Marta Dillon: el cuerpo detrás de la palabra

Por Atziri Ávila //@atzirieavila

Marta Dillon_Sebastian Miquel

Marta Dillon, reconocida periodista argentina, ha puesto el cuerpo detrás de la palabra en defensa de los derechos humanos. Su militancia, compromiso social y activismo iniciaron desde que era muy joven con la desaparición de su madre en 1977, en la época de la dictadura en Argentina.

A principios de los noventa, junto con otras hijas e hijos de personas desaparecidas, Marta impulsó la organización  Hijos e Hijas por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio (H.I.J.O.S) en la que hasta la fecha se congregan hijos e hijas de personas desaparecidas o asesinadas durante la dictadura militar, que arrancó de sus familias a alrededor de 30 mil personas.

Además de buscar la justicia institucional para terminar con la impunidad que persistía en los crímenes de lesa humanidad de la dictadura de Videla, y ante la falta de justicia efectiva y legal, desde H.I.J.O.S. buscaban construir una justicia social o por lo menos una condena social.

Realizaron acciones como escraches que señalaban las casas de los represores que permanecían libres para que los vecinos supieran que ahí vivía un genocida y éste no anduviera tranquilamente por la calle.

Posteriormente, su labor periodística ha estado ligada a los derechos humanos, a dar cuenta de experiencias en defensa de los derechos de personas, comunidades u organizaciones. Desde su escritura transmite demandas de las mujeres al derecho a la equidad, a tomar la decisión sobre su propio cuerpo, a decidir cómo quiere vivir, con quién, cuántos hijos quiere tener, en qué momento y con quién, a vivir una vida libre de violencia; entre otros.

Al haberse percatado de que los derechos, a pesar de ser tan básicos, sigue siendo necesario defenderlos por no estar plenamente garantizados, y notar que la distribución de estos derechos está concebida de manera totalmente inequitativa, hizo que su pluma, cuerpo y voz sean tres de sus herramientas fundamentales para abonar al ejercicio y garantía de los derechos humanos y de esta forma sus convicciones personales, han entrelazado el periodismo, el activismo y el feminismo como aportes para el cambio social.

En espacios como el Suplemento feminista Las 12 del diario Página/12, Marta visibiliza la situación de muchas mujeres, sobre todo de sectores populares, el periodismo le ha permitido acercarnos a conocer las experiencias de mujeres muy distintas, travestis, trans, lesbianas; historias de los cuerpos feminizados que son más vulnerables frente a las violencias patriarcales.

Conocer esas realidades en tiempos convulsionados, ha permitido acercarnos a estas experiencias y también incentivar a la ciudadanía a poner el cuerpo en la calle frente el silencio de los medios hegemónicos, cuya una de sus apuestas es la desmovilización.

El dimensionar el discurso de los medios de comunicación ante los feminicidos en Argentina, la revictimización hacia las mujeres víctimas de feminicidio, el tipo de construcciones que hacen de las víctimas y el modo en el que se convierte el feminicidio y la violencia contra las mujeres en relatos románticos o de aventuras y no en la denuncia de una violencia sistemática y política, llevó a la reflexión a Marta y otras comunicadoras argentinas.

Sostener un orden político del patriarcado en el que la vida de las mujeres no tiene valor, comenzó a tornarse aberrante para muchas mujeres pues no solamente eran los asesinatos de mujeres sino la revictimización de las víctimas en los medios de comunicación.

Según la propia Marta Dillon, durante 2015 aparecieron muchas mujeres asesinadas tiradas en los basureros, “como si eso fuera también un performance dedicado a nosotras en tanto nuestro género, como si fuera una señal de disciplinamiento y sobre cuál es el valor de nuestros cuerpos”. En ese contexto, el Observatorio de Femicidios en Argentina Adriana Marisel Zambrano documentó el asesinato de 286 mujeres lo que representa un feminicidio cada 31 horas.

Frente al hartazgo social en junio de 2015 se gestó la primer movilización histórica contra los feminicidios nombrada: ¡Ni una menos!, la cual tuvo impacto en 70 ciudades de Argentina y en otros países como España, Brasil y México.

De una manera creativa por medio de esta acción se impulsaron nuevas estrategias de resistencia y de construcción política. La ciudadanía argentina tomó acción frente al “rumor social” sobre los feminicidios y apostó al encuentro en la calle, además de la masividad que significó esta “danza colectiva” que volcó a centenares de personas en las calles: “lo mas importante fue cómo las mujeres se sentían seguras, compartiendo sus historias, sus dolores y resistencias, la manifestación tenía un horario y cuatro horas más tarde, seguía habiendo gente en la calle, había la necesidad de hablar y de poner en común cosas que estaban silenciadas o naturalizadas”.

Un años después, el 3 de junio de 2016, las calles en Argentina fueron nuevamente tomadas por la movilización que ha quedado inscrita en el “calendario popular” impulsada desde el movimiento feminista.

Las escuelas, plazas públicas y edificios gubernamentales fueron ocupados por decenas de personas, “mujeres jóvenes hicieron sus propias consignas pintadas artesanalmente con demandas que parecían individuales pero que en realidad estaban siendo colectivas y puestas en conjunto tenían que ver la necesidad de la autonomía sobre nuestros cuerpos y nuestras decisiones, ubicando la violencia heteropatriarcal dentro de un contexto político con la que se sostiene el sistema de dominación que es el patriarcado ligado absolutamente con el capitalismo”.

¡Ni una menos! propaga el mensaje y la exigencia de las mujeres de que: “nos queremos vivas, libres, íntegras, autónomas, soberanas, desafiantes de esa imposición de modelos asfixiantes de belleza, de familia, de un modo supuestamente correcto de amar o de gozar, dueñas de nuestros cuerpos y nuestras trayectorias vitales”[1].

Marta, autora de la columna Vivir con virus,  uno de sus grandes aportes al periodismo en donde relató en primera persona qué significa vivir con VIH, puso el cuerpo detrás de la palabra y no con un cuerpo de víctima sino un cuerpo gozoso, demandando para si no sólo salud relacionada al VIH o tratamientos médicos, sino el derecho a tener sexo, placer, acceso a poder planificar un futuro, haciendo visible que “detrás de la palabra hay un cuerpo y que no hay palabras sin cuerpo”.

A través de sus escritos Marta también reflexiona sobre el modo en el que nos enseñaron a amar, a comportarnos, qué tipo de educación recibimos las mujeres de niñas, cómo se juzga nuestra manera de vestir y cómo distintos tipos de violencia contra las mujeres están naturalizadas.

A través del periodismo, activismo y feminismo, Marta contribuye a que las mujeres nos afiancemos a la vida, a nuestras elecciones, a nuestra particular manera de ser y de estar en el mundo, lejos de mandatos y juicios.

Ha impulsado también proyectos de ley que garanticen los derechos de matrimonio igualitario que consagrar que los vínculos de afecto y vínculos familiares sean reconocidos por el Estado, modificando la concepción tradicional de la institución del matrimonio; la Ley de identidad de género y la triple filiación.

Como sucedió con la construcción de una memoria colectiva en relación a la última dictadura militar en Argentina, Marta afirma que desde cualquier espacio y disciplina, nuestra venganza es ser felices, tomar el lugar que nos dejaron y convertirlo en el lugar donde queremos estar: “porque estar en el activismo, en la lucha hace que la vida se transforme, no sólo para una sino para todas y todos, y generando una voz colectiva articulada, nuestro poder es insoslayable”.

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[1] “Impresiones de un día histórico”, Marta Dillon, disponible en: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-301033-2016-06-05.html

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Atziri Ávila es comunicóloga social, activista y defensora de derechos humanos y Coordinadora de la Red Nacional de Defensoras de Derechos Humanos.

*La foto es de Sebastián Miquel

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