Punto para Chile

Chile-matrimonioigualitario

Por Ana Mata || @tatatactictac

Hace exactamente cinco días, Chile se sumó a la lista (nada larga) de países donde el matrimonio* igualitario es posible, ¿escucharon algo? A mí -personalmente- me hace ruido descubrir el tamaño de la comunidad internacional que celebró el matrimonio igualitario en Estados Unidos, por ejemplo, mientras que el de Chile pasó desapercibido. Supongo que no es tan raro, en realidad; con algunas cuestiones se alcanzan a ver los hilos que se tienden a nivel geopolítico más que con otras.

En Chile, se habla de un proceso de más de diez años en que se debatió el proyecto de ley para llegar al acuerdo de reconocer la unión civil de parejas de todo tipo. No está de más decir que esta es una excelente noticia, no sólo por el hecho de que con ello se amplía el reconocimiento de la diversidad sexual, sino porque la sociedad chilena ha batallado mucho con su conservadurismo.

Para un país que reconoció el divorcio hace escasos once años, que despenalizó la sodomía hace quince años y en donde, todavía, el aborto no es legal bajo ninguna circunstancia, el poder institucionalizar el llamado Acuerdo de Unión Civil es un gran logro.

Acá va la lista de países -a la que se suma Chile- donde la unión civil igualitaria es posible (la conseguí en PijamaSurf):

1. Argentina — 2010
2. Bélgica — 2003
3. Brasil— 2013
4. Canadá — 2005
5. Dinamarca — 2012
6. Inglaterra (UK) — 2013
7. Finlandia — 2015
8. Francia — 2013
9. Guayana francesa — 2013
10. Groenlandia— 2015
11. Islandia — 2010
12. Irlanda— 2015
13. Luxemburgo — 2014
14. México — 2009
15. Holanda — 2000
16. Nueva Zelanda — 2013
17. Noruega — 2009
18. Portugal — 2010
19. Escocia (UK) — 2014
20. Sudáfrica — 2006
21.España — 2005
22. Suecia — 2009
23. Estados Unidos — 2015
24. Uruguay — 2013
25. Gales (UK) — 2013

Si no creen que la lista es tan cortita, fíjense cómo se ve en el mapa:

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*Nota: después de escribir esto, alguien me corrigió (¡gracias!) el que yo haya llamado “matrimonio” igualitario al chileno cuando en realidad el matrimonio -estrictamente hablando- sólo es posible para parejas heterosexuales. Por ello, la expresión correcta no es matrimonio igualitario, sino unión civil igualitaria.

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Ana Mata es psicóloga, cineasta, gestora cultural y maestra en Derechos Humanos

Las imágenes son del Internet*

Esto no se trata de lo que a mí me gusta

Sergei-Illnitsky

Por Ana Mata || @tatatactictac

He estado siguiendo la controversia de Derechos Humanos que hay en el Reino Unido con cierta incredulidad. Primero leí que el gobierno británico tenía la intención de abandonar el Convenio Europeo de Derechos Humanos y me pareció una locura. Después, en un artículo de opinión en el Telegraph, escrito por un coronel del ejército británico, se dijo que eliminar los Derechos Humanos del campo de batalla era un triunfo sobre “los terroristas y los buitres legales”.

La idea que plasma el autor sobre los Derechos Humanos da a entender que se piensa que ellos pueden ser eliminados cuando un grupo de abogados “sin escrúpulos” los usa para defender personas con las que uno no está de acuerdo. ¡Qué conveniente! Como si se pudiera decidir quién es digno de merecer tener derechos de este tipo y quién no, el coronel en cuestión desarrolla su planteamiento hablando de la segunda guerra mundial. Habla de los Derechos Humanos como un medio para evitar repetir la barbarie y proteger a los vulnerables, y en eso no se equivoca.

Sin embargo, lo que el coronel no se da cuenta es que él está interpretando la creación del Convenio Europeo –y en general de los mecanismos de protección internacional de los DDHH- para respaldar su propia visión del mundo. ¡Suena fácil pero no es así! Hablar de Derechos Humanos es complicado. Tan complicado como ponernos de acuerdo acerca de la correcta definición de conceptos como “dignidad”, “libertad”, “igualdad”. Los DDHH son un reto que se asumió después de un periodo histórico muy oscuro; una disposición para ponerse en los zapatos de aquellas personas culturalmente ajenas a nosotrxs mismxs.

Yo les cuento que -desafortunadamente- no es la primera vez que me sorprende que se aborde el tema de los DDHH desde una ignorancia alarmante. Recuerdo muy bien una serie de artículos de opinión en donde algunas personas se quejaban, por ejemplo, de que los presos estuvieran reclamando su derecho a la educación. […] Es en serio. Como sosteniendo una sola idea: la cagaste, ahora te chingas.

Para mí, hay que entender una cosa de entrada: hasta el peor de los seres humanos tiene derechos. No por ser malo, ni por ser terrorista, ni por ser el enemigo, no por haber cometido un crimen, ni por haberse equivocado terriblemente, ni por perder el derecho a la libre locomoción -¡ni por nada de nada!- se pierden el resto de los derechos. Esto se sostiene por el principio acordado de que los Derechos Humanos son inherentes a las personas por el hecho de ser personas.

En fin. Subrayo el hecho de que utilicé la palabra acordado aquí arriba para hablar de otro tema. Se cree que lo importante de la ley reside en la ley misma. La ley –los derechos-, en definitiva, no son más que palabras. Además, en muchos casos, son palabras escritas hace años. La verdadera importancia de la ley es la convención social que existe en respetarla y hacerla cumplir. La importancia está en que esas palabras son interpretadas por nosotrxs que las leemos y les damos un sentido hoy en día.

En definitiva, mi sentir es que hay que seguirles inyectando vigencia a los tratados internacionales de DDHH. Lo que me preocupa con el tema de los ingleses es el razonamiento de que a ciertas personas tendría que poder matárselas con tranquilidad. Abandonar el Convenio Europeo creo que tiene ese trasfondo: el de que algunas vidas valen más que otras, y que mis ideas son la vara con la cual se mide el resto.

Más al respecto de este tema: aquí, aquí, aquí y aquí.

 

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Ana Mata es psicóloga, cineasta, gestora cultural y maestra en Derechos Humanos.

*La foto es de Sergei Illnitsky