Ya no hay donde desnudarse tranquilxs

Por Ana Mata // @tatatactictac

30_julie-hascoet_mexique_23

Me fascina el vestidor del gimnasio. El lugar es húmedo y caluroso, con techos bajos, puertas de vidrio y casilleros viejos. Da la impresión del esplendor opaco de otra época. Como un contenedor por donde han pasado diferentes mujeres en diferentes tiempos; lo que cambia es lo de adentro.

La mística de los vestidores para mí residió en la posibilidad de estar desnuda. De chica, los vestidores de los clubes deportivos fueron el primer lugar donde pude ver cuerpos femeninos como se ven más a menudo. Antes sólo había visto el cuerpo de mi madre y el de las modelos que posaba en las revistas que mirábamos con mis primas. En cambio en los vestidores he visto cuerpos de lo más variados acicalándose frente a los espejos.

A mí me animaban a que me desnudara sin pudor. No pasa nada –recuerdo cada palabra- aquí sólo hay mujeres. Mujeres como a mí me habían enseñado que eran las mujeres: cuerpos con pechos y triángulos oscuros de pelo púbico. No pasa nada, era lo mismo que decir: aquí no hay hombres. Pero lo que en realidad se estaba dejando de plantear es que también podían haber mujeres que miraran a otras mujeres como miran los hombre. Mujeres que gustaran de las mujeres.

Si soy sincera los vestidores nunca me parecieron lugares particularmente “seguros” para desnudarse porque no habían hombres. Nunca me costó más trabajo desnudarme frente a un hombre que desnudarme frente a una mujer.

Sin embargo, hay mujeres que hoy se sienten incómodas ante la posibilidad de estas “nuevas” -no son nuevas- mujeres que se filtran a los vestidores y miran como miran los hombres. Lo sé porque lo dicen. Lo noto mientras camino por el pasillo de las regaderas y veo como algunas ajustan la cortina con urgencia para no ser vistas. Leo en sus caras lo que piensan: ya no hay dónde desnudarse tranquilas.

Y esto simplemente me fascina no sólo porque se están teniendo que desarmar prejuicios sobre la orientación sexual, si no que también me gusta pensar que nadie está a salvo de la mirada -y el encuentro- con otrx. Todxs estamos expuestxs y esa exposición habla bien de nosotrxs, habla de una apertura a la diversidad humana con la que continuamos teniendo que aprender a interactuar.

Descuiden, la tranquilidad que se perdió en los vestidores vendrá por otro lado, quizás surgirá de la libertad de poder estar en paz ante las miradas, sin miedo al prejuicio, al odio, a la violencia. Mientras tanto, nos queda defender el poder ser y vivir toda la potencia que nos da el ver y el ser vistxs.

_____

Ana Mata es psicóloga, cineasta y maestra en Derechos Humanos.

*La fotografía es de Julie Hascoët

 

 

 

 

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s