Tenemos que hablar de las drogas

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El sábado pasado en la Ciudad de Buenos Aires murieron cinco jóvenes después de haber consumido lo que los medios reportan como éxtasis. La noticia sacudió a la Argentina y polarizó la de por si precaria discusión que se tiene acerca de las drogas. Para muchxs, el tema se trata de un problema moral cuando para otrxs se trata de un tema de salud.

Lxs primerxs, suelen considerar que el consumo de sustancias ilegales es “malo” y se enfoca en la criminalización de lxs consumidorxs. Lxs segundxs, considera que las drogas forman parte de una cultura del consumo y que su abuso nos habla más de un problema de salud mental, que de otra cosa. Ambos sectores tienen representantes que desde hace tiempo pugnan por incluir sus proyectos en las agendas nacionales e internacionales.

Es un hecho que hoy en día se conoce muy poco acerca de las drogas llamadas ilegales, que -por cierto- son distinguidas de las drogas legales por motivos poco aparentes y hasta arbitrarios. Esas drogas no son motivo de curiosidad científica… o no pueden serlo. La historia del psiquiatra británico David Nutt habla por sí misma. Nutt, pertenecía al Advisory Council on the Misuse of Drugs -algo así como el Consejo sobre el Mal Uso de las Drogas-, hasta que comenzó a hacer una clasificación alternativa sobre la peligrosidad de ciertas drogas ilegales, sus hallazgos fueron “en contra de los  ejes de las políticas públicas británicas” y fue destituido de su cargo.

Esta historia, y tantas otras, revela una desafortunada realidad: estamos asistiendo a una época en la que todavía la mayoría de la gente -al menos de la gente que toma las decisiones políticas más gruesas- todavía piensa que las drogas son malas en sí. Tan malas, que la mejor solución es que permanezcan prohibidas. Para este sector, la despenalización es una medida que serviría para incentivar el consumo y no una medida para, como argumenta el sector contrario; eliminar el narcotráfico, regular la calidad de las drogas que se consumen e investigar los usos terapéuticos de las mismas.

Curiosamente, ayer la ONU llamó a una Asamblea General para discutir el tema de las drogas por la estrecha relación que sostienen con la violencia y las violaciones a los Derechos Humanos alrededor del mundo. Ninguna reunión del organismo se dedicaba específicamente a dicho tema desde hace casi veinte años. Se discutieron las distintas políticas nacionales e internacionales que se han llevado a cabo para “combatir” al narcotráfico.

Sin embargo, un reporte de The Guardian hace notar la verdaderamente increíble tendencia a seguir por el camino de la criminalización al consumo. Dice que la ONU -en su acuerdo adoptado después del día uno de tres que dura la asamblea- apoya las medidas prohibicionistas de las drogas, al mismo tiempo que pide soluciones más humanistas al respecto. Esto puede parecer contradictorio, y lo es desde cierta perspectiva, sin embargo, no se puede dejar de contemplar que los marcos legales y las decisiones de modificarlos responden a personas inmersas en distintas culturas. Culturas que muchas veces se ven marcadas por pensamientos religiosos que buscan poder distinguir la diferencia entre las conductas correctas e incorrectas sin preguntarse acerca de los contextos.

Discutiendo sobre las muertes del fin de semana pasado, surgió el tema del consumo responsable que muchos han criticado cuando se trata de drogas ilegales. Y es cierto que es difícil ejercer un consumo enteramente responsable cuando no se sabe si lo que hay en una pastilla que se vende como éxtasis es verdaderamente MDMA. Sin embargo, creo que existen diferentes formas de utilizar una sustancia, y apoyo enteramente que se deje de tratar el consumo como un tema de moral para ser un tema de salud. Esto permitiría que quienes deseen hacer uso de una sustancia lo hagan en las mejores condiciones posibles y con la mayor cantidad de información a disposición, que es lo mismo que ya hacemos con sustancias como el alcohol y el tabaco.

Hay dos cosas por decir para intentar cerrar. La primera es que las personas no dejan de utilizar drogas porque estén prohibidas, sino que lo siguen haciendo pero con más riesgos -sanitarios y penales, de entrada-. La segunda es que el gran éxito que tiene el negocio del narcotráfico se debe justamente a su condición de ilegalidad, a su falta de regulación y a su dudoso -si no es que nulo- control de calidad. Entonces, ¿por qué no se habla de la despenalización seriamente? Porque para mí, la terrible muerte de lxs cinco jóvenes en Buenos Aires, es una consecuencia relativa a esta ilegalidad.

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Ana Mata es psicóloga, cineasta y maestra en Derechos Humanos.

*La foto es Sarah Schönfeld, del proyecto All you can feel donde fotografió distintas drogas ilegales bajo la lupa de un microscopio. La de este post es Heroína.

**Más sobre la clasificación alternativa de David Nutt en la siguiente entrega. 🙂

 

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