“Me parece que estás exagerando”

Por Anush Komchoyan

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“No, no estoy exagerando nada. Estoy muy segura de lo que estoy diciendo. Chau”: mis palabras textuales en el grupo de WhatsApp que comparto con mis hermanas y mi papá. Al poco tiempo íbamos a vernos cara a cara; era domingo, el día que aprovechamos para juntarnos en familia y actualizarnos de forma ingenua cada uno de sus cosas.

El problema y la discusión se desataron cuando mi papá manda una foto -supuestamente chistosa- que anduvo recorriendo las redes. La foto era aberrante y le pregunto de forma sarcástica cuál era la reacción que quería que tengamos frente a ella. Pregunto: ¿nos teníamos que reír? No sé, a mí me dieron ganas de llorar.

Justamente, el viernes de esa misma semana fue el día en que en distintos puntos de Argentina, multitudes salieron a las calles bajo el lema Ni Una Menos, movilización que repercutió a nivel comunitario gracias al rol de las redes sociales. Las redes, espacio totalmente público, abierto, en donde quien quiera, configura, arma, edita y comparte con tan sólo un click una foto, video o cualquier representación visual o auditivamente atractiva.

Hay que tener en cuenta que las redes sociales, al igual que los medios masivos de comunicación, tienen un poder tan fuerte de manipulación y construcción de realidades que todo lo que circule es potencialmente absorbido por sujetxs pasivxs sin ninguna mirada crítica. ¿Qué quiero decir? Todo nos parece tan normal, común, superfluo que se llega al punto de la falta de límites críticos sobre lo que vemos o escuchamos.

Esto es lo que sucedió con la foto que circuló, y que seguramente sigue haciéndolo, en la que se encuentran el jugador de la Selección Argentina de Fútbol, Marcos Rojo y su novia tirados plácidamente en una cama mediados por un plato de tostadas quemadas. La imagen, claramente retocada le sigue un graph que dice: “Mira las tostadas que hace la jermu (mujer) de Marcos Rojo, después las cagas a palos y llaman al 144 (línea de atención para víctimas de violencia de género)”.

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¿Ahora entienden mi enojo? ¿Se entiende lo que quiero decir cuando digo que no estoy exagerando? ¿Puede ser tan común familiarizar familiarmente el machismo y su violencia?

Cuando la foto fue enviada por mi papá habiendo pasado varios minutos, ninguna de mis hermanas (todas mayores que yo) atinó a contestar. Y eso no sé si me molestó más o igual que haber recibido ese “chiste”. Y entrecomillo esa palabra por dos razones: principalmente, porque no considero que esa imagen y el texto que la acompaña como un chiste. Y por otro lado, por que el/la creador/a anónimx de ese texto, por desconocimiento o no, evidenció otra realidad.

Si nos tomamos el tiempo de revisar la cuenta oficial de Instagram del jugador argentino, podemos encontrar la foto original y el comentario sobre ella, escrito por él mismo que detalla: “Hoy en mi día libre me levante y le traje el desayuno a la cama a mi gordita. Las tostadas se quemaron un poco. Jajaja”

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Comparando superficialmente las dos imágenes, se puede deducir que sigue predominando un rol social en el que la mujer es la que debe cocinar -sin quemar las tostadas, claro- y que la sociedad justificará la violencia sobre ella si es que las tostadas no están en perfecto estado. También entiendo que es común que en una familia se naturalicen “pequeños” actos de violencia de este tipo, porque total, es un chiste. Y yo, yo estoy exagerando… ¿o no?

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Anush Komchoyan estudia Comunicación Social, se interesa en temas sobre Derechos Humanos e incursiona en fotografía.

*La primera foto es de Andreas Smaaland, las segundas son del internet.

 

 

 

Lo dijo Epicteto

Por Valeria Ixquic Mata // @valeshkamata

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Creamos sentido de los objetos y de ahí formulamos conceptos. Es así que cuando un concepto olvida su objeto, el ser humano hace uso de aquel concepto de la manera en la que ha observado que lo ocupa su sociedad. Aquí es donde se bifurcan las posibles concepciones de las cosas porque, aquel concepto inmaterializado comienza a ser moldeado al gusto y razón de una sociedad que ya no obligatoriamente sabe a qué se refiere.

Los conceptos sobreviven a sus objetos y nosotros seguimos usando los conceptos aunque sus objetos nos sean desconocidos. Esta separación puede llegar al punto en que puede llegar a atormentarnos el concepto que tenemos de algo, más que ese algo en sí. A lo anterior, Epicteto suma: “si lo que sentimos acerca de las cosas es lo que nos atormenta, más que las cosas en sí mismas, resulta absurdo culpar a los demás”.

Los conceptos son creaciones colectivas de las que participamos con su reproducción pero, ¿por qué darle más importancia a una construcción colectiva que a una individual? Somos seres sociales y se podría asumir que gracias a esto concebimos el mundo mediante conceptos dados por hecho, compartidos, experimentados por alguien más. Pero también resulta absurdo responsabilizar a los otros por el concepto que yo me he hecho de una cosa -a veces desconocida-.

Podríamos decir que el objeto en sí -por más lejano y ajeno- tiene gran importancia para lo que sentimos: en él tenemos un lugar dónde depositar nuestras tormentas. ¿No será entonces que, estando en constante tormento, es justamente lo que nos rodea aquello que puede servir para depositar nuestras galernas?

Epicteto habla del tormento de lo que sentimos por las cosas; lo que sentimos se construye a través de experiencias y vivencias propias que nos sirven para elegir. Por eso, lo que en verdad atormenta al ser humano son sus elecciones. Es decir, la decisión de conceptos con los que definimos un objeto; y no hay tormento más grande que ese.

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Valeria Ixquic Mata estudia gestión cultural y se interesa por temas como la filosofía y los estudios de género.

*La foto es de Aaron Canipe

Agenda de las mujeres: una asignatura pendiente 2

Por Atziri Ávila // @atzirieavila

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SEGUNDA PARTE

Violencia

Según la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2013, el 47% de las mujeres entre 15 y más años de edad aseguraron tener incidentes de agresión a lo largo la relación con su actual o última pareja, siendo las más frecuentes la violencia emocional, económica, física y sexual. A pesar de contar con un Sistema Nacional para Prevenir, Atender, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las mujeres, el contexto en el que viven está marcado por una grave crisis social que impacta directamente su ámbito privado y público, pues están expuestas a ser violentadas tanto al interior de su hogar como fuera de él.

En el caso de las mujeres de 15 años y más, 27 de cada 100 afirmaron ser agredidas en el ámbito privado en donde son objeto de violencia por su propia pareja o familia; por otro lado 23 de cada 100 mujeres describieron haber sido víctimas de violencia en el ámbito público, siendo objeto de violencia callejera, robos, tocamientos, etc.

Organizaciones No Gubernamentales que conforman el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio (OCNF) aseguran que en la República Mexicana son asesinadas 7 mujeres en un día. Sin embargo, son las propias autoridades quienes ponen trabas o hacen imposible que desde un inicio las investigaciones de los asesinatos de mujeres se realicen por el delito de feminicidio.

Según el Estudio de la implementación del tipo penal de Feminicidio en México: causas y consecuencias 2012-20131, de los 3,892 casos documentados en esos años por el OCNF entre 2012 y 2013, únicamente 613 casos fueron investigados como feminicidios, es decir sólo el 15.75%.

De esta forma, a la violencia verbal, física y sexual contra las mujeres se suma la violencia institucional, pues las autoridades por acción u omisión son responsables de que el derecho de las mujeres a la vida, a su integridad personal, a su libertad reproductiva, entre otros, no estén siendo garantizados.

Es así que el 98% de los 3.892 asesinatos de mujeres documentados entre 2012 y 2013 por el OCNF, no fueron sancionados; y tan sólo el 1,6% de casos fue sentenciado.

En este marco, datos de la ENDHIRE 2011 reflejan que las mujeres que no denuncian evitan hacerlo: por miedo al agresor, por desconfianza en las autoridades, por trámites largos y difíciles o por actitud hostil de las propias autoridades.

La falta de voluntad política, la ineficacia en las investigaciones y la falta de perspectiva de género en funcionarios públicos, revíctimizan a mujeres víctimas de violencia y/o a sus familiares, atribuyendo el motivo de las agresiones a la hora en la que las mujeres estaban en la calle; a que iban “solas”; a la forma en la que iban vestidas o las vinculan con tener relaciones sentimentales con integrantes del crimen organizado.

Los pactos patriarcales justifican, protegen y exculpan a los agresores, buscan ocultar la realidad latente que normaliza la violencia contra las mujeres y que detrás de cada feminicidio existe un crimen de odio y discriminación por razones de género, siendo un patrón constante la desapareción, agresiones físicas y violación sexual previo al feminicidio de una mujer.

Institucionalización de las demandas, desatención a los problemas de fondo

Si bien existen esfuerzos tendientes a garantizar la igualdad entre mujeres y hacia fomentar el empoderamiento de las mujeres, las políticas públicas son impulsadas sin su participación; sin perspectiva de género e incluso no se destinan recursos humanos o financieros para su eficaz implementación.

Las instituciones del Estado y las políticas públicas están lejos de transformar de fondo los problemas que afectan a las mujeres, se utilizan como paliativos, como contención de lo inmediato. A pesar de contar con leyes y la firma de tratados internacionales en materia de derechos humanos, en la práctica no se implementan y la simulación de las instituciones prevalece, lo que obstaculiza transformar e impactar positivamente la vida de las mujeres.

La Plataforma de Acción imagina un mundo en el que todas las mujeres y las niñas puedan ejercer sus libertades, derechos y decisiones, sin embargo, se siguen perpetuando las desigualdades económicas, sociales y culturales que les impiden ejercer sus derechos humanos.

Persiste la violencia obstétrica, muertes maternas, esterilización forzada principalmente contra mujeres jóvenes y mujeres indígenas, quienes son condicionadas a actuar contra su voluntad para poder acceder a programas sociales; no hay garantía para que quienes así lo desean, puedan realizarse la interrupción legal del embarazo; siguen sin ser dueñas de la casa en la que viven o sin derechos agrarios, contrario a ello, son ellas y sus hijas/os las más afectadas en su alimentación, salud, economía y tejido social por los mega proyectos impuestos en sus comunidades.

Organización hacia la autonomía y el empoderamiento

Son las propias mujeres quienes se organizan para exigir la igualdad de derechos por ley, pero también son quienes desde diversos espacios construyen su autonomía; su independencia económica; quienes buscan ocupar espacios de toma de decisiones; quienes construyen nuevos modelos económicos para combatir la explotación; quienes impulsan la transformación estructural del sistema; impregnar nuestra mirada en todos los ámbitos de la vida; quienes buscan ejercer sus derechos no como una concesión sino como un acto de justicia social.

Cada vez más mujeres hemos dejado atrás a las “hijas obedientes”, a las “madres abnegadas” y a las “esposas resignadas”, transgredimos los únicos y primeros derechos otorgados a las mujeres que eran: obedecer, servir y callar.

A 20 años de la Plataforma de Beijing aún no es garantizada la igualdad de oportunidades para que las mujeres intervengan activamente en la vida social, económica, política y jurídica del país; hemos obstaculizado reconocer que el empoderamiento de las mujeres empodera a la humanidad.

Es por ello que en la actualidad estamos convencidas de que en el 8 de marzo es necesario reivindicar la lucha de las mujeres a favor de nuestros derechos humanos; esta fecha nos obliga también a reconocer que las demandas de las mujeres siguen estando vigentes y que la agenda de las mujeres, sigue siendo una asignatura pendiente.

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1 Estudio disponible en: http://catolicasmexico.org/ns/?cause=informe-sobre-el-estudio-de-la-implementacion-del-tipo-penal-de-feminicidio-en-mexico-causas-y-consecuencias-2012-y-2013

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Atziri Ávila es comunicóloga social, activista y defensora de derechos humanos y Coordinadora de la Red Nacional de Defensoras de Derechos Humanos.

*La foto es de Toni Frissell