“Después de Tiller”, documental de Martha Shane y Lana Wilson

Mientras comíamos, mi amiga me preguntó, “¿de qué trata el documental?”. Ya le había mencionado que era sobre el aborto, pero nada más. “Es sobre los únicos cuatro médicos que practican abortos en el tercer trimestre de embarazo en Estados Unidos”, le respondí. Su mirada se oscureció y me dijo “pero eso no está bien”. Traté de aligerar la plática argumentando que no sabía si el documental era a favor o en contra de dicha práctica y cambié de tema lo más rápido que pude. No obstante, para cuando terminamos de comer, mi amiga ya había pedido disculpas porque tenía un evento familiar que había olvidado y no podría acompañarme a la función. Era la segunda persona que se retractaba de mi invitación a ver este documental (ya antes un amigo había dicho que no en cuanto mencioné la palabra “aborto”).

El documental del que hablo es Después de Tiller (After Tiller, 2013). En él se retratan, como ya dije, las vidas de los únicos cuatro médicos que practican abortos en el tercer trimestre de embarazo después del asesinato del doctor George Tiller en 2009. La película se enfoca tanto en los casos particulares de las mujeres que buscan realizarse un aborto en la última etapa de la gestación del bebé como en el trabajo que los médicos realizan dentro y fuera de sus clínicas, los problemas que enfrentan con  grupos anti-abortistas, los conflictos personales que tienen al realizar esta actividad y cómo su profesión repercute en sus vidas y en la de sus familias.

Lo primero que el documental hace es dejar en claro las razones para que se practiquen estos abortos. Contrario a lo que se pensaría, y a la idea que tratan de promover los grupos anti-abortistas, casi todas estas mujeres (que, cabe mencionarse, van acompañadas de sus parejas) tienen que recurrir al aborto no porque no quieran a sus bebés, sino porque los quieren. En la mayoría de los casos que documenta la película, los bebés han sido diagnosticados con enfermedades que impedirán que tengan una buena calidad de vida (uno de los bebés nacerá sin la mitad del cerebro, otro tiene una malformación que provocará, en caso de que nazca vivo, que viva a lo mucho un par de años y con dolor físico extremo). Sólo se menciona un caso de violación y uno de una adolescente que se embaraza en su primer encuentro sexual. En ambas situaciones, se hace énfasis en el estado de negación y/o de shock que impidieron a estas mujeres tomar una decisión “a tiempo”. Así, al tratar a profundidad el dolor que estas mujeres sienten, sea cual sea la razón por la que se acercan a estos médicos, se humaniza a las pacientes y a quienes las atienden (pues ellos están concientes de ese dolor y tratan, en lo posible, de ayudarlas en su proceso de duelo).

El documental hace énfasis en cómo los médicos crean vínculos emocionales con sus pacientes y las consecuencias que eso tiene en ellos (una de las doctoras señala que le cuesta mucho trabajo realizar los abortos porque ve a los productos como bebés, no como fetos). También se muestran los elementos que los médicos toman en consideración para atender o no a una paciente, pues existe un filtro que tienen para realizar abortos sólo a casos extremos, y cómo justifican su práctica.

La constante lucha que viven estos médicos con los grupos anti-abortistas también es un tema al que se le da mucha importancia (no en vano el origen del documental es el asesinato del doctor Tiller a manos de un activista anti-aborto cuando estaba en misa un domingo en la mañana). Si bien es innegable que la película tiene una visión a favor de la labor de estos médicos, se le da tiempo a los grupos en contra para que expongan sus razones (aunque éstas sean desinformadas y basadas en dogmas religiosos). Se muestran las manifestaciones que diariamente hacen afuera de las clínicas y que consisten en oraciones y gritos sobre almas que arderán eternamente en el infierno, pero también las amenazas de muerte que doctores, sus parejas e hijos reciben por teléfono, y las estrategias políticas que utilizan para influir en el gobierno para prohibir el aborto en esta etapa por considerarlo asesinato.

El gran acierto del documental es la sensibilidad con que aborda un aspecto particularmente delicado en un tema muy controversial en sí mismo, pero sin dejar de ser claro y directo. El hecho de que se trate de mostrar el lado positivo de la labor que estos médicos realizan no lo vuelve monológico ni busca cambiar la opinión que cada persona tiene sobre ellos. Sólo busca dar voz a quienes son vistos por gran parte de la sociedad como seres que realizan actos reprobables y romper con los prejuicios que se tienen de ellos y de sus pacientes. Busca mostrar el lado humano de un acto difícil de racionalizar y mostrar por qué las mujeres deben tener derecho a decidir sobre su cuerpo sin temer los señalamientos del resto de la sociedad. Sin duda el tema asusta, como ocurrió con mis amigos, pero precisamente por eso Después de Tiller es importante; porque reaviva la discusión que se tiene sobre los derechos reproductivos de las mujeres sin perder de vista su lado humano y emocional.

Antonio Puente

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