“Después de Tiller”, documental de Martha Shane y Lana Wilson

Mientras comíamos, mi amiga me preguntó, “¿de qué trata el documental?”. Ya le había mencionado que era sobre el aborto, pero nada más. “Es sobre los únicos cuatro médicos que practican abortos en el tercer trimestre de embarazo en Estados Unidos”, le respondí. Su mirada se oscureció y me dijo “pero eso no está bien”. Traté de aligerar la plática argumentando que no sabía si el documental era a favor o en contra de dicha práctica y cambié de tema lo más rápido que pude. No obstante, para cuando terminamos de comer, mi amiga ya había pedido disculpas porque tenía un evento familiar que había olvidado y no podría acompañarme a la función. Era la segunda persona que se retractaba de mi invitación a ver este documental (ya antes un amigo había dicho que no en cuanto mencioné la palabra “aborto”).

El documental del que hablo es Después de Tiller (After Tiller, 2013). En él se retratan, como ya dije, las vidas de los únicos cuatro médicos que practican abortos en el tercer trimestre de embarazo después del asesinato del doctor George Tiller en 2009. La película se enfoca tanto en los casos particulares de las mujeres que buscan realizarse un aborto en la última etapa de la gestación del bebé como en el trabajo que los médicos realizan dentro y fuera de sus clínicas, los problemas que enfrentan con  grupos anti-abortistas, los conflictos personales que tienen al realizar esta actividad y cómo su profesión repercute en sus vidas y en la de sus familias.

Lo primero que el documental hace es dejar en claro las razones para que se practiquen estos abortos. Contrario a lo que se pensaría, y a la idea que tratan de promover los grupos anti-abortistas, casi todas estas mujeres (que, cabe mencionarse, van acompañadas de sus parejas) tienen que recurrir al aborto no porque no quieran a sus bebés, sino porque los quieren. En la mayoría de los casos que documenta la película, los bebés han sido diagnosticados con enfermedades que impedirán que tengan una buena calidad de vida (uno de los bebés nacerá sin la mitad del cerebro, otro tiene una malformación que provocará, en caso de que nazca vivo, que viva a lo mucho un par de años y con dolor físico extremo). Sólo se menciona un caso de violación y uno de una adolescente que se embaraza en su primer encuentro sexual. En ambas situaciones, se hace énfasis en el estado de negación y/o de shock que impidieron a estas mujeres tomar una decisión “a tiempo”. Así, al tratar a profundidad el dolor que estas mujeres sienten, sea cual sea la razón por la que se acercan a estos médicos, se humaniza a las pacientes y a quienes las atienden (pues ellos están concientes de ese dolor y tratan, en lo posible, de ayudarlas en su proceso de duelo).

El documental hace énfasis en cómo los médicos crean vínculos emocionales con sus pacientes y las consecuencias que eso tiene en ellos (una de las doctoras señala que le cuesta mucho trabajo realizar los abortos porque ve a los productos como bebés, no como fetos). También se muestran los elementos que los médicos toman en consideración para atender o no a una paciente, pues existe un filtro que tienen para realizar abortos sólo a casos extremos, y cómo justifican su práctica.

La constante lucha que viven estos médicos con los grupos anti-abortistas también es un tema al que se le da mucha importancia (no en vano el origen del documental es el asesinato del doctor Tiller a manos de un activista anti-aborto cuando estaba en misa un domingo en la mañana). Si bien es innegable que la película tiene una visión a favor de la labor de estos médicos, se le da tiempo a los grupos en contra para que expongan sus razones (aunque éstas sean desinformadas y basadas en dogmas religiosos). Se muestran las manifestaciones que diariamente hacen afuera de las clínicas y que consisten en oraciones y gritos sobre almas que arderán eternamente en el infierno, pero también las amenazas de muerte que doctores, sus parejas e hijos reciben por teléfono, y las estrategias políticas que utilizan para influir en el gobierno para prohibir el aborto en esta etapa por considerarlo asesinato.

El gran acierto del documental es la sensibilidad con que aborda un aspecto particularmente delicado en un tema muy controversial en sí mismo, pero sin dejar de ser claro y directo. El hecho de que se trate de mostrar el lado positivo de la labor que estos médicos realizan no lo vuelve monológico ni busca cambiar la opinión que cada persona tiene sobre ellos. Sólo busca dar voz a quienes son vistos por gran parte de la sociedad como seres que realizan actos reprobables y romper con los prejuicios que se tienen de ellos y de sus pacientes. Busca mostrar el lado humano de un acto difícil de racionalizar y mostrar por qué las mujeres deben tener derecho a decidir sobre su cuerpo sin temer los señalamientos del resto de la sociedad. Sin duda el tema asusta, como ocurrió con mis amigos, pero precisamente por eso Después de Tiller es importante; porque reaviva la discusión que se tiene sobre los derechos reproductivos de las mujeres sin perder de vista su lado humano y emocional.

Antonio Puente

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Reseña: Julia de Jackie Baier

Julia es artista. Nació y creció en Klaipeda, Lituania y ahora vive en Alemania. Tiene muchos amigos y en general es muy querida. Julia es fotogénica; su belleza y la intensidad de su mirada se amplifican notablemente frente al lente de una cámara. Pelo rubio, de esos tonos que no se pueden obtener con tintes; piel tersa; labios carnosos y ojos penetrantes.  Julia es extrovertida, divertida y tiene un gran sentido del humor. Es inteligente; brillante, incluso. Habla cuatro idiomas y sabe insultar como marinero ruso. Nunca se guarda sus opiniones, se expresa libremente y cuando se equivoca acepta las consecuencias. Julia se enamora, llora y ríe. Julia es como cualquiera de nosotras. Pero no.

Julia es prostituta. Es adicta al alcohol y a la heroína. Julia prefiere no estar sobria. Recoge colillas de cigarros para fumar los restos de tabaco. No ha hablado con su familia ni regresado a su país en más de 10 años. No considera que la cocaína sea una droga. Julia arrastra las palabras con frecuencia (pero no se tambalea ni en los zapatos más altos). Julia se despide con un beso de sus clientes, un gesto más dulce que obligado. Julia pierde la consciencia en demasiadas ocasiones.

Julia puede definirse de mil maneras excepto en un aspecto, el cual alteró por completo el rumbo de su vida. Julia es mujer, pero no biológicamente: “No puedo decir que soy mujer, pero tampoco puedo decir que sea hombre. Soy algo en medio. Soy algo, pero no se encuentra en el diccionario. Soy una creación de Dios, pero una creación extraña. Dios no estaba poniendo atención cuando me hizo”, explica Julia.

En más de una ocasión, la protagonista de este documental dice que sus padres habían querido tener un hijo pero la tuvieron a ella. Está convencida de que su abuelo se sentiría decepcionado si la viera hoy en día. La relación con su pasado, la raíces de un país que dejó creyendo que en Alemania podría hacer y ser cualquier cosa, es la gran herida abierta de su vida. “Lituania estuvo tras la Cortina de Hierro hasta los años 90; la situación cuando Julia creció no es muy distinta a la de Rusia hoy en día”, dijo la directora y fotógrafa Jackie Baier (House of Shame: Chantal All Night Long, 2011) durante la mesa de cine queer y sus creadores en el marco del Premio Maguey en el FICG29. Sin embargo, Julia siempre conservó, en gran medida, su libertad. Se fue porque se eligió a sí misma, aunque resulte muy difícil de entender. Por eso trabaja en la calle, porque ahí no tiene que rendirle cuentas a nadie, elige sus propios clientes y hace las transacciones por sí misma. Julia es más libre en la calle que en muchos otros lugares, incluyendo bares y burdeles, su propia casa y el hogar en el que creció. El dolor de Julia está en mirar atrás y recordar que al final todo fue la decisión de vivir como la mujer que es y se siente, y no como el hombre que nació; el dolor está en que eso sea incompatible con la vida que pudo haber construido en su país, con su familia, con su carrera artística, con su diploma universitario.

Este documental, ganador de la mención honorífica en el Premio Maguey del Festival Internacional de Cine en Guadalajara, se separa radicalmente de otras cintas sobre prostitución por la cercanía que existe entre la directora y fotógrafa, quien conoció a Julia mientras trabajaban en un pequeño bar/burdel en Berlín. Comenzó a fotografiarla casi inmediatamente después de conocerla; la conexión entre ambas mujeres y la cámara fue como una adicción, explicó Baier en la sesión de preguntas y respuestas después de la proyección de su cinta en el FICG. Jackie ha documentado y seguido a Julia durante 10 años y la prueba está en la forma narrativa, en el amor perceptible en los encuadres, en la honestidad sin límites de la protagonista, en la imposibilidad de juzgar o intervenir.

Este filme es un retrato cercano a Julia como humana, no como prostituta ni como transexual, no como sujeto de estudio, sino como un ser amado. No pretende ser informativo ni generar un juicio social, y mucho menos apuntar dedos para señalar culpables, lo cual es una constante en documentales que (por más supuesta objetividad) dejan una sensación de dolor de mundo, de dedo en una llaga, que muchas veces sólo genera odio o malentendido por el juego maniqueo de víctimas vs victimarios. En lugar de eso, esta cinta genera el amor más profundo por una mujer completa, con todas las características que la componen, con una mente y un cuerpo libres a pesar de las circunstancias. Amor que transmite la directora (“Estoy un poco enamorada de ella, como verán en la película”, dijo Baier en la mesa de debate) a través de las fotografías que ha reunido durante años y una puesta en cámara siempre respetuosa. El tono de la película es triste, pero no por la situaciones ni por las anécdotas relatadas, sino por los aspectos formales. Uno de los elementos más destacables de la cinta es la música, que más que manipular al espectador a sentir lástima, tristeza o empatía, complementa la belleza de las imágenes, en especial cuando vemos a la hermosa Julia en los múltiples retratos en de Baier.

Baier dijo que le interesa la visibilidad, no de su película como obra artística ni de denuncia, sino de Julia como persona. Porque más que hablar de ella, este documental deja que Julia hable, muestre los aspectos que quiere mostrar de sí misma y a través de ellos plantee una realidad que muchas veces se nos escapa. Debajo de las etiquetas más obvias, comenzando por el sexo, el género, el aspecto físico y la raza, hay todo un mundo interior. La prostitución se puede generalizar como problema o fenómeno; se puede estudiar las causas y analizar los contextos; se puede contabilizar cuántas personas mueren en un año por violencia relacionada al trabajo sexual, por el uso de drogas en este medio o por la falta de atención médica o psicológica. Sin embargo, las historias son infinitas y la de Julia, aunque sea sólo una, o peor, una más, nos recuerda que estamos ante seres humanos y no estadísticas. Los números son personas reales. A veces se nos olvida.

 Hipatia Argüero Mendoza

El silencio antes de la tormenta: Reseña Land of Storms

“El silencio es peor que la discriminación y la violencia”, dijo Ádám Császi durante la mesa de debate de cine queer en el Festival Internacional de Cine en Guadalajara y, por segunda ocasión, después de la proyección de Land of Storms en el marco del Premio Maguey. Esta simple frase tiene un impacto directo y terrible en el contexto de la tortura física y psicológica experimentada por las personas que viven su sexualidad con miedo, y peor aún, autodesprecio.

El silencio es, en gran medida, lo que caracteriza el primer largometraje de este director húngaro, una cinta construida a partir gestos mínimos y acciones sugeridas, claroscuros y contrastes entre luz y oscuridad que apenas permiten adivinar el acercamiento prohibido de piel, bocas y manos. La narrativa visual de tomas largas y encuadres cargados de simbolismo teje fragmentos de información aislada e intrigante para construir poco a poco una historia a partir de lo que no se dice. Los diálogos son mínimos y tajantes, la tensión perceptible en todo momento.

Szabolcs (András Sütö, apodado Szabi durante la película) es un joven húngaro que juega en un equipo alemán de futbol. Vive rodeado del machismo corporal y violento característico de este tipo de deportes, en el que el contacto de hombres con hombres es inevitable y, por lo tanto, reforzar la heterosexualidad se vuelve necesario. Szabi abandona su carrera, prometedora en las primeras escenas, después de una confrontación física con Bernard (Sebastian Urzendowsky), un compañero de equipo cuya mirada despierta furia culposa en el protagonista.

Este encuentro de animales que defienden su territorio (su posición en el equipo y su propio cuerpo) sucede en las regaderas después de un fracaso en la cancha. Esto es, literalmente, un lugar común. Sin embargo, en vez de la excitación del contacto directo y húmedo, el acercamiento genera una sensación amarga; el odio es dirigido al exterior para expulsarlo del interior. Este breve momento basta para plantear la lucha de un personaje que, si pudiera, se castigaría a sí mismo. La suma de estos factores hace que Szabi decida regresar a su país y a la granja de su abuelo, una enorme casa destruida en medio de la nada. La belleza sobrecogedora de los paisajes y el tratamiento visual de la película reiteran la soledad y el silencio de un mundo tan vasto que no puede estar libre de miradas o juicios ajenos.

Una noche Áron (Ádám Varga), miembro de la comunidad rural, intenta robar la motocicleta de Szabi sin éxito. A partir de ese primer encuentro, Áron comienza a trabajar con Szabi para arreglar la casa. Su relación se vuelve cada vez más cercana, acentuada por el esfuerzo físico del trabajo. Sus movimientos se sincronizan en coreografías perfectas acompañadas de sutiles miradas furtivas. Los días pasan brillantes y calurosos; y las noches de oscuridad total son el manto bajo el cual el deseo sexual de ambos explota de manera poco romántica, más bien agresiva e intoxicada.

Por el desconcierto de la culpa católica y el placer del pecado, Áron decide confiar en lo sagrado de la confesión y contarle a su madre enferma que Szabi lo tocó y él no lo detuvo. “¿Por qué lo permitió?”, pregunta su madre. Áron responde con el más sincero de los “no sé”. Esta incapacidad de enunciar la diferencia es, precisamente, a lo que Császi se refiere cuando habla del peligro de callar y contener. Después de que las palabras salen no hay manera de pararlas y, por eso, con frecuencia se elige la alternativa: el silencio.

Cuando Bernard reaparece con la intención de concretar su relación con Szabi (reemplazando la violencia de la negación con la aceptación: “No te disculpes, sí te estaba viendo. Desde el principio”), Szabi también comienza a aceptar que Áron es más que algunas noches de alcohol que culminan en contacto sexual. Pero mientras un personaje enfrenta su realidad y decide abrazarla, el otro sufre torturas y humillaciones por un secreto mal guardado y por oídos que se niegan a escuchar que la palabra en cuestión no es “pecado”, sino “amor”.

Hipatia Argüero Mendoza.

Reseña: Hoje eu quero voltar sozinho

De la vista nace el amor. Pero también del oído y del tacto, del calor particular despedido por una persona, de su olor, de su aroma, del mero sentir de su presencia. De la combinación de todos estos sentidos nace mi amor más reciente: el primer largometraje del brasileño Daniel Ribeiro. La premisa de esta cinta surge de una pregunta que tiene muchas respuestas: ¿cómo o por qué nos enamoramos? Durante la sesión de preguntas y respuestas después de la proyección especial para el Premio Maguey del Festival Internacional de Cine en Guadalajara, el director declaró que quería hacer un filme sobre un personaje que nunca hubiera visto a una mujer o a un hombre y plantear por qué o cómo se enamoraría de una u otro. Este personaje, Leo (Ghilherme Lobo, impecable), vive las tormentas en vasos de agua de cualquier adolescente con una importante excepción: es ciego. Para este chico hay cosas imposibles: la independencia total, andar en bicicleta, ver una película, salir solo de noche e incluso gustarle tanto a alguien como para que quiera besarlo.

Leo busca un escape innecesario. Quiere probarse a sí mismo y al mundo que su modo de percibir es distinto pero no paralizante. Durante el planteamiento de la sobreprotección que este joven vive por parte de sus padres, su madre lo regaña por estar fuera cuando está oscuro. “Para mí siempre está oscuro”, responde Leo.

La película no es sobre un triángulo en sí, es esa cosa extraña que sucede cuando la amistad se vuelve confusa y sus límites se difuminan con la cobardía adolescente y la necesidad hormonal de tocar un cuerpo ya. Los tres personajes son entrañables por lo cercano que resulta su planteamiento (en realidad probablemente no conozca a nadie así, pero la regresión a la preparatoria es inevitable; la sensación de “yo estuve ahí”). Giovana (Tess Amorim, de un rango dramático impresionante para su edad y un timing cómico genial) es la mejor amiga de Leo y, obvio, está enamoradísima de él. Ella es la única persona que, ya sea por costumbre o por una consciencia imposible de apagar, entiende y asume la ceguera de Leo, no como una fuente de preocupación (que en gran medida es el caso de sus padres) ni como una característica olvidable. Es, en todo caso, un hecho. A pesar de saber que su mejor amigo no la puede ver verlo, Giovana evita las miradas prolongadas y el tacto “accidental”, incluso en los momentos más íntimos de complicidad y charla sexual. Giovana espera. Espera a que Leo de la señal que confirme una sospecha mínima. Señal que nunca llega pero siempre está ahí, latente.

La llegada de Gabriel (Fabio Audi) cambia todo en la amistad de estos dos personajes esenciales en la cotidianidad del otro. Es la ruptura de la rutina lo que aleja a Giovana de Leo. De pronto ella y todas sus funciones dentro de la vida de Leo son ocupadas por Gabriel. La amiga de toda la vida es reemplazada por el capricho del momento.  Esto siente Giovana cuando la atención de su amigo gira hacia el chico nuevo que todos desean. Gabriel es hermético de una forma muy cool (no hay otra manera de decirlo, para hablar en términos adolescentes hay que usar, precisamente, términos adolescentes). Pero Gabriel no es un chico cool más, no es el gran partido al que Karina (personaje construido más por las menciones hilarantes de Giovana que por de hecho aparecer en la película) quiere conquistar para probarse madura y extrovertida. No, Gabriel es el chico que hace posible lo imposible.

Gabriel comparte su vista con Leo, convierte lo visual en sonidos, en tacto. El amor nace, no de la vista (al menos no en el caso de Leo), sino de todo lo demás. Este amor es conflictivo por las razones que todos los amores lo son: los juegos de me gustas, no me gustas, el eterno estira y afloja de las personas que se mueren por experimentar la cercanía emocional y física. Gabriel y Leo son dos hombres, sí, pero su relación es retratada con la inocencia (y franca estupidez adolescente) del primer amor.

Después de la película una espectadora preguntó si los protagonistas y el director son gays o no, y si eso había dificultado o facilitado su trabajo. Ghilherme Lobo respondió no ser homosexual, pero dijo algo que el mundo debería escuchar más seguido: el hecho de que yo no lo sea no significa que no es mi problema. Dijo que cualquiera puede serlo, sus hermanos, sus amigos y amigas. Es un asunto humano, no de si te toca o no te toca poner tu granito de arena sólo porque te afecta directamente. Esta película retrata eso: el ser humano de tres personajes que apenas entienden su posición en el mundo.

Los diálogos (particularmente los de Giovana, quien constantemente tira dardos que dan justo en el blanco) son naturales para estos personajes. Hablan como nosotros hablaríamos si habláramos portugués y por una mala (o buena) jugada del destino tuviéramos 15 años. Esto, claro, no tengo manera de saberlo, pero sí de sentirlo. Porque esta película, al igual que sus personajes repletos de emociones incontenibles (o contenibles pero con malos resultados) es emoción pura. Los gritos, suspiros, “ohs”, “ahs” y “tss”  audibles durante la proyección (como de salón de prepa, lo juro) son prueba de que una gran mayoría de los espectadores estaba experimentando la película como si fueran recuerdos propios, como si todo fuera muy real por lo real que se siente.

Quizá lo único inverosímil de la película sea que nadie a esa edad escucha música tan buena en las fiestas (Belle and Sebastian, David Bowie); o a lo mejor siempre fui a las fiestas equivocadas. Sin embargo, como la adulta que soy agradezco infinitamente esas intervenciones de mi presente y de mi pasado no tan pasado en la ficción.

Como Leo, Giovana y Gabriel, debo decir, estoy enamorada, si bien de tres personajes de ficción, su historia y esta cinta.

Hipatia Argüero Mendoza

Reseña Maguey: Floating Skyscrapers

A través de la puerta cerrada del baño de un gimnasio se escucha el distintivo gemir del placer sexual. La puerta permanece cerrada y lo que sea que esté pasando en el interior, secreto.

La segunda película del director polacoTomasz Wasilewski narra la historia de Kuba (Mateusz Banasiuk), un hombre cuya vida interior se desarrolla bajo el agua y tras puertas cerradas a pesar de llevar una rutina en la que la privacidad es prácticamente imposible. Este nadador profesional comparte un pequeño departamento con su novia, Sylwia (Marta Nieradkiewicz, extraordinaria) y con Ewa (Katarzyna Herman), personaje difícil de ubicar al inicio de la película por su edad y por la relación tan franca que lleva con el protagonista (¿amiga? ¿hermana? madre). La rivalidad entre las dos mujeres en la vida de Kuba lo incomoda sorprendentemente poco, y la extraña cercanía erótica que tiene con su madre (a quien le lava la espalda en la tina y besa en la boca) resulta natural dentro de un mundo lleno de represión contradictoria.

La vida secreta de Kuba incluye admirar en silencio los cuerpos esculturales de los atletas que entrenan a su alrededor, así como algunos encuentros casuales en los baños de la alberca. No es hasta la aparición de Michal (Bartosz Gelner), un amigo en común del círculo de Sylwia, que Kuba considera romper su rutina y buscar algo más que sexo con otro hombre.

El planteamiento del conflicto y contexto de Kuba incluye el punto de vista de Sylwia, quien con frecuencia termina sola en la cama cuando los intentos de intimidad sexual con su novio se ven interrumpidos por algún factor externo. La gradual destrucción de esta pareja es desconcertante por la aparente normalidad que los rodea; son honestos, abiertos e incluso permisivamente invasivos, y sus interacciones amorosas se sienten genuinas en casi todo momento. Tanto la actuación como el personaje de Sylwia en más de una ocasión roban el interés durante el desarrollo de la trama principal.

Wasilewski cierra este triángulo introduciendo la perspectiva de Michal, quien se encuentra en el punto sin retorno de hablar abiertamente sobre su sexualidad con su familia y enfrentar la homofobia de su padre. Esta subtrama permite un vistazo a la estructura familiar tradicional polaca y los distintos grados de homofobia que oscilan entre “es una fase” y golpizas tremendas con fines didácticos.

El gran acierto de Floating Skyscrapers, plantear las varias capas de un personaje más allá de su homosexualidad, es también una de sus debilidades. La fragmentación de perspectivas para contar trama y subtrama, aunque efectiva, es en general desequilibrada. Kuba es un personaje complejo construido a partir de pequeñas acciones (como vaciar dos flautas de champaña en una sola para beberla de un trago, perseguir y golpear a un extraño que se refiere a él como “puto”, y declarar su amor con una erección). Sin embargo, el otro personaje que podría considerarse mucho más secundario si no fuera por los breves pero importantes giros de punto de vista, no queda del todo claro fuera del marco temporal de la cinta.

Floating Skyscrapers

Esto último es una muestra del tipo de personajes que el director mismo declaró querer replantear en una entrevista con So So Gay. En ella el director expresó su interés por retratar personajes humanos y no definidos únicamente por su sexualidad o el conflicto que la misma genera en ellos:

Floating Skyscrapers retrata a Kuba como un ser humano. Sí, es homosexual, pero no es lo más importante. Kuba es hijo y nadador, tiene sueños y una novia. Su homosexualidad no es lo más importante, aunque es lo que lo empuja a tomar ciertas decisiones y por momentos determina su vida”.

– Tomasz Wasilewski, entrevista para So So Gay

En esta entrevista Wasilewski sólo menciona a Kuba, sin embargo la cinta no sólo se concentra en él. Si aplicáramos la prueba de Bechdel (la cual sirve para determinar si una película contiene personajes femeninos bien construidos o no con tres preguntas: ¿Hay mujeres con nombre? ¿Hablan entre ellas? ¿Hablan de algo que no sea otro hombre?), Michal no pasaría, pues Kuba es su principal tema de conversación, motor y fuente de conflicto. En realidad no sabemos si tiene sueños y conocemos a su familia pero sólo de manera superficial y en el contexto de su homosexualidad.

Curiosamente y a pesar de su presencia tangencial en el triángulo, la madre es el personaje mejor construido . Es ella, con sus complejos y rivalidades, quien determina el desarrollo de la historia. Al igual que Kuba, Ewa está en los pequeños detalles: en su intento de aprender japonés para un viaje que nunca hará, su pasado amoroso cuando eligió a otro hombre sobre su propio hijo, y los celos y odio que siente hacia Sylwia.

Esta película cuenta una historia sólida a través de momentos de genialidad narrativa que vale la pena destacar. Wasilewski construye escenas de conflicto extremadamente poderosas por estar ubicadas en momentos de contraste casi cómico. El punto más álgido del cambio en Kuba sucede durante la competencia de natación más importante de su carrera. Después de cometer el más poético de los autosabotajes –flotar sin propósito a la mitad de la alberca cuando estaba a punto de coronarse campeón–, Kuba escucha los regaños de su entrenador durante una práctica del equipo de nado sincronizado. La toma panorámica y la música animada generan la sensación de lejanía con la que Kuba escucha las palabras de su entrenador frustrado.

Wasilewski utiliza un recurso similar cuando Michal finalmente declara ser gay durante una cena familiar. El enunciado pasa prácticamente inadvertido entre la conversación casual de su familia, lo cual resulta muy anticlimático para este personaje considerando la importancia de expresar su identidad sexual en voz alta por primera vez. Los oídos sordos de esta familia son uno de los muchos síntomas de la homofobia latente en la sociedad polaca, donde incluso la madre más cercana rechaza a su hijo y prefiere a la mujer que odia sobre un hombre por ser hombre. En este sentido, Floating Skyscrapers cumple con el retrato social que promete, pero lo hace desde una mirada casi derrotista o de condena.

Hipatia Argüero Mendoza

Fuente:

http://sosogay.co.uk/2013/interview-tomasz-wasilewski-polands-first-lgbt-film/

Ficción Maguey: Películas en competencia FICG29

“Explotando el impacto del cine en la sociedad moderna y con la finalidad de promover una cultura de tolerancia y no discriminación, el Festival Internacional de Cine en Guadalajara en su edición número 29 (FICG29) presenta por tercera ocasión el Premio Maguey; un galardón otorgado a las producciones cinematográficas que exponen narrativas sobre una sexualidad abierta, un cine incluyente de aceptación a la diversidad sexual en todas sus manifestaciones, que concede voz a las “minorías” que hasta el momento resisten ante la opresión.
El Premio Maguey está a favor del cine LGBTTTI (lésbico, gay, bisexual, transexual, travesti, transgénero e intersexual) que busca la erradicación de la homofobia y de la discriminación sexual en el mundo. Un total de 18 películas provenientes de 14 países conforman la Selección Oficial para competir por el Premio Maguey 03.”

Comunicado de prensa FICG29

El Festival Internacional de Cine en Guadalajara presenta las películas de ficción que formarán parte de la tercera edición del Premio Maguey.

Cuatro Lunas, Sergio Tovar Velarde, México, 2014 (También compite por Premio MEZCAL.)

El segundo largometraje de Sergio Tovar Velarde (después de su ópera prima, Aurora Boreal, estrenada en el Festival de San Sebastián en 2010) es la única película mexicana seleccionada para este premio. La cinta narra cuatro historias paralelas unidas por un conflicto similar relativo a la homosexualidad, el descubrimiento de la identidad sexual y su aceptación, a través de personajes pertenecientes a cuatro generaciones distintas.

 

La Dune, Yossi Aviram, Israel, 2013

El primer largometraje de Yossi Aviram como director narra el cruce de dos personajes de mundos distintos:  Hanoch, un reparador de bicicletas israelí de cuarenta y tantos, y Reuven, un detective francés encargado de encontrar a personas desaparecidas que está a punto de retirarse.

Tras declarar no estar listo para ser padre, razón por la cual su esposa interrumpe su embarazo y se separa de él, Hanoch sale del país con el fin de seguir de manera silente y por razones desconocidas al mismo Reuven. Por su parte Reuven, quien lleva una sólida vida de pareja con Paolo desde hace mucho tiempo, está en medio de una crisis por los cambios de la vejez. Sin embargo, decide aceptar un último caso: el de Hanoch.   La película está construida casi sin diálogos y a partir de la dilatación de un misterio que se aclara poco a poco. 
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Dvojina // Dual, Nejc Gazvoda, Eslovenia, 2013

Esta cinta explora la complicidad y la relación breve pero intensa entre dos mujeres que se encuentran por casualidad durante la pausa antes de la tormenta de sus vidas. El vuelo de Iben se cancela por problemas climáticos y Tina es la encargada de manejar el autobús del aeropuerto que llevará a los pasajeros a un hotel. Este acercamiento entre dos extrañas que no comparten lenguaje ni contexto, se complica por el secreto de una y por el poco entendimiento de la otra.

Dual se refiere a un antiguo número gramatical que sobrevive en algunos lenguajes indoeuropeos incluyendo el esloveno. A diferencia del plural, que incluye una cantidad indeterminada de sustantivos a partir de dos, la forma dual sirve para identificar a dos objetos o sujetos precisos.

 

Freier Fall // Free Fall, Stephan Lacant, Alemania, 2013

El trailer de esta película la llama “La Brokeback Mountain alemana” (en referencia a Secreto en la montaña de Ang Lee, 2005), sin embargo este enfoque parece ser más una técnica de marketing que una descripción adecuada de la cinta. Los personajes son Marc y Kay, policías que se encuentran en un campamento de entrenamiento e inmediatamente sienten una gran atracción. Marc ha construido la vida que quiere, o pensó querer: una buena relación con su novia, cercanía con sus padres y un bebé en camino.

Hasta ahora hay más de un par de elementos en común con la cinta de Lee, sin embargo hay una diferencia fundamental: la elección del personaje central no está entre la vida y la muerte, entre aceptar o negar por un sentido de autopreservación, y no está ubicada en el callejón sin salida de la homofobia más dura. Free Fall (o Caída libre, que sería su traducción literal) retrata una lucha interna moderna y terrible por lo difícil que es justificarla, porque el adulterio en la ficción está bien siempre y cuando sea por amor verdadero, ¿pero cómo justificamos la lujuria? Más que un enfoque maniqueo de “amor verdadero” vs autoengaño, esta cinta plantea al personaje de Marc en medio de un conflicto pocas veces abordado: la bisexualidad.

 

 

Getting Go, the go doc project, Cory Krueckeberg, EUA, 2013

Si cada vez que nos obsesionamos con una persona decidiéramos contactarla y pedirle que protagonizara un documental, habría muchísimas películas como esta. Este falso documental es el sueño cumplido de un fan de internet, el drama de que la ficción alrededor de un personaje admirado y construido desde lejos invada la realidad (que en realidad invade a la ficción porque, de nuevo, no es un documental).

 

Gerontophilia // Gerontofilia, Bruce La Bruce, Canadá, 2013

Si la categoría de “películas de serie B/videoarte queer” existiera, Bruce LaBruce sería el rey. En esta ocasión, LaBruce se aleja de la experimentación (la cual se puede admirar en la extraordinaria y reciente Pierrot Lunaire), y opta por una historia lineal, más convencional y dentro del género de la comedia romántica. Por supuesto, viniendo de LaBruce, no podemos esperar demasiada convención y probablemente sea buena idea no asumir que, por ser tan diferente a sus trabajos anteriores, no habrá un par de escenas que nos hagan cerrar los ojos o, por lo menos, sonrojarnos un poco.

 

 

Hoje eu quero voltar sozhino // The way he looks, Daniel Ribeiro, Brasil, 2013 (También compite por Largometraje Iberoamericano de Ficción).

Basada en el cortometraje del mismo director “Eu Não Quero Voltar Sozinho”, esta película brasileña ha arrasado en los festivales internacionales. Este año Daniel Ribeiro y su equipo han recibido una serie de galardones importantes incluyendo el premio Teddy de la Berlinale.

 

Pelo Malo, Mariana Rondón, Venezuela, 2013 (También compite por Largometraje Iberoamericano de Ficción).

Un niño tiene un deseo muy simple: alaciar su cabello. Esto genera un constante conflicto con su madre, quien en medio de una crisis laboral, reacciona con cierta homofobia al comportamiento de su hijo de ocho años. La cinta no se reduce al descubrimiento de la sexualidad de un personaje ni a la confrontación familiar resultante, sino que pone el contexto, la pobreza e inestabilidad de Venezuela, en en centro de una serie de “ideologías fallidas”, como dice Jay Weissberg en su crítica para Variety.

 

 

Plynace wiezowce // Floating Skyscrapers, Tomasz Wasilewski, Polonia, 2013

La segunda cinta de Tomasz Wasilewski ha sido llamada “la primera película gay de Polonia”. En una entrevista para So So Gay, Wasilewski explicó la carencia de protagonistas homosexuales (siempre están en el fondo) y, sobre todo, la necesidad de construir un retrato humano y no caricaturizado de un personaje cuya sexualidad genera cambios y desata conflictos pero no es el único rasgo definitorio.

“Por un lado, la gente dice que necesitamos personajes así en el cine polaco. Por el otro, la película e incluso el cartel promocional detonaron mucha controversia. De pronto una ola de odio dirigido a las minorías sexuales inundó el Internet. Al parecer la cinta revivió la discusión. Estamos contentos de haber hecho una buena película sobre personas reales. Es lo más importante”.

– Tomasz Wasilewski

 

 

Sarah préfère la course, Chloé Robichaud, Francia (Quebec), 2013

Esta es la historia de un personaje cuya indiferencia ante la vida es casi patológica. Sarah es una joven de 20 años con un sólo interés: correr. Sarah puede decir que sí a casi cualquier cosa u oportunidad que le permita seguir corriendo. Es por esto que acepta mudarse a Montreal y casarse con un compañero para ser acreedora de las ventajas del matrimonio por conveniencia. En realidad, Sarah corre para alejarse de sí misma y para evitar todas las emociones que generan desconcierto en el espectador precisamente porque no están presentes, o por lo menos no de manera visible.

La directora, Chloé Robichaud, es una de las pocas mujeres que compiten por este premio este año.

 

Snails in the Rain, Yariv Mozer, Israel, 2013

El cine israelí de los últimos años incluye muchas cintas de temática LGBT (en esta lista hay dos, por ejemplo). Por lo general están ligadas al conflicto armado, el ejército o la guerra en general. Snails in the Rain se suma a estas cintas de manera muy distinta, pues se trata de un rompecabezas cuyas piezas surgen de los recuerdos de Boaz, un exmilitar que vive con su novia. El orden natural de las cosas cambia cuando recibe cartas anónimas que, evidentemente, fueron escritas por un hombre. Esto hace que Boaz reviva su tiempo en el ejército y se enfrente con sentimientos reprimidos y secretos.

Para ponerlo con un poco de humor, “Boaz (Yoav Eruveni) es un hombre muy atractivo, se nota con sólo un vistazo. Pero si por alguna razón los espectadores no están tan seguros, la escena inicial de Snails in the Rain es básicamente un montaje de todo ser vivo (mujeres, hombres y caracoles) mirándolo como si quisieran devorarlo” (reseña en So So Gay).

 

 

TEST, Chris Mason Johnson, EUA, 2013

Esta película está ubicada en San Francisco en 1985, es decir, durante los primeros años del VIH/SIDA. Se trata de un momento incertidumbre de paralizante (¿qué significa ser VIH positivo?) en el que la mejor alternativa es el alivio de elegir no saber. Test retrata un momento en que decidir enfrentar la enfermedad implicaba terminar en un aislamiento absoluto y con una sentencia de muerte. Es triste pensar que una película así tenga tanta relevancia hoy en día cuando se ha llegado a un entendimiento mucho más profundo de esta condición, lo cual anularía muchas de las supuestas razones que durante muchos años sustentaron la discriminación.

 

 

Tom à la ferme // Tom at the Farm, Xavier Dolan, Canadá 2013

Tom à la ferme es el cuarto largometraje dirigido por esta joven promesa del cine, Xavier Dolan, quien a sus 24 años se ha desempeñado como productor, actor, escritor y director. Después de su debut con I Killed my Mother (2009) y su éxito en festivales con la ambiciosa Laurence Anyways (2012), ambas relativas a temas de identidad sexual, Dolan presenta la historia de Tom, un joven que decide ir al funeral de su amante en la casa de sus padres. La familia de Guillaume no sabe de su relación con Tom y optan por creer la historia un tanto inverosímil con la que el joven explica su presencia en el funeral. Sin embargo, Francis, hermano mayor de Guillaume sabe la verdad y la utiliza para amenazar a Tom y abusar de él física y mentalmente.

“Aunque la cinta está basada en la obra teatral de Michel-Marc Bouchard (quien comparte el crédito de guión con Dolan), hay muchos guiños a la literatura de Patricia Highsmith, pues se trata de una historia de identidades asumidas pero elásticas y rivalidad masculina con carga erótica. No parece ser accidental que el protagonista difícil de conocer comparta el nombre del engañoso antihéroe de Highsmith: Tom Ripley”.

– Guy Lodge, Variety

 

Viharsarok //Land of Storms, Ádám Császi, EUA, 2014

Szabolcs (András Sütö) y Bernard (Sebastian Urzendowsky) son mejores amigos que viven juntos y juegan en el mismo equipo de futbol alemán. Después de perder un partido, Szabolcs (apodado Szabi de cariño) decide ir a su casa en Hungría donde conoce a otro joven, Áron. Juntos comienzan una relación peligrosa por el contexto de homofobia en el que viven, demasiado expuestos al infierno chico del mundo rural y a las presiones sociales y de familia que los rodean. Las cosas se complican aún más cuando Bernard aparece buscando retomar su relación con Szabi.

“Land of storms no titubea al retratar la homofobia, ya sea en las frases escupidas durante el entrenamiento deportivo o a través de las brutales golpizas en el espacio rural. Szabi se convierte en un héroe por sobrevivir las pedradas del odio más indignante, no de manera directa dentro de la trama, sino por el subtexto.Por otro lado, la intensidad introspectiva de Sutö amplifica el conflicto de un hombre que apenas ha comenzado a creer que puede controlar su propio destino, y no vivir como otros quieren”.

– Jay Wisseberg, Variety

Fuentes:

http://sosogay.co.uk/2013/interview-tomasz-wasilewski-polands-first-lgbt-film/

http://sosogay.co.uk/2013/uk-jewish-film-festival-review-snails-rain/

http://variety.com/2013/film/reviews/cannes-film-review-sarah-prefers-to-run-1200488112/

http://variety.com/2013/film/reviews/tom-at-the-farm-review-venice-toronto-1200596353/

http://variety.com/2014/film/reviews/berlin-film-review-land-of-storms-1201112827/

Riviera Maya con perspectiva de género

En la programación 2014 del RMFF abundan filmes relacionados con temas como la sexualidad, la maternidad, el desafío de los roles tradicionales de género, la feminidad, la masculinidad, la prostitución y la violencia de género.  Resulta destacable la presencia importante de directoras en el programa de la edición 2014 del Riviera Maya Film Festival en casi todas las secciones a excepción de la Plataforma Mexicana (esto último es digno de reflexión).

A continuación  las 8 cintas que MICGénero seleccionó como parte de nuestras recomendaciones con perspectiva de género:

1. La vida después, David Pablos, México, 2013 – Sección: Plataforma mexicana

Esta ópera prima es una exploración de la figura materna, la formación de lazos emocionales durante la infancia y su ruptura durante el crecimiento. En esta película los roles tradicionales se cuestionan, así como el mito de que los miembros de una familia necesariamente se deben querer, aunque sea sólo por el hecho de compartir genes, los cuales, cabe añadir, implican una herencia de rasgos físicos y emocionales (para bien y para mal). Tras la muerte de su padre, Silvia (María Renee Prudencio), sufre una depresión clínica que le dificulta cumplir con las expectativas de madre de su hijo mayor, Rodrigo (Rodrigo Azuela). Diez años después, la depresión de Silvia no ha desaparecido y Rodrigo se ha convertido en un adolescente recalcitrante y amargo que le guarda rencor a su madre por reconocerse en ella. Por otro lado, Samuel (Américo Hollander), hijo menor de Silvia, ocupa el lugar de cuidador empático. Un día Silvia desaparece y los hermanos deciden emprender un viaje para buscarla.

“El hijo mayor se reconoce demasiado en la madre , lo que provoca un rechazo hacia ella. El hermano mayor es testigo de muchas cosas que el menor no sabe y su manera de canalizarlo es a través de la violencia”, dijo Pablos en una entrevista.

 

2. Salma, Kim Longinotto, Reino Unido, 2013 –  Sección: Planetario

El documental de esta celebrada realizadora inglesa conocida por una serie de documentales sobre mujeres y temas de género, cuenta la historia de Salma, mujer musulmana de un pequeño pueblo en el sur de India, quien a los 13 años fue encerrada en un cuarto para evitar que estudiara. Salma vio la vida pasar por una pequeña ventana al ras del piso y, después de 6 años, fue obligada a casarse con un hombre que continuó su encierro. Así vivió 25 años. Su única salvación: las palabras. Esta mujer desafió los límites de cuatro paredes  y una familia. Al final no sólo logró escribir poesía, a pesar de las amenazas y violencia de su esposo, también logró publicarla. Salma encontró la libertad en la prisión y, a pesar del intento de aislarla del mundo, se convirtió en la poeta tamil contemporánea más importante. En este documental, Salma, ahora activista política y escritora, regresa a su pueblo a confrontar una realidad que ha cambiado a paso lento, casi imperceptiblemente. 

 

3. Me llamo hmmm, agnés b, Francia, 2013 – Sección: Gran Público

Esta película, ópera prima de Agnes B, conocida por su trabajo en el diseño de moda y la producción (productora ejecutiva de Spring Breakers de Harmony Korine, por dar un ejemplo de una larga lista), es una road movie accidental. Céline (Lou-Lélia Demerliac) vive en un ambiente de negligencia y violencia. Su madre está ausente, su padre abusa de ella y su infancia está dedicada a cuidar a sus hermanos menores. Céline aprovecha una excursión de la escuela a la playa para escapar. Decide esconderse en la parte trasera de una casa rodante y, cuando despierta, su viaje con el conductor del automóvil, Peter Ellis (Douglas Gordon), ha comenzado. Esta pareja improbable tiene problemas para comunicarse pero terminan por entender las cosas más fundamentales de la vida una y otro.

 

4. Movimientos de noche, Kelly Reichardt, Estados Unidos, 2013 – Sección: Galas

Esta cinta sobre tres activistas ecologistas (Dakota Fanning, Peter Saarsgard y Jesse Eisenberg) se inserta de manera natural en la carrera fílmica de Kelly Reichardt, quien ha realizado cinco largometrajes, entre ellos Wendy y Lucy (2009) y El atajo de Meek (2010). La preocupación de esta directora por temas relativos a la naturaleza y las políticas del medio ambiente se hace notar en los escenarios que ha utilizado a lo largo de su filmografía, la “américa salvaje” de las regiones rurales estadounidenses. En esta ocasión Movimientos de noche (Night Moves) explora los límites del activismo y el ecoterrorismo mientras sus protagonistas se preparan para bombardear una presa hidroeléctrica.

 

5. Cómo desaparecer por completo, Raya Martin, Filipinas, 2013 – Sección: Panorama autoral

Cinta de terror protagonizada por una niña que busca desaparecer. Todos los días sale a jugar al bosque para escapar de su madre obsesionada con pasajes bíblicos y su padre alcohólico. El guionista, director y escritor filipino, Raya Martin, presenta una película sobre la realidad de una familia a través de elementos fantásticos y convenciones del género de terror estadounidense. Sin embargo, su estilo se centra en las imágenes.

“Martin favorece la abstracción y por eso la cinta se desarrolla más por la coherencia emocional y psicológica de los personajes que por las exigencia de una historia de narrativa convencional. Conocemos la construcción básica de los personajes: una niña, su madre religiosa y su padre perennemente intoxicado, con un fantasma en la periferia. También sabemos de las presiones que aquejan a la familia, desde la inestabilidad económica, hasta el exceso de vicios y, de manera aún más alarmante, indicios de abuso sexual. En lugar de construir la historia alrededor de estos elementos, Martin enriquece pocas situaciones y acciones haciendo énfasis en el sonido y la imagen y no sobre el contenido retratado”.

– Calum Marsh

 

6. Señorita violencia, Alexandros Avranas, Grecia, 2013 – Sección: Panorama autoral

Angeliki salta del balcón de su casa en su cumpleaños número once. Esto desencadena una investigación sobre esta familia, que en un principio aparentaba cierto grado de funcionalidad, lo cual comienza a develar una serie de terribles secretos. Avranas se suma a lo que la crítica ha llamado el nuevo cine griego, cuyos exponentes (Yorgos Lanthimos con Dogtooth o Athina Rachel Tsangari con Attenberg) retratan familias rotas que viven sus conflictos con violencia velada y sutil. Construida como un rompecabezas, el segundo largometraje de este director invita al espectador a hacer un trabajo detectivesco a lo largo de la cinta para descubrir qué se esconde detrás de la sonrisa de una niña que se precipita a su muerte sin razón aparente.

 

7. Agua estancada, Shinji Aoyama, Japón, 2013 – Sección: Panorama autoral

Una cinta sobre la violencia en relaciones de pareja y la repetición de patrones de abuso en distintas generaciones. Toma, joven de 17 años, detesta la manera en la que su padre trata a su amante, Kotoko. Cuando él comienza a una relación con Chigusa, cae en cuenta de que está haciendo lo mismo. El conflicto padre-hijo es el hilo conductor de esta historia sobre violencia confundida con amor. El filme está basado en la novela corta de Shinya Tanakawhich que en 2011 ganó el premio literario más importante en Japón, el Premio Akutagawa.

 

8. Gerontofilia, Bruce La Bruce, Canadá, 2013 – Sección: Gran público

El trailer promocional de este filme cierra con la sobre utilizada frase “No es otra…” Por lo general las películas se jactan de ser distintas dentro de una fórmula definida precisamente cuando no lo son. Sin embargo, en el caso de Gerontofilia (escrita y dirigida por el prolífico Bruce La Bruce, quien acaba de sorprender al público de Berlín con Pierrot Lunaire (2014)),  basta ver el trailer para saber que, en efecto, no estamos ante otra comedia romántica. Aunque la cinta está construida a partir de los enredos y dilemas sentimentales necesarios para contar una historia en este género cinematográfico, las cartas están volteadas y los clichés pierden su efecto de “ya lo he visto antes” por estar asociados a un fetiche sexual poco común.

Fuentes:

http://www.vanguardia.com.mx/debutaelmexicanodavidpablosenlamostraconlavidadespues-1824617.html

http://www.wmm.com/salma/

http://www.film.com/movies/rotterdam-review-how-to-disappear-completely