The Revenant: paisajes masculinos

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Por Ana Mata // @tatatactictac

Estoy sentada en la oscuridad con las manos en los oídos y los ojos cerrados. En la pantalla están intentando desesperadamente hacernos creer que la película se trata de la lucha por la vida, pero no es cierto. Estamos viendo The Revenant. Salgo del cine con el cuerpo todo dolorido y el desazón particular que te deja haber perdido casi tres horas de vida.

Como está nominada a tantos premios llego a casa intrigada y navego para buscar razones. Encontré de todo. Mucho de la preciosa -y sí es preciosa- cinematografía de Lubezki, algo de las impresionantes -que no son impresionantes- actuaciones, pero dos expresiones me sorprendieron especialmente. La primera, frase inicial de una crítica en Rolling Stone, decía:

Screen Shot 2016-02-07 at 12.06.39 PM(Nota para los cobardes cinematográficos: The Revenant no es para ti.)

Hay que notar que, al igual que en español, la palabra que en inglés se utiliza para decir cobarde es una palabra que intenta calificar de femenino -feminizar-, como si esto fuera algo indeseable. En la Rolling Stone les dicen pussies (que se traduce directamente como “coños”) a quienes en nuestros países les dicen putos.

La segunda, de la revista GQ:

Screen Shot 2016-02-07 at 12.21.53 PM(The Revenant es sorpresivamente, agresivamente masculina)

Con ambas expresiones queda claro que algunas de las críticas positivas sobre The Revenant -como es el caso de éstas que cito- empatan la violencia de la película, y la posibilidad de disfrutarla, con la idea de masculinidad. Pero sin ningún tipo de reflexión ni medianamente interesante acerca de la violencia ni de la masculinidad, la película se defiende sólo con argumentos rancios; patriarcales y heteronormativos.

Más allá de la posibilidad de disfrutar la violencia -cosa que no pretendo decir que no existe pero que por otra parte no me interesa abordar en este momento-, lo que creo es que se les sigue queriendo decir a los varones que tienen que disfrutar la violencia, que es masculino hacerlo. Desde esa misma perspectiva, parecería entendible seguir argumentando que películas como The Revenant no son películas femeninas, ni películas para mujeres. Cuando, por cierto, las únicas tres mujeres que aparecen en la historia tienen en su destino el ser violadas, matadas o en todo caso salvadas por los hombres, creo que queda claro cuál es el universo en el que nos sumergimos por tres largas horas. Un universo bien real.

Y digo real porque leí que esta es una película con aspiraciones a ser naturalista. Quizá gracias a esta palabra algunxs expliquen la existencia en la pantalla de cosas que existen en el mundo real. Sin embargo, no hay gran mérito en conseguir argumentar que una película es buena a partir de un aspecto así de técnico. A mí, ¿qué me importa si utilizaron luz natural, paisajes verdaderos, frío, sueño, enojo, cansancio todo real? De lo que tengo sed en el cine es de una historia, da igual si es real o no. Y una buena actuación necesita de una buena historia. Si no, el plan de ir al cine termina tratándose de ir a ver a Leonardo DiCaprio gruñendo y babeándose encima toda la película y después volver a casa para leer críticas que la defienden con argumentos de hace por lo menos cien años.

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Ana Mata es psicóloga, cineasta y maestra en Derechos Humanos.

Aquí están los artículos de GQ y Rolling Stone. Y aquí hay una de The Guardian que es una joya.

*La imagen es de The Revenant

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Ambulante California lanza su campaña en Kickstarter

Ambulante, gira de documentales, invita a su público y a toda la gente interesada en la difusión y exhibición de cine documental, a participar en su campaña para llevar su labor más allá de nuestras fronteras.  La Gira busca ampliar los circuitos tradicionales de exhibición en México más allá de las sedes comerciales con el objetivo de alcanzar a distintos grupos. El festival es no competitivo y ofrece el 60% de su programación de manera gratuita. Además de proyecciones, se organizan talleres, encuentros con realizadores, seminarios, paneles de industria, teatro documental, autocinemas, entre otras cosas. Actualmente, Ambulante es el festival de documental de mayor alcance en México y un espacio de exhibición único en el mundo. ¡Apoyemos el buen cine!

 

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Ambulante Global

En el 2014, Ambulante viajará por primera vez a California (21 de septiembre – 4 de octubre) así como a las ciudades de Medellín, Bogotá, Cartagena y Barranquilla, en Colombia (26 de agosto – 21 de septiembre). Además, la 4ª edición de Ambulante El Salvador tuvo lugar del 8 al 18 de mayo.

Con el objetivo de completar el presupuesto de producción necesario para hacer posible la primera edición de la Gira de Documentales en California –que tendrá lugar del 21 de septiembre al 4 de octubre– Ambulante lanzó su campaña interactiva de recaudación de fondos en Kickstarter.com, la popular plataforma de financiación online.

“El apoyo percibido durante los 30 días de campaña se destinará a cubrir los gastos de logística y exhibición del festival en Los Ángeles”, dice el comunicado de prensa de Ambulante. Como recompensas a lo largo de los 30 días de campaña, a cada persona que contribuya al proyecto se le mandarán una serie de videos exclusivos: detrás de cámaras y anécdotas que revelen la historia de Ambulante contadas por cineastas, miembros del equipo y voluntarios. Otra decena de recompensas, en función de la aportación recibida, incluyen presencia en la página web de Ambulante, postales firmadas por nuestros fundadores, playeras y botones, presencia en el tráiler de Ambulante California, acceso a visionados de películas online, invitaciones a fiestas que contarán con la presencia de los fundadores de Ambulante, carteles firmados, invitaciones a premieres, colección exclusiva de dvds, y estancia en Oaxaca en la clausura de Ambulante Gira de Documentales 2015.

Ambulante California solicita la mínima cantidad de fondos que necesita para cubrir gastos de renta de equipo de proyección y audio, así como el transporte en el área de Los Ángeles durante las dos semanas del festival, y otros gastos de logística que exige la producción de un evento de estas características. Nos hemos unido a la comunidad de Kickstarter en busca de colaboradores, socios, aliados y amigos que compartan nuestro punto de vista.

 

 

Durante la primera edición de Ambulante California buscaremos extender nuestra red de colaboradores, trabajar con distintos socios locales y crear un contexto adecuado para la recepción del cine documental, además de potenciar el impacto y la visibilidad de este importante género en el extranjero.

 

Link a la campaña en Kickstarter: http://kck.st/1lAXxHO

http://ambulante.com.mx/es/global/california

@AmbulanteCA

#BringAmbulante2CA

 

 

“Después de Tiller”, documental de Martha Shane y Lana Wilson

Mientras comíamos, mi amiga me preguntó, “¿de qué trata el documental?”. Ya le había mencionado que era sobre el aborto, pero nada más. “Es sobre los únicos cuatro médicos que practican abortos en el tercer trimestre de embarazo en Estados Unidos”, le respondí. Su mirada se oscureció y me dijo “pero eso no está bien”. Traté de aligerar la plática argumentando que no sabía si el documental era a favor o en contra de dicha práctica y cambié de tema lo más rápido que pude. No obstante, para cuando terminamos de comer, mi amiga ya había pedido disculpas porque tenía un evento familiar que había olvidado y no podría acompañarme a la función. Era la segunda persona que se retractaba de mi invitación a ver este documental (ya antes un amigo había dicho que no en cuanto mencioné la palabra “aborto”).

El documental del que hablo es Después de Tiller (After Tiller, 2013). En él se retratan, como ya dije, las vidas de los únicos cuatro médicos que practican abortos en el tercer trimestre de embarazo después del asesinato del doctor George Tiller en 2009. La película se enfoca tanto en los casos particulares de las mujeres que buscan realizarse un aborto en la última etapa de la gestación del bebé como en el trabajo que los médicos realizan dentro y fuera de sus clínicas, los problemas que enfrentan con  grupos anti-abortistas, los conflictos personales que tienen al realizar esta actividad y cómo su profesión repercute en sus vidas y en la de sus familias.

Lo primero que el documental hace es dejar en claro las razones para que se practiquen estos abortos. Contrario a lo que se pensaría, y a la idea que tratan de promover los grupos anti-abortistas, casi todas estas mujeres (que, cabe mencionarse, van acompañadas de sus parejas) tienen que recurrir al aborto no porque no quieran a sus bebés, sino porque los quieren. En la mayoría de los casos que documenta la película, los bebés han sido diagnosticados con enfermedades que impedirán que tengan una buena calidad de vida (uno de los bebés nacerá sin la mitad del cerebro, otro tiene una malformación que provocará, en caso de que nazca vivo, que viva a lo mucho un par de años y con dolor físico extremo). Sólo se menciona un caso de violación y uno de una adolescente que se embaraza en su primer encuentro sexual. En ambas situaciones, se hace énfasis en el estado de negación y/o de shock que impidieron a estas mujeres tomar una decisión “a tiempo”. Así, al tratar a profundidad el dolor que estas mujeres sienten, sea cual sea la razón por la que se acercan a estos médicos, se humaniza a las pacientes y a quienes las atienden (pues ellos están concientes de ese dolor y tratan, en lo posible, de ayudarlas en su proceso de duelo).

El documental hace énfasis en cómo los médicos crean vínculos emocionales con sus pacientes y las consecuencias que eso tiene en ellos (una de las doctoras señala que le cuesta mucho trabajo realizar los abortos porque ve a los productos como bebés, no como fetos). También se muestran los elementos que los médicos toman en consideración para atender o no a una paciente, pues existe un filtro que tienen para realizar abortos sólo a casos extremos, y cómo justifican su práctica.

La constante lucha que viven estos médicos con los grupos anti-abortistas también es un tema al que se le da mucha importancia (no en vano el origen del documental es el asesinato del doctor Tiller a manos de un activista anti-aborto cuando estaba en misa un domingo en la mañana). Si bien es innegable que la película tiene una visión a favor de la labor de estos médicos, se le da tiempo a los grupos en contra para que expongan sus razones (aunque éstas sean desinformadas y basadas en dogmas religiosos). Se muestran las manifestaciones que diariamente hacen afuera de las clínicas y que consisten en oraciones y gritos sobre almas que arderán eternamente en el infierno, pero también las amenazas de muerte que doctores, sus parejas e hijos reciben por teléfono, y las estrategias políticas que utilizan para influir en el gobierno para prohibir el aborto en esta etapa por considerarlo asesinato.

El gran acierto del documental es la sensibilidad con que aborda un aspecto particularmente delicado en un tema muy controversial en sí mismo, pero sin dejar de ser claro y directo. El hecho de que se trate de mostrar el lado positivo de la labor que estos médicos realizan no lo vuelve monológico ni busca cambiar la opinión que cada persona tiene sobre ellos. Sólo busca dar voz a quienes son vistos por gran parte de la sociedad como seres que realizan actos reprobables y romper con los prejuicios que se tienen de ellos y de sus pacientes. Busca mostrar el lado humano de un acto difícil de racionalizar y mostrar por qué las mujeres deben tener derecho a decidir sobre su cuerpo sin temer los señalamientos del resto de la sociedad. Sin duda el tema asusta, como ocurrió con mis amigos, pero precisamente por eso Después de Tiller es importante; porque reaviva la discusión que se tiene sobre los derechos reproductivos de las mujeres sin perder de vista su lado humano y emocional.

Antonio Puente

Reseña: Julia de Jackie Baier

Julia es artista. Nació y creció en Klaipeda, Lituania y ahora vive en Alemania. Tiene muchos amigos y en general es muy querida. Julia es fotogénica; su belleza y la intensidad de su mirada se amplifican notablemente frente al lente de una cámara. Pelo rubio, de esos tonos que no se pueden obtener con tintes; piel tersa; labios carnosos y ojos penetrantes.  Julia es extrovertida, divertida y tiene un gran sentido del humor. Es inteligente; brillante, incluso. Habla cuatro idiomas y sabe insultar como marinero ruso. Nunca se guarda sus opiniones, se expresa libremente y cuando se equivoca acepta las consecuencias. Julia se enamora, llora y ríe. Julia es como cualquiera de nosotras. Pero no.

Julia es prostituta. Es adicta al alcohol y a la heroína. Julia prefiere no estar sobria. Recoge colillas de cigarros para fumar los restos de tabaco. No ha hablado con su familia ni regresado a su país en más de 10 años. No considera que la cocaína sea una droga. Julia arrastra las palabras con frecuencia (pero no se tambalea ni en los zapatos más altos). Julia se despide con un beso de sus clientes, un gesto más dulce que obligado. Julia pierde la consciencia en demasiadas ocasiones.

Julia puede definirse de mil maneras excepto en un aspecto, el cual alteró por completo el rumbo de su vida. Julia es mujer, pero no biológicamente: “No puedo decir que soy mujer, pero tampoco puedo decir que sea hombre. Soy algo en medio. Soy algo, pero no se encuentra en el diccionario. Soy una creación de Dios, pero una creación extraña. Dios no estaba poniendo atención cuando me hizo”, explica Julia.

En más de una ocasión, la protagonista de este documental dice que sus padres habían querido tener un hijo pero la tuvieron a ella. Está convencida de que su abuelo se sentiría decepcionado si la viera hoy en día. La relación con su pasado, la raíces de un país que dejó creyendo que en Alemania podría hacer y ser cualquier cosa, es la gran herida abierta de su vida. “Lituania estuvo tras la Cortina de Hierro hasta los años 90; la situación cuando Julia creció no es muy distinta a la de Rusia hoy en día”, dijo la directora y fotógrafa Jackie Baier (House of Shame: Chantal All Night Long, 2011) durante la mesa de cine queer y sus creadores en el marco del Premio Maguey en el FICG29. Sin embargo, Julia siempre conservó, en gran medida, su libertad. Se fue porque se eligió a sí misma, aunque resulte muy difícil de entender. Por eso trabaja en la calle, porque ahí no tiene que rendirle cuentas a nadie, elige sus propios clientes y hace las transacciones por sí misma. Julia es más libre en la calle que en muchos otros lugares, incluyendo bares y burdeles, su propia casa y el hogar en el que creció. El dolor de Julia está en mirar atrás y recordar que al final todo fue la decisión de vivir como la mujer que es y se siente, y no como el hombre que nació; el dolor está en que eso sea incompatible con la vida que pudo haber construido en su país, con su familia, con su carrera artística, con su diploma universitario.

Este documental, ganador de la mención honorífica en el Premio Maguey del Festival Internacional de Cine en Guadalajara, se separa radicalmente de otras cintas sobre prostitución por la cercanía que existe entre la directora y fotógrafa, quien conoció a Julia mientras trabajaban en un pequeño bar/burdel en Berlín. Comenzó a fotografiarla casi inmediatamente después de conocerla; la conexión entre ambas mujeres y la cámara fue como una adicción, explicó Baier en la sesión de preguntas y respuestas después de la proyección de su cinta en el FICG. Jackie ha documentado y seguido a Julia durante 10 años y la prueba está en la forma narrativa, en el amor perceptible en los encuadres, en la honestidad sin límites de la protagonista, en la imposibilidad de juzgar o intervenir.

Este filme es un retrato cercano a Julia como humana, no como prostituta ni como transexual, no como sujeto de estudio, sino como un ser amado. No pretende ser informativo ni generar un juicio social, y mucho menos apuntar dedos para señalar culpables, lo cual es una constante en documentales que (por más supuesta objetividad) dejan una sensación de dolor de mundo, de dedo en una llaga, que muchas veces sólo genera odio o malentendido por el juego maniqueo de víctimas vs victimarios. En lugar de eso, esta cinta genera el amor más profundo por una mujer completa, con todas las características que la componen, con una mente y un cuerpo libres a pesar de las circunstancias. Amor que transmite la directora (“Estoy un poco enamorada de ella, como verán en la película”, dijo Baier en la mesa de debate) a través de las fotografías que ha reunido durante años y una puesta en cámara siempre respetuosa. El tono de la película es triste, pero no por la situaciones ni por las anécdotas relatadas, sino por los aspectos formales. Uno de los elementos más destacables de la cinta es la música, que más que manipular al espectador a sentir lástima, tristeza o empatía, complementa la belleza de las imágenes, en especial cuando vemos a la hermosa Julia en los múltiples retratos en de Baier.

Baier dijo que le interesa la visibilidad, no de su película como obra artística ni de denuncia, sino de Julia como persona. Porque más que hablar de ella, este documental deja que Julia hable, muestre los aspectos que quiere mostrar de sí misma y a través de ellos plantee una realidad que muchas veces se nos escapa. Debajo de las etiquetas más obvias, comenzando por el sexo, el género, el aspecto físico y la raza, hay todo un mundo interior. La prostitución se puede generalizar como problema o fenómeno; se puede estudiar las causas y analizar los contextos; se puede contabilizar cuántas personas mueren en un año por violencia relacionada al trabajo sexual, por el uso de drogas en este medio o por la falta de atención médica o psicológica. Sin embargo, las historias son infinitas y la de Julia, aunque sea sólo una, o peor, una más, nos recuerda que estamos ante seres humanos y no estadísticas. Los números son personas reales. A veces se nos olvida.

 Hipatia Argüero Mendoza

Reseña Maguey: Out in the Line-up

Un día Thomas Castets se hizo una pregunta que toda persona se ha hecho en algún momento: ¿Habrá alguien más como yo en el mundo? En las últimas décadas Internet ha facilitado esta búsqueda de intereses afines y ha generado vínculos improbables entre gente que jamás se hubiera encontrado de otra manera. Castets, entonces, buscó todas las combinaciones de palabras clave que se le ocurrieron para contactar a otros surfistas homosexuales que, como él, pertenecían a una comunidad deportiva rodeada de machismo, prejuicios y estereotipos. Nuestro mundo es tan grande y tan diverso que resulta simplemente inexplicable que antes de Thomas nadie hubiera hecho visible la existencia de personas homosexuales en este deporte, ni siquiera con el anonimato permitido por la red. “Sólo encontré porno muy malo”, dice Castets en la cinta.

Como dijo hace unos días Cheryl Dunye –directora, escritora, actriz y productora– cuando habló de la carencia de representación de personas como ella en el cine (mujer, negra, homosexual, entre muchas otras cosas): si nadie lo ha hecho, hazlo tú misma. Castets decidió hacer lo que nadie había hecho y generó una página de internet que se convertiría en el primer eslabón de una enorme cadena: gaysurfers.net

El documental Out in the Line-up, producido por Castets y dirigido por Ian Thomson cuenta la historia de varias personas que habían asumido su soledad y la necesidad de guardar un secreto. Sin embargo, al igual que el fundador de la página, no habían dejado de buscar palabras clave en Internet. De pronto, una simple señal de vida de un extraño pasando por lo mismo fue la semilla de una comunidad que ha cambiado la perspectiva de mucha gente. David Wakefield, el primero de muchos surfistas gays en establecer contacto, y Thomas Castets se conocieron y emprendieron un viaje en busca de historias similares a las suyas. El documental es un recuento de ese viaje y una carta para generar consciencia sobre temas que no se limitan al surf o a la homosexualidad, sino relativos al ser humano y su libertad.

El documental abarca muchos aspectos de la vida deportiva de las y los surfistas, la cual implica competencias, asociaciones reguladoras oficiales y, por supuesto, patrocinios. En el caso de los hombres, los patrocinadores respaldan a los mejores; en el caso de las mujeres, el acercamiento es de naturaleza más sexual: mujeres rubias y guapas que salen bien en las fotos. ¿Es la mejor surfista? No importa; hablemos de su trasero. Como el sexo es fundamental para este tipo de respaldo comercial, la fantasía, juega un papel importante. Por lo tanto, la imagen de una surfista abiertamente homosexual se vuelve mucho menos explotable que la chica de calendario de piel dorada sin nada que decir, sin una voz. Las mujeres que aparecen en el documental (entre ellas las campeonas Cori Schumacher y Keala Kennelly, quien comenzó a surfear y ganar cuando no había categoría de competencia para mujeres) hablan de lo difícil que fue ser tomadas en serio, poder competir al mismo nivel que los hombres y recibir el mismo reconocimiento.

 

 

Otro de los temas tratados en esta cinta es la perpetuación de estereotipos en los medios masivos, los cuales generalizan el ser homosexual y lo reducen a ciertos comportamientos muchas veces caricaturizados. Parte del tabú alrededor de la homosexualidad se debe a estos productos audiovisuales. El documental utiliza ejemplos como el personaje de Rupert Everett en La boda de mi mejor amigo y la pareja gay de Modern Family, entre otros, los cuales retratan sólo una parte o un tipo de vida que se ha convertido en un estándar de la homosexualidad. Este imaginario no es fuente de identificación para muchísimas personas que no quieren decir que son homosexuales por temor a que la gente lo asocie con la definición televisiva de la homosexualidad. ¿Para qué salir del closet y pertenecer a una comunidad si no te sientes parte de ella?  Muchas expresiones de discriminación surgen de la asociación de la sexualidad con debilidad física, actitud escandalosa y un gran etcétera de lugares comunes, lo cual, por supuesto, tiene repercusiones importantes para las y los deportistas, pero está presente en todo tipo de profesiones y actividades.

Este documental es una chispa de victoria. Esto ya sucedió. Todas estas figuras del surf mundial ya hablaron frente a la cámara, ya marcharon juntas en Mardi Gras como la comunidad de surfistas gay, ya enfrentaron a su familia y amigos y siguen ahí, haciendo lo que más les gusta. Ya sucedió y no sólo sobrevivieron, comenzaron a cambiar el panorama a futuro. El documental habla únicamente de un deporte, pero al mismo tiempo aplica a todo. Si Castets pudo encontrar una gran comunidad de gente con la que se puede identificar dentro una combinación improbable (por lo menos ante los ojos de gente que no conoce muy bien este deporte), será cuestión de tiempo antes de que más y más comunidades surjan y lleven esta iniciativa de contacto y pertenencia a otros ámbitos. Thomas Castets no fue el primero ni será el último en alzar la voz sobre este tema, pero es prueba de que el miedo y la parálisis, con consecuencias tan graves como el suicidio o el abandono de las ambiciones profesionales, existen aún hoy en medios que muchas veces ni siquiera consideramos o imaginamos.

Las personas que han decidido vivir en secreto sienten que de alguna manera deben quitarse su sexualidad y dejarla colgada en el closet mientras realizan otras actividades. La sexualidad, identidad sexual o de género, preferencia sexual, etc, tiene la importancia que cada persona decida darle y en cuestiones como el desempeño deportivo tiene poco o nada que ver. Sin embargo, ¿por qué no hablar de ello? ¿Por qué no salir a las olas o a cualquier otro lado con la sexualidad, identidad, preferencia (o como cada quien lo defina) bien puesta? Porque, al final,  es algo que no se puede remover, sólo ocultar.

Hipatia Argüero Mendoza

El silencio antes de la tormenta: Reseña Land of Storms

“El silencio es peor que la discriminación y la violencia”, dijo Ádám Császi durante la mesa de debate de cine queer en el Festival Internacional de Cine en Guadalajara y, por segunda ocasión, después de la proyección de Land of Storms en el marco del Premio Maguey. Esta simple frase tiene un impacto directo y terrible en el contexto de la tortura física y psicológica experimentada por las personas que viven su sexualidad con miedo, y peor aún, autodesprecio.

El silencio es, en gran medida, lo que caracteriza el primer largometraje de este director húngaro, una cinta construida a partir gestos mínimos y acciones sugeridas, claroscuros y contrastes entre luz y oscuridad que apenas permiten adivinar el acercamiento prohibido de piel, bocas y manos. La narrativa visual de tomas largas y encuadres cargados de simbolismo teje fragmentos de información aislada e intrigante para construir poco a poco una historia a partir de lo que no se dice. Los diálogos son mínimos y tajantes, la tensión perceptible en todo momento.

Szabolcs (András Sütö, apodado Szabi durante la película) es un joven húngaro que juega en un equipo alemán de futbol. Vive rodeado del machismo corporal y violento característico de este tipo de deportes, en el que el contacto de hombres con hombres es inevitable y, por lo tanto, reforzar la heterosexualidad se vuelve necesario. Szabi abandona su carrera, prometedora en las primeras escenas, después de una confrontación física con Bernard (Sebastian Urzendowsky), un compañero de equipo cuya mirada despierta furia culposa en el protagonista.

Este encuentro de animales que defienden su territorio (su posición en el equipo y su propio cuerpo) sucede en las regaderas después de un fracaso en la cancha. Esto es, literalmente, un lugar común. Sin embargo, en vez de la excitación del contacto directo y húmedo, el acercamiento genera una sensación amarga; el odio es dirigido al exterior para expulsarlo del interior. Este breve momento basta para plantear la lucha de un personaje que, si pudiera, se castigaría a sí mismo. La suma de estos factores hace que Szabi decida regresar a su país y a la granja de su abuelo, una enorme casa destruida en medio de la nada. La belleza sobrecogedora de los paisajes y el tratamiento visual de la película reiteran la soledad y el silencio de un mundo tan vasto que no puede estar libre de miradas o juicios ajenos.

Una noche Áron (Ádám Varga), miembro de la comunidad rural, intenta robar la motocicleta de Szabi sin éxito. A partir de ese primer encuentro, Áron comienza a trabajar con Szabi para arreglar la casa. Su relación se vuelve cada vez más cercana, acentuada por el esfuerzo físico del trabajo. Sus movimientos se sincronizan en coreografías perfectas acompañadas de sutiles miradas furtivas. Los días pasan brillantes y calurosos; y las noches de oscuridad total son el manto bajo el cual el deseo sexual de ambos explota de manera poco romántica, más bien agresiva e intoxicada.

Por el desconcierto de la culpa católica y el placer del pecado, Áron decide confiar en lo sagrado de la confesión y contarle a su madre enferma que Szabi lo tocó y él no lo detuvo. “¿Por qué lo permitió?”, pregunta su madre. Áron responde con el más sincero de los “no sé”. Esta incapacidad de enunciar la diferencia es, precisamente, a lo que Császi se refiere cuando habla del peligro de callar y contener. Después de que las palabras salen no hay manera de pararlas y, por eso, con frecuencia se elige la alternativa: el silencio.

Cuando Bernard reaparece con la intención de concretar su relación con Szabi (reemplazando la violencia de la negación con la aceptación: “No te disculpes, sí te estaba viendo. Desde el principio”), Szabi también comienza a aceptar que Áron es más que algunas noches de alcohol que culminan en contacto sexual. Pero mientras un personaje enfrenta su realidad y decide abrazarla, el otro sufre torturas y humillaciones por un secreto mal guardado y por oídos que se niegan a escuchar que la palabra en cuestión no es “pecado”, sino “amor”.

Hipatia Argüero Mendoza.

Reseña: Hoje eu quero voltar sozinho

De la vista nace el amor. Pero también del oído y del tacto, del calor particular despedido por una persona, de su olor, de su aroma, del mero sentir de su presencia. De la combinación de todos estos sentidos nace mi amor más reciente: el primer largometraje del brasileño Daniel Ribeiro. La premisa de esta cinta surge de una pregunta que tiene muchas respuestas: ¿cómo o por qué nos enamoramos? Durante la sesión de preguntas y respuestas después de la proyección especial para el Premio Maguey del Festival Internacional de Cine en Guadalajara, el director declaró que quería hacer un filme sobre un personaje que nunca hubiera visto a una mujer o a un hombre y plantear por qué o cómo se enamoraría de una u otro. Este personaje, Leo (Ghilherme Lobo, impecable), vive las tormentas en vasos de agua de cualquier adolescente con una importante excepción: es ciego. Para este chico hay cosas imposibles: la independencia total, andar en bicicleta, ver una película, salir solo de noche e incluso gustarle tanto a alguien como para que quiera besarlo.

Leo busca un escape innecesario. Quiere probarse a sí mismo y al mundo que su modo de percibir es distinto pero no paralizante. Durante el planteamiento de la sobreprotección que este joven vive por parte de sus padres, su madre lo regaña por estar fuera cuando está oscuro. “Para mí siempre está oscuro”, responde Leo.

La película no es sobre un triángulo en sí, es esa cosa extraña que sucede cuando la amistad se vuelve confusa y sus límites se difuminan con la cobardía adolescente y la necesidad hormonal de tocar un cuerpo ya. Los tres personajes son entrañables por lo cercano que resulta su planteamiento (en realidad probablemente no conozca a nadie así, pero la regresión a la preparatoria es inevitable; la sensación de “yo estuve ahí”). Giovana (Tess Amorim, de un rango dramático impresionante para su edad y un timing cómico genial) es la mejor amiga de Leo y, obvio, está enamoradísima de él. Ella es la única persona que, ya sea por costumbre o por una consciencia imposible de apagar, entiende y asume la ceguera de Leo, no como una fuente de preocupación (que en gran medida es el caso de sus padres) ni como una característica olvidable. Es, en todo caso, un hecho. A pesar de saber que su mejor amigo no la puede ver verlo, Giovana evita las miradas prolongadas y el tacto “accidental”, incluso en los momentos más íntimos de complicidad y charla sexual. Giovana espera. Espera a que Leo de la señal que confirme una sospecha mínima. Señal que nunca llega pero siempre está ahí, latente.

La llegada de Gabriel (Fabio Audi) cambia todo en la amistad de estos dos personajes esenciales en la cotidianidad del otro. Es la ruptura de la rutina lo que aleja a Giovana de Leo. De pronto ella y todas sus funciones dentro de la vida de Leo son ocupadas por Gabriel. La amiga de toda la vida es reemplazada por el capricho del momento.  Esto siente Giovana cuando la atención de su amigo gira hacia el chico nuevo que todos desean. Gabriel es hermético de una forma muy cool (no hay otra manera de decirlo, para hablar en términos adolescentes hay que usar, precisamente, términos adolescentes). Pero Gabriel no es un chico cool más, no es el gran partido al que Karina (personaje construido más por las menciones hilarantes de Giovana que por de hecho aparecer en la película) quiere conquistar para probarse madura y extrovertida. No, Gabriel es el chico que hace posible lo imposible.

Gabriel comparte su vista con Leo, convierte lo visual en sonidos, en tacto. El amor nace, no de la vista (al menos no en el caso de Leo), sino de todo lo demás. Este amor es conflictivo por las razones que todos los amores lo son: los juegos de me gustas, no me gustas, el eterno estira y afloja de las personas que se mueren por experimentar la cercanía emocional y física. Gabriel y Leo son dos hombres, sí, pero su relación es retratada con la inocencia (y franca estupidez adolescente) del primer amor.

Después de la película una espectadora preguntó si los protagonistas y el director son gays o no, y si eso había dificultado o facilitado su trabajo. Ghilherme Lobo respondió no ser homosexual, pero dijo algo que el mundo debería escuchar más seguido: el hecho de que yo no lo sea no significa que no es mi problema. Dijo que cualquiera puede serlo, sus hermanos, sus amigos y amigas. Es un asunto humano, no de si te toca o no te toca poner tu granito de arena sólo porque te afecta directamente. Esta película retrata eso: el ser humano de tres personajes que apenas entienden su posición en el mundo.

Los diálogos (particularmente los de Giovana, quien constantemente tira dardos que dan justo en el blanco) son naturales para estos personajes. Hablan como nosotros hablaríamos si habláramos portugués y por una mala (o buena) jugada del destino tuviéramos 15 años. Esto, claro, no tengo manera de saberlo, pero sí de sentirlo. Porque esta película, al igual que sus personajes repletos de emociones incontenibles (o contenibles pero con malos resultados) es emoción pura. Los gritos, suspiros, “ohs”, “ahs” y “tss”  audibles durante la proyección (como de salón de prepa, lo juro) son prueba de que una gran mayoría de los espectadores estaba experimentando la película como si fueran recuerdos propios, como si todo fuera muy real por lo real que se siente.

Quizá lo único inverosímil de la película sea que nadie a esa edad escucha música tan buena en las fiestas (Belle and Sebastian, David Bowie); o a lo mejor siempre fui a las fiestas equivocadas. Sin embargo, como la adulta que soy agradezco infinitamente esas intervenciones de mi presente y de mi pasado no tan pasado en la ficción.

Como Leo, Giovana y Gabriel, debo decir, estoy enamorada, si bien de tres personajes de ficción, su historia y esta cinta.

Hipatia Argüero Mendoza