Reseña Maguey: Floating Skyscrapers

A través de la puerta cerrada del baño de un gimnasio se escucha el distintivo gemir del placer sexual. La puerta permanece cerrada y lo que sea que esté pasando en el interior, secreto.

La segunda película del director polacoTomasz Wasilewski narra la historia de Kuba (Mateusz Banasiuk), un hombre cuya vida interior se desarrolla bajo el agua y tras puertas cerradas a pesar de llevar una rutina en la que la privacidad es prácticamente imposible. Este nadador profesional comparte un pequeño departamento con su novia, Sylwia (Marta Nieradkiewicz, extraordinaria) y con Ewa (Katarzyna Herman), personaje difícil de ubicar al inicio de la película por su edad y por la relación tan franca que lleva con el protagonista (¿amiga? ¿hermana? madre). La rivalidad entre las dos mujeres en la vida de Kuba lo incomoda sorprendentemente poco, y la extraña cercanía erótica que tiene con su madre (a quien le lava la espalda en la tina y besa en la boca) resulta natural dentro de un mundo lleno de represión contradictoria.

La vida secreta de Kuba incluye admirar en silencio los cuerpos esculturales de los atletas que entrenan a su alrededor, así como algunos encuentros casuales en los baños de la alberca. No es hasta la aparición de Michal (Bartosz Gelner), un amigo en común del círculo de Sylwia, que Kuba considera romper su rutina y buscar algo más que sexo con otro hombre.

El planteamiento del conflicto y contexto de Kuba incluye el punto de vista de Sylwia, quien con frecuencia termina sola en la cama cuando los intentos de intimidad sexual con su novio se ven interrumpidos por algún factor externo. La gradual destrucción de esta pareja es desconcertante por la aparente normalidad que los rodea; son honestos, abiertos e incluso permisivamente invasivos, y sus interacciones amorosas se sienten genuinas en casi todo momento. Tanto la actuación como el personaje de Sylwia en más de una ocasión roban el interés durante el desarrollo de la trama principal.

Wasilewski cierra este triángulo introduciendo la perspectiva de Michal, quien se encuentra en el punto sin retorno de hablar abiertamente sobre su sexualidad con su familia y enfrentar la homofobia de su padre. Esta subtrama permite un vistazo a la estructura familiar tradicional polaca y los distintos grados de homofobia que oscilan entre “es una fase” y golpizas tremendas con fines didácticos.

El gran acierto de Floating Skyscrapers, plantear las varias capas de un personaje más allá de su homosexualidad, es también una de sus debilidades. La fragmentación de perspectivas para contar trama y subtrama, aunque efectiva, es en general desequilibrada. Kuba es un personaje complejo construido a partir de pequeñas acciones (como vaciar dos flautas de champaña en una sola para beberla de un trago, perseguir y golpear a un extraño que se refiere a él como “puto”, y declarar su amor con una erección). Sin embargo, el otro personaje que podría considerarse mucho más secundario si no fuera por los breves pero importantes giros de punto de vista, no queda del todo claro fuera del marco temporal de la cinta.

Floating Skyscrapers

Esto último es una muestra del tipo de personajes que el director mismo declaró querer replantear en una entrevista con So So Gay. En ella el director expresó su interés por retratar personajes humanos y no definidos únicamente por su sexualidad o el conflicto que la misma genera en ellos:

Floating Skyscrapers retrata a Kuba como un ser humano. Sí, es homosexual, pero no es lo más importante. Kuba es hijo y nadador, tiene sueños y una novia. Su homosexualidad no es lo más importante, aunque es lo que lo empuja a tomar ciertas decisiones y por momentos determina su vida”.

– Tomasz Wasilewski, entrevista para So So Gay

En esta entrevista Wasilewski sólo menciona a Kuba, sin embargo la cinta no sólo se concentra en él. Si aplicáramos la prueba de Bechdel (la cual sirve para determinar si una película contiene personajes femeninos bien construidos o no con tres preguntas: ¿Hay mujeres con nombre? ¿Hablan entre ellas? ¿Hablan de algo que no sea otro hombre?), Michal no pasaría, pues Kuba es su principal tema de conversación, motor y fuente de conflicto. En realidad no sabemos si tiene sueños y conocemos a su familia pero sólo de manera superficial y en el contexto de su homosexualidad.

Curiosamente y a pesar de su presencia tangencial en el triángulo, la madre es el personaje mejor construido . Es ella, con sus complejos y rivalidades, quien determina el desarrollo de la historia. Al igual que Kuba, Ewa está en los pequeños detalles: en su intento de aprender japonés para un viaje que nunca hará, su pasado amoroso cuando eligió a otro hombre sobre su propio hijo, y los celos y odio que siente hacia Sylwia.

Esta película cuenta una historia sólida a través de momentos de genialidad narrativa que vale la pena destacar. Wasilewski construye escenas de conflicto extremadamente poderosas por estar ubicadas en momentos de contraste casi cómico. El punto más álgido del cambio en Kuba sucede durante la competencia de natación más importante de su carrera. Después de cometer el más poético de los autosabotajes –flotar sin propósito a la mitad de la alberca cuando estaba a punto de coronarse campeón–, Kuba escucha los regaños de su entrenador durante una práctica del equipo de nado sincronizado. La toma panorámica y la música animada generan la sensación de lejanía con la que Kuba escucha las palabras de su entrenador frustrado.

Wasilewski utiliza un recurso similar cuando Michal finalmente declara ser gay durante una cena familiar. El enunciado pasa prácticamente inadvertido entre la conversación casual de su familia, lo cual resulta muy anticlimático para este personaje considerando la importancia de expresar su identidad sexual en voz alta por primera vez. Los oídos sordos de esta familia son uno de los muchos síntomas de la homofobia latente en la sociedad polaca, donde incluso la madre más cercana rechaza a su hijo y prefiere a la mujer que odia sobre un hombre por ser hombre. En este sentido, Floating Skyscrapers cumple con el retrato social que promete, pero lo hace desde una mirada casi derrotista o de condena.

Hipatia Argüero Mendoza

Fuente:

http://sosogay.co.uk/2013/interview-tomasz-wasilewski-polands-first-lgbt-film/

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