Día Internacional del Libro: Casa desolada, Charles Dickens

Hace poco caí, casi por error, en las redes de Charles Dickens. Ante mí estaba Casa desolada, una novela gorda y poco conocida. En realidad no sé por qué la elegí, pues desde el principio creí que la iba a odiar. Como dice Margaret Atwood, encontrar un buen libro es una cuestión de azar, pues depende de que éste sea el libro adecuado y de que nosotros estemos en el momento adecuado para leerlo. Quizá mi problema en la universidad al leer Grandes esperanzas fue que mi vida no se había acomodado, o que la novela no es el mejor de mis Dickens posibles. Pero algo cambió con Casa desolada: me enfrenté con el maravilloso mundo de la gente que espera a que se resuelvan casos, con personajes tan bien trazados que una característica (su aversión a que la gente les dé las gracias) los describe a la perfección.

La novela está narrada en dos partes que se intercalan: en una Esther Summerson, la protagonista huérfana, nos cuenta su vida, y en la otra un narrador omnisciente revela la verdad sobre los padres de Esther.

Estamos acostumbrados a que las mujeres sean guapas. Una mujer, además de ser cualquier otra cosa, tiene que tener una cara bonita, cuerpo de modelo,  e ir bien vestida. Es una de las horribles falacias con las que una sociedad obsesionada con el peso de alguna famosa nos obliga a vivir. Esther Summerson empieza siendo muy bonita, pero a la mitad de la novela le da una enfermedad típicamente victoriana y de repente se vuelve “fea”. No explica si quedó marcada por alguna cicatriz o si se le enflaqueció la cara, pero ahora resulta que es fea. Me pasé toda la novela angustiadísima, esperando que con el mismo súbito que llegó la fealdad se fuera. Pero no lo hizo. Al final no importa, porque Esther es tan buena que el hombre del que está enamorada la quiere igual, y aunque quizá Dickens no hace un comentario sobre las mujeres tratadas como objeto, por lo menos fue muy interesante darme cuenta que yo también, sin querer, caigo en la falacia de que lo único que importa en una mujer es que sea bonita. Pero quizá lo más importante que aprendí de todo el proceso es que Dickens es un escritor extraordinario, pero sobre todo que hay que darle segundas oportunidades a las cosas, a ver si algo cambió.

Ana Laura Magis Weinberg

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