Todxs tendríamos que ser feministas – fragmento de una reflexión de Chimamanda Adichie 2

Por Editorial // @micgenero

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SEGUNDA PARTE

El género importa en todo el mundo, pero quiero enfocarme en Nigeria y en África en general, porque es de lo que sé y es donde tengo puesto el corazón. Y me gustaría pedir hoy que empezáramos a soñar y planear un mundo distinto; un mundo más justo; un mundo de hombres y mujeres más felices y fieles a sí mismxs. Y aquí está como empezar: debemos educar diferente a nuestras hijas. También debemos educar diferente a nuestros hijos.

Le hacemos daño a los niños por cómo los educamos; sofocamos la humanidad de los niños. Definimos la masculinidad de una forma muy angosta. La masculinidad se convierte en una jaula dura y pequeña donde metemos a los niños. Les enseñamos a los niños a tener miedo del miedo.Les enseñamos a los niños a tener miedo de la debilidad, de la vulnerabilidad. Les enseñamos a enmascarar quiénes son realmente porque deben ser, como se dice en Nigeria- “hard man!” (hombre duro).

En la secundaria, un hombre y una mujer adolescentes, con la misma cantidad de dinero para salir a tomar algo, saldrían y será esperado siempre que el hombre sea quien pague por todo, para probar su masculinidad. Y sin embargo nos preguntamos porque los hombres son quienes tienen más probabilidades de robar dinero de sus padres. ¿Qué pasaría si hombres y mujeres fueran educados para no asociar la masculinidad con el dinero? ¿Qué pasaría si la actitud no fuera “el hombre tiene que pagar” y si “quien tiene más paga”? Claro que, con la histórica desventaja será normalmente el hombre quien tiene más dinero hoy para pagar, pero si empezamos a educar a lxs niñxs de manera diferente, entonces en cincuenta o en cien años los niños no tendrán la presión de probar su masculinidad.

Pero lo peor que le hacemos a los hombres al hacerles sentir que tienen que ser duros es que los dejamos con egos muy frágiles. Mientras más “hombre duro” siente que debe ser, más frágil se vuelve. Y después les hacemos daño a las niñas porque las educamos para que atiendan los frágiles egos masculinos. Les enseñamos a las niñas a encogerse, a achicarse; le decimos a las niñas “puedes ser ambiciosa, pero no mucho… puedes ser exitosa pero no demasiado porque de lo contrario serás amenazante para el hombre”.

Si tú eres la proveedora en una relación con un hombre debes pretender que no lo eres. Especialmente en público, si no, lo vas a castrar. Qué tal si cuestionamos la premisa en sí: ¿por qué el éxito de una mujer debe ser amenazante para un hombre? ¿Qué si decidimos deshacernos de esa palabra? No creo que haya una palabra en inglés que odie más que “emasculation” (castración).

Un conocido nigeriano una vez me preguntó si me preocupaba que los hombres se sintieran intimidados por mí. A mí no me preocupaba en absoluto. De hecho ni se me había ocurrido preocuparme porque un hombre que se siente intimidado por mí es exactamente el tipo de hombre por el que no tendría ningún interés. De cualquier forma la pregunta me sorprendió. Como mujer, se espera que aspire al matrimonio. Se espera que tome decisiones vitales siempre tomando en cuenta que el matrimonio es lo más importante. El matrimonio puede ser algo bueno: puede ser una fuente de alegría, amor y apoyo mutuo. Pero, ¿por qué les enseñamos a las niñas a aspirar al matrimonio y no le enseñamos lo mismo a los niños?

Conocí a una mujer que vendió su casa porque no quería intimidar a un hombre en caso de casarse después. Conozco a una mujer nigeriana que no está casada y que, cuando va a conferencias, se pone un anillo porque según ella, quiere que lxs demás participantes “la respeten”.

Conozco mujeres jóvenes que están bajo tanta presión familiar, social y hasta laboral por casarse que son empujadas a tomar decisiones terribles. A una mujer de cierta edad que no se ha casado, nuestra sociedad le enseña a verlo como un profundo fracaso personal. Mientras que de un hombre de cierta edad que no se ha casado, sólo se cree que simplemente no ha decidido con quién casarse.

Es fácil decir que las mujeres pueden decirle que no a todo esto. Pero la realidad es más difícil y compleja. Somos seres sociales. Internalizamos las ideas de nuestra socialización. Incluso el lenguaje que utilizamos cuando hablamos del matrimonio y las relaciones ilustra esto. El lenguaje del matrimonio es uno de propiedad, no de alianza. Usamos la palabra “respeto” para hablar de algo que la mujer le demuestra a un hombre, pero usualmente no algo que el hombre demuestra a una mujer.

Chimamanda Adichie es escritora.

*Este post es un fragmento traducido al castellano de la Ted Talk “We should all be feminist” de Chimamanda.

**La imagen de Chimamanda Adichie de este post es del internet

 

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