabriel y Leo son dos hombres, sí, pero su relación es retratada con la inocencia (y franca estupidez adolescente) del primer amor.

Después de la película una espectadora preguntó si los protagonistas y el director son gays o no, y si eso había dificultado o facilitado su trabajo. Ghilherme Lobo respondió no ser homosexual, pero dijo algo que el mundo debería escuchar más seguido: el hecho de que yo no lo sea no significa que no es mi problema. Dijo que cualquiera puede serlo, sus hermanos, sus amigos y amigas. Es un asunto humano, no de si te toca o no te toca poner tu granito de arena sólo porque te afecta directamente. Esta película retrata eso: el ser humano de tres personajes que apenas entienden su posición en el mundo.

Los diálogos (particularmente los de Giovana, quien constantemente tira dardos que dan justo en el blanco) son naturales para estos personajes. Hablan como nosotros hablaríamos si habláramos portugués y por una mala (o buena) jugada del destino tuviéramos 15 años. Esto, claro, no tengo manera de saberlo, pero sí de sentirlo. Porque esta película, al igual que sus personajes repletos de emociones incontenibles (o contenibles pero con malos resultados) es emoción pura. Los gritos, suspiros, “ohs”, “ahs” y “tss”  audibles durante la proyección (como de salón de prepa, lo juro) son prueba de que una gran mayoría de los espectadores estaba experimentando la película como si fueran recuerdos propios, como si todo fuera muy real por lo real que se siente.

Quizá lo único inverosímil de la película sea que nadie a esa edad escucha música tan buena en las fiestas (Belle and Sebastian, David Bowie); o a lo mejor siempre fui a las fiestas equivocadas. Sin embargo, como la adulta que soy agradezco infinitamente esas intervenciones de mi presente y de mi pasado no tan pasado en la ficción.

Como Leo, Giovana y Gabriel, debo decir, estoy enamorada, si bien de tres personajes de ficción, su historia y esta cinta.

Hipatia Argüero Mendoza

Reseña Maguey: Floating Skyscrapers

A través de la puerta cerrada del baño de un gimnasio se escucha el distintivo gemir del placer sexual. La puerta permanece cerrada y lo que sea que esté pasando en el interior, secreto.

La segunda película del director polacoTomasz Wasilewski narra la historia de Kuba (Mateusz Banasiuk), un hombre cuya vida interior se desarrolla bajo el agua y tras puertas cerradas a pesar de llevar una rutina en la que la privacidad es prácticamente imposible. Este nadador profesional comparte un pequeño departamento con su novia, Sylwia (Marta Nieradkiewicz, extraordinaria) y con Ewa (Katarzyna Herman), personaje difícil de ubicar al inicio de la película por su edad y por la relación tan franca que lleva con el protagonista (¿amiga? ¿hermana? madre). La rivalidad entre las dos mujeres en la vida de Kuba lo incomoda sorprendentemente poco, y la extraña cercanía erótica que tiene con su madre (a quien le lava la espalda en la tina y besa en la boca) resulta natural dentro de un mundo lleno de represión contradictoria.

La vida secreta de Kuba incluye admirar en silencio los cuerpos esculturales de los atletas que entrenan a su alrededor, así como algunos encuentros casuales en los baños de la alberca. No es hasta la aparición de Michal (Bartosz Gelner), un amigo en común del círculo de Sylwia, que Kuba considera romper su rutina y buscar algo más que sexo con otro hombre.

El planteamiento del conflicto y contexto de Kuba incluye el punto de vista de Sylwia, quien con frecuencia termina sola en la cama cuando los intentos de intimidad sexual con su novio se ven interrumpidos por algún factor externo. La gradual destrucción de esta pareja es desconcertante por la aparente normalidad que los rodea; son honestos, abiertos e incluso permisivamente invasivos, y sus interacciones amorosas se sienten genuinas en casi todo momento. Tanto la actuación como el personaje de Sylwia en más de una ocasión roban el interés durante el desarrollo de la trama principal.

Wasilewski cierra este triángulo introduciendo la perspectiva de Michal, quien se encuentra en el punto sin retorno de hablar abiertamente sobre su sexualidad con su familia y enfrentar la homofobia de su padre. Esta subtrama permite un vistazo a la estructura familiar tradicional polaca y los distintos grados de homofobia que oscilan entre “es una fase” y golpizas tremendas con fines didácticos.

El gran acierto de Floating Skyscrapers, plantear las varias capas de un personaje más allá de su homosexualidad, es también una de sus debilidades. La fragmentación de perspectivas para contar trama y subtrama, aunque efectiva, es en general desequilibrada. Kuba es un personaje complejo construido a partir de pequeñas acciones (como vaciar dos flautas de champaña en una sola para beberla de un trago, perseguir y golpear a un extraño que se refiere a él como “puto”, y declarar su amor con una erección). Sin embargo, el otro personaje que podría considerarse mucho más secundario si no fuera por los breves pero importantes giros de punto de vista, no queda del todo claro fuera del marco temporal de la cinta.

Floating Skyscrapers

Esto último es una muestra del tipo de personajes que el director mismo declaró querer replantear en una entrevista con So So Gay. En ella el director expresó su interés por retratar personajes humanos y no definidos únicamente por su sexualidad o el conflicto que la misma genera en ellos:

Floating Skyscrapers retrata a Kuba como un ser humano. Sí, es homosexual, pero no es lo más importante. Kuba es hijo y nadador, tiene sueños y una novia. Su homosexualidad no es lo más importante, aunque es lo que lo empuja a tomar ciertas decisiones y por momentos determina su vida”.

– Tomasz Wasilewski, entrevista para So So Gay

En esta entrevista Wasilewski sólo menciona a Kuba, sin embargo la cinta no sólo se concentra en él. Si aplicáramos la prueba de Bechdel (la cual sirve para determinar si una película contiene personajes femeninos bien construidos o no con tres preguntas: ¿Hay mujeres con nombre? ¿Hablan entre ellas? ¿Hablan de algo que no sea otro hombre?), Michal no pasaría, pues Kuba es su principal tema de conversación, motor y fuente de conflicto. En realidad no sabemos si tiene sueños y conocemos a su familia pero sólo de manera superficial y en el contexto de su homosexualidad.

Curiosamente y a pesar de su presencia tangencial en el triángulo, la madre es el personaje mejor construido . Es ella, con sus complejos y rivalidades, quien determina el desarrollo de la historia. Al igual que Kuba, Ewa está en los pequeños detalles: en su intento de aprender japonés para un viaje que nunca hará, su pasado amoroso cuando eligió a otro hombre sobre su propio hijo, y los celos y odio que siente hacia Sylwia.

Esta película cuenta una historia sólida a través de momentos de genialidad narrativa que vale la pena destacar. Wasilewski construye escenas de conflicto extremadamente poderosas por estar ubicadas en momentos de contraste casi cómico. El punto más álgido del cambio en Kuba sucede durante la competencia de natación más importante de su carrera. Después de cometer el más poético de los autosabotajes –flotar sin propósito a la mitad de la alberca cuando estaba a punto de coronarse campeón–, Kuba escucha los regaños de su entrenador durante una práctica del equipo de nado sincronizado. La toma panorámica y la música animada generan la sensación de lejanía con la que Kuba escucha las palabras de su entrenador frustrado.

Wasilewski utiliza un recurso similar cuando Michal finalmente declara ser gay durante una cena familiar. El enunciado pasa prácticamente inadvertido entre la conversación casual de su familia, lo cual resulta muy anticlimático para este personaje considerando la importancia de expresar su identidad sexual en voz alta por primera vez. Los oídos sordos de esta familia son uno de los muchos síntomas de la homofobia latente en la sociedad polaca, donde incluso la madre más cercana rechaza a su hijo y prefiere a la mujer que odia sobre un hombre por ser hombre. En este sentido, Floating Skyscrapers cumple con el retrato social que promete, pero lo hace desde una mirada casi derrotista o de condena.

Hipatia Argüero Mendoza

Fuente:

http://sosogay.co.uk/2013/interview-tomasz-wasilewski-polands-first-lgbt-film/

Ficción Maguey: Películas en competencia FICG29

“Explotando el impacto del cine en la sociedad moderna y con la finalidad de promover una cultura de tolerancia y no discriminación, el Festival Internacional de Cine en Guadalajara en su edición número 29 (FICG29) presenta por tercera ocasión el Premio Maguey; un galardón otorgado a las producciones cinematográficas que exponen narrativas sobre una sexualidad abierta, un cine incluyente de aceptación a la diversidad sexual en todas sus manifestaciones, que concede voz a las “minorías” que hasta el momento resisten ante la opresión.
El Premio Maguey está a favor del cine LGBTTTI (lésbico, gay, bisexual, transexual, travesti, transgénero e intersexual) que busca la erradicación de la homofobia y de la discriminación sexual en el mundo. Un total de 18 películas provenientes de 14 países conforman la Selección Oficial para competir por el Premio Maguey 03.”

Comunicado de prensa FICG29

El Festival Internacional de Cine en Guadalajara presenta las películas de ficción que formarán parte de la tercera edición del Premio Maguey.

Cuatro Lunas, Sergio Tovar Velarde, México, 2014 (También compite por Premio MEZCAL.)

El segundo largometraje de Sergio Tovar Velarde (después de su ópera prima, Aurora Boreal, estrenada en el Festival de San Sebastián en 2010) es la única película mexicana seleccionada para este premio. La cinta narra cuatro historias paralelas unidas por un conflicto similar relativo a la homosexualidad, el descubrimiento de la identidad sexual y su aceptación, a través de personajes pertenecientes a cuatro generaciones distintas.

 

La Dune, Yossi Aviram, Israel, 2013

El primer largometraje de Yossi Aviram como director narra el cruce de dos personajes de mundos distintos:  Hanoch, un reparador de bicicletas israelí de cuarenta y tantos, y Reuven, un detective francés encargado de encontrar a personas desaparecidas que está a punto de retirarse.

Tras declarar no estar listo para ser padre, razón por la cual su esposa interrumpe su embarazo y se separa de él, Hanoch sale del país con el fin de seguir de manera silente y por razones desconocidas al mismo Reuven. Por su parte Reuven, quien lleva una sólida vida de pareja con Paolo desde hace mucho tiempo, está en medio de una crisis por los cambios de la vejez. Sin embargo, decide aceptar un último caso: el de Hanoch.   La película está construida casi sin diálogos y a partir de la dilatación de un misterio que se aclara poco a poco. 
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Dvojina // Dual, Nejc Gazvoda, Eslovenia, 2013

Esta cinta explora la complicidad y la relación breve pero intensa entre dos mujeres que se encuentran por casualidad durante la pausa antes de la tormenta de sus vidas. El vuelo de Iben se cancela por problemas climáticos y Tina es la encargada de manejar el autobús del aeropuerto que llevará a los pasajeros a un hotel. Este acercamiento entre dos extrañas que no comparten lenguaje ni contexto, se complica por el secreto de una y por el poco entendimiento de la otra.

Dual se refiere a un antiguo número gramatical que sobrevive en algunos lenguajes indoeuropeos incluyendo el esloveno. A diferencia del plural, que incluye una cantidad indeterminada de sustantivos a partir de dos, la forma dual sirve para identificar a dos objetos o sujetos precisos.

 

Freier Fall // Free Fall, Stephan Lacant, Alemania, 2013

El trailer de esta película la llama “La Brokeback Mountain alemana” (en referencia a Secreto en la montaña de Ang Lee, 2005), sin embargo este enfoque parece ser más una técnica de marketing que una descripción adecuada de la cinta. Los personajes son Marc y Kay, policías que se encuentran en un campamento de entrenamiento e inmediatamente sienten una gran atracción. Marc ha construido la vida que quiere, o pensó querer: una buena relación con su novia, cercanía con sus padres y un bebé en camino.

Hasta ahora hay más de un par de elementos en común con la cinta de Lee, sin embargo hay una diferencia fundamental: la elección del personaje central no está entre la vida y la muerte, entre aceptar o negar por un sentido de autopreservación, y no está ubicada en el callejón sin salida de la homofobia más dura. Free Fall (o Caída libre, que sería su traducción literal) retrata una lucha interna moderna y terrible por lo difícil que es justificarla, porque el adulterio en la ficción está bien siempre y cuando sea por amor verdadero, ¿pero cómo justificamos la lujuria? Más que un enfoque maniqueo de “amor verdadero” vs autoengaño, esta cinta plantea al personaje de Marc en medio de un conflicto pocas veces abordado: la bisexualidad.

 

 

Getting Go, the go doc project, Cory Krueckeberg, EUA, 2013

Si cada vez que nos obsesionamos con una persona decidiéramos contactarla y pedirle que protagonizara un documental, habría muchísimas películas como esta. Este falso documental es el sueño cumplido de un fan de internet, el drama de que la ficción alrededor de un personaje admirado y construido desde lejos invada la realidad (que en realidad invade a la ficción porque, de nuevo, no es un documental).

 

Gerontophilia // Gerontofilia, Bruce La Bruce, Canadá, 2013

Si la categoría de “películas de serie B/videoarte queer” existiera, Bruce LaBruce sería el rey. En esta ocasión, LaBruce se aleja de la experimentación (la cual se puede admirar en la extraordinaria y reciente Pierrot Lunaire), y opta por una historia lineal, más convencional y dentro del género de la comedia romántica. Por supuesto, viniendo de LaBruce, no podemos esperar demasiada convención y probablemente sea buena idea no asumir que, por ser tan diferente a sus trabajos anteriores, no habrá un par de escenas que nos hagan cerrar los ojos o, por lo menos, sonrojarnos un poco.

 

 

Hoje eu quero voltar sozhino // The way he looks, Daniel Ribeiro, Brasil, 2013 (También compite por Largometraje Iberoamericano de Ficción).

Basada en el cortometraje del mismo director “Eu Não Quero Voltar Sozinho”, esta película brasileña ha arrasado en los festivales internacionales. Este año Daniel Ribeiro y su equipo han recibido una serie de galardones importantes incluyendo el premio Teddy de la Berlinale.

 

Pelo Malo, Mariana Rondón, Venezuela, 2013 (También compite por Largometraje Iberoamericano de Ficción).

Un niño tiene un deseo muy simple: alaciar su cabello. Esto genera un constante conflicto con su madre, quien en medio de una crisis laboral, reacciona con cierta homofobia al comportamiento de su hijo de ocho años. La cinta no se reduce al descubrimiento de la sexualidad de un personaje ni a la confrontación familiar resultante, sino que pone el contexto, la pobreza e inestabilidad de Venezuela, en en centro de una serie de “ideologías fallidas”, como dice Jay Weissberg en su crítica para Variety.

 

 

Plynace wiezowce // Floating Skyscrapers, Tomasz Wasilewski, Polonia, 2013

La segunda cinta de Tomasz Wasilewski ha sido llamada “la primera película gay de Polonia”. En una entrevista para So So Gay, Wasilewski explicó la carencia de protagonistas homosexuales (siempre están en el fondo) y, sobre todo, la necesidad de construir un retrato humano y no caricaturizado de un personaje cuya sexualidad genera cambios y desata conflictos pero no es el único rasgo definitorio.

“Por un lado, la gente dice que necesitamos personajes así en el cine polaco. Por el otro, la película e incluso el cartel promocional detonaron mucha controversia. De pronto una ola de odio dirigido a las minorías sexuales inundó el Internet. Al parecer la cinta revivió la discusión. Estamos contentos de haber hecho una buena película sobre personas reales. Es lo más importante”.

– Tomasz Wasilewski

 

 

Sarah préfère la course, Chloé Robichaud, Francia (Quebec), 2013

Esta es la historia de un personaje cuya indiferencia ante la vida es casi patológica. Sarah es una joven de 20 años con un sólo interés: correr. Sarah puede decir que sí a casi cualquier cosa u oportunidad que le permita seguir corriendo. Es por esto que acepta mudarse a Montreal y casarse con un compañero para ser acreedora de las ventajas del matrimonio por conveniencia. En realidad, Sarah corre para alejarse de sí misma y para evitar todas las emociones que generan desconcierto en el espectador precisamente porque no están presentes, o por lo menos no de manera visible.

La directora, Chloé Robichaud, es una de las pocas mujeres que compiten por este premio este año.

 

Snails in the Rain, Yariv Mozer, Israel, 2013

El cine israelí de los últimos años incluye muchas cintas de temática LGBT (en esta lista hay dos, por ejemplo). Por lo general están ligadas al conflicto armado, el ejército o la guerra en general. Snails in the Rain se suma a estas cintas de manera muy distinta, pues se trata de un rompecabezas cuyas piezas surgen de los recuerdos de Boaz, un exmilitar que vive con su novia. El orden natural de las cosas cambia cuando recibe cartas anónimas que, evidentemente, fueron escritas por un hombre. Esto hace que Boaz reviva su tiempo en el ejército y se enfrente con sentimientos reprimidos y secretos.

Para ponerlo con un poco de humor, “Boaz (Yoav Eruveni) es un hombre muy atractivo, se nota con sólo un vistazo. Pero si por alguna razón los espectadores no están tan seguros, la escena inicial de Snails in the Rain es básicamente un montaje de todo ser vivo (mujeres, hombres y caracoles) mirándolo como si quisieran devorarlo” (reseña en So So Gay).

 

 

TEST, Chris Mason Johnson, EUA, 2013

Esta película está ubicada en San Francisco en 1985, es decir, durante los primeros años del VIH/SIDA. Se trata de un momento incertidumbre de paralizante (¿qué significa ser VIH positivo?) en el que la mejor alternativa es el alivio de elegir no saber. Test retrata un momento en que decidir enfrentar la enfermedad implicaba terminar en un aislamiento absoluto y con una sentencia de muerte. Es triste pensar que una película así tenga tanta relevancia hoy en día cuando se ha llegado a un entendimiento mucho más profundo de esta condición, lo cual anularía muchas de las supuestas razones que durante muchos años sustentaron la discriminación.

 

 

Tom à la ferme // Tom at the Farm, Xavier Dolan, Canadá 2013

Tom à la ferme es el cuarto largometraje dirigido por esta joven promesa del cine, Xavier Dolan, quien a sus 24 años se ha desempeñado como productor, actor, escritor y director. Después de su debut con I Killed my Mother (2009) y su éxito en festivales con la ambiciosa Laurence Anyways (2012), ambas relativas a temas de identidad sexual, Dolan presenta la historia de Tom, un joven que decide ir al funeral de su amante en la casa de sus padres. La familia de Guillaume no sabe de su relación con Tom y optan por creer la historia un tanto inverosímil con la que el joven explica su presencia en el funeral. Sin embargo, Francis, hermano mayor de Guillaume sabe la verdad y la utiliza para amenazar a Tom y abusar de él física y mentalmente.

“Aunque la cinta está basada en la obra teatral de Michel-Marc Bouchard (quien comparte el crédito de guión con Dolan), hay muchos guiños a la literatura de Patricia Highsmith, pues se trata de una historia de identidades asumidas pero elásticas y rivalidad masculina con carga erótica. No parece ser accidental que el protagonista difícil de conocer comparta el nombre del engañoso antihéroe de Highsmith: Tom Ripley”.

– Guy Lodge, Variety

 

Viharsarok //Land of Storms, Ádám Császi, EUA, 2014

Szabolcs (András Sütö) y Bernard (Sebastian Urzendowsky) son mejores amigos que viven juntos y juegan en el mismo equipo de futbol alemán. Después de perder un partido, Szabolcs (apodado Szabi de cariño) decide ir a su casa en Hungría donde conoce a otro joven, Áron. Juntos comienzan una relación peligrosa por el contexto de homofobia en el que viven, demasiado expuestos al infierno chico del mundo rural y a las presiones sociales y de familia que los rodean. Las cosas se complican aún más cuando Bernard aparece buscando retomar su relación con Szabi.

“Land of storms no titubea al retratar la homofobia, ya sea en las frases escupidas durante el entrenamiento deportivo o a través de las brutales golpizas en el espacio rural. Szabi se convierte en un héroe por sobrevivir las pedradas del odio más indignante, no de manera directa dentro de la trama, sino por el subtexto.Por otro lado, la intensidad introspectiva de Sutö amplifica el conflicto de un hombre que apenas ha comenzado a creer que puede controlar su propio destino, y no vivir como otros quieren”.

– Jay Wisseberg, Variety

Fuentes:

http://sosogay.co.uk/2013/interview-tomasz-wasilewski-polands-first-lgbt-film/

http://sosogay.co.uk/2013/uk-jewish-film-festival-review-snails-rain/

http://variety.com/2013/film/reviews/cannes-film-review-sarah-prefers-to-run-1200488112/

http://variety.com/2013/film/reviews/tom-at-the-farm-review-venice-toronto-1200596353/

http://variety.com/2014/film/reviews/berlin-film-review-land-of-storms-1201112827/

Les liaisons dangereuses: género, interés y política en la era de la modernidad

La agenda de género es, al igual que prácticamente todo lo que nos rodea, un tema político. A pesar de que en primera instancia la política podría aparecer como algo lejano, incomprensible y etéreo, sin incidencia directa en la vida cotidiana del ciudadano ordinario, la realidad es que ésta influye en prácticamente todas las áreas de desarrollo individual y colectivo de las personas. Sólo por mencionar un ejemplo, a pesar de que en muchas ocasiones los Estados tienen que tomar medidas o decisiones para regular realidades sociales preexistentes (el caso paradigmático en la actualidad serían los matrimonios entre personas del mismo sexo en grandes urbes occidentales), también es innegable que, en muchas ocasiones, las decisiones que se toman “desde arriba” (la homofobia de Estado, por ejemplo) permean profundamente el tejido social y afectan el quehacer cotidiano de las personas y las relaciones interpersonales, grupales y sociales. Por lo tanto, diariamente, decisiones que se toman “desde arriba” y dinámicas que van creando y consolidando “desde abajo” se influyen y afectan de manera mutua. Esto, evidentemente, comprueba que la división tajante que se ha hecho históricamente de las esferas “públicas” y “privadas” es un mito cada vez más insostenible en un mundo que se caracteriza por ser profundamente complejo e interconectado. En este escenario, el tema de la identidad y el género, por supuesto, no son la excepción y, al igual que el resto de las interacciones sociales, afectan y son afectados todos los días por las decisiones y acciones que se toman en el ámbito político.

La premisa de esta columna está basada en todo lo anterior. En las primeras entregas se hará un análisis general de ciertos conceptos y momentos históricos básicos para comprender el curso y la importancia que han tomado los temas de identidad y género en la actualidad. Los subtemas a analizar en este primer segmento serán cuatro: aparición de los movimientos feministas, la homofobia de Estado, el surgimiento y naturaleza de las primeras ONG internacionales abocadas al tema y organizaciones internacionales (especialmente dentro de Naciones Unidas) que promueven la agenda de género en el escenario global. En cada una se hará un especial hincapié en describir el contexto histórico de su aparición y los intereses que hubo detrás de su germinación y posterior consolidación.

Después de estos antecedentes generales, se procederá al análisis de fenómenos y acontecimientos más específicos que están ocurriendo hoy en día prácticamente en todos los rincones del planeta. Nos centraremos fundamentalmente en acciones que estén tomando Estados u organismos internacionales en torno a temas de género e identidad. En virtud de que cada fenómeno y escenario tiene sus propias particularidades, en cada uno de estos casos se dará un breve preámbulo histórico para tratar de comprender mejor cuáles fueron las causas que promovieron la evolución particular de los acontecimientos o cuál fue la racionalidad, si es que la hubo, al adoptar cada una estas decisiones.  El posterior análisis tratará de identificar los actores involucrados en cada caso, su relación con el fenómeno estudiado y sus posibles repercusiones no sólo a nivel personal y social, sino en el escenario local, regional e internacional.

El concepto central de esta columna será el de INTERÉS. Nuestro objetivo no será analizar, ni tratar de entender los prejuicios personales o las concepciones psicológicas o sociológicas detrás de la identidad de género particular o colectiva. Tampoco será dar una opinión personal sobre lo que deberían o no ser las relaciones de género en un mundo ideal o más equitativo. Nuestra minúscula aportación será tratar de entender lo que ocurre en este mundo, los intereses personales, de grupo y nacionales que existen detrás de ciertas políticas o posturas que se adoptan “desde arriba” en determinadas coyunturas, las cuales provocan o tienen la intención de provocar, de forma directa o indirecta, tanto el cambio como la parálisis, en los temas de género e identidad. En este sentido, la moralidad quedará fuera del análisis y la ideología, per se, no será un elemento de estudio, sino simplemente una herramienta más que utilizan los actores involucrados para alcanzar sus respectivos objetivos en contextos específicos.

En esta columna nos estaremos preguntando recurrentemente ¿a qué grupos beneficia o perjudica la adopción o promoción de tal o cual política o postura vinculada a los temas de género e identidad? ¿Qué interés políticos afecta? ¿Qué intereses económicos afecta? ¿Qué papel juega la ideología en este escenario? ¿Quiénes promueven cada una de las posturas? ¿Son personas? ¿Grupos? ¿Organizaciones? ¿Estados? ¿Qué intereses hay detrás de éstos? ¿Por qué el tema aparece o desaparece en coyunturas particulares? ¿Hay relación entre estos temas y lo que está pasando en otros ámbitos? ¿En otro países? ¿En otras regiones?  En cada uno de los casos estudiados, los temas de género e identidad ¿son un fin en sí? ¿O un medio para cumplir con  otras agendas?

Las interrogantes, como vemos, son muchas y difícilmente podrán ser contestadas en una columna mensual de unas cuantas cuartillas, sin embargo, el objetivo será, al menos, colocar la semilla de la duda y promover el debate en un tema que está lejos de ser resuelto y que tiene la loable, aunque muy difícil tarea, de modificar ciertas dinámicas que, hasta el día de hoy, impiden la existencia de un mundo plenamente equitativo para todos los seres humanos.

 

Jaime Vigna Gómez