Libertad de expresión y asociación: clave para combatir homofobia y transfobia

Declaración conjunta de expertxs en derechos humanos de la ONU, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, especialista de la Comisión Africana de los Derechos Humanos y de los Pueblos, y representantes de la libertad de los medios de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa.

“Aprovechamos este día para recordarle a los Estados su obligación de proteger, promover y hacer cumplir los derechos universales se los seres humanos sin discriminación. La existencia de la desaprobación social ante la diversidad de orientaciones sexuales e identidades de género no justifica la violencia y la discriminación contra las personas LGBTI.

Por ello, estamos muy preocupados por la existencia y reciente adopción de leyes en distintos países que prohiben la difusión de información sobre orientación sexual y temas relacionados a la identidad sexual. Estas leyes restringen de manera arbitraria el derecho a la libertad de expresión y a la libertad de asociación pacífica.

Expresamos un rechazo absoluto a los argumentos que establecen la necesidad de restringir los derechos de las personas LGBTI para proteger la moral pública, la salud o el bienestar de una comunidad vulnerable. En lugar de proteger, estas leyes incentivan la estigmatización, abuso y violencia contra personas LGBTI. La prohibición de información relativa a la salud es dañina para el bienestar físico y mental de la sociedad en general.

Lxs defensorxs que abogan por los derechos de individuos LGBTI se enfrentan a diversos retos durante su trabajo, incluyendo amenazas, ataques, criminalización de sus actividades y campañas de difamación. Además, las reuniones pacíficas, marchas y desfiles LGBTI suelen ser prohibidos o confinados a sedes al margen de la mirada pública. En muchos países, la seguridad de los participantes con frecuencia no se garantiza por las autoridades de protección pública. Las organizaciones dedicadas a defender los derechos de las personas LGBTI suelen ser objeto de supervisión excesiva por parte del Estado y se enfrentan a multas, extorsiones y amenazas de suspensión de actividades por razones arbitrarias y discriminatorias.

A pesar del aumento en el número de Estados que han abolido políticas y rechazado propuestas de leyes que discriminan a la población con base en su orientación sexual e identidad de género, 77 países aún criminalizan las relaciones consensuales entre adultos del mismo sexo. Algunos países también criminalizan ciertas identidades y expresiones de género, lo cual afecta a personas trangénero. Estas leyes de discriminación violan las normas internacionales de derechos humanos, catalizan la violencia y discriminación contra las personas LGBTI, y contribuyen a una cultura de impunidad, además de perpetuar entornos hostiles. Todas estas leyes deben ser revocadas.

Los Estados deben construir un clima de tolerancia y respeto en el que todas las personas, incluyendo individuos LGBTI y quienes defienden sus derechos, puedan expresar sus pensamientos y opiniones sin miedo a ser atacadxs, criminalizadxs, o estigmatizadxs por hacerlo. Los Estados deben asegurar su participación en las iniciativas de las personas que han sufrido las consecuencias de prácticas y políticas discriminatorias”.

Texto completo: http://ilga.org/ilga/en/article/oErkuIY13B

Traducción: Hipatia Argüero

Día Internacional contra la Homofobia y la Transfobia: orígenes y metas

El Día Internacional contra la Homofobia y la Transfobia fue creado en 2004 con el fin de llamar la atención de lxs líderes de opinión, movimientos sociales, gobiernos y medios para combatir la discriminación y violencia que las personas LGBTTI viven en todo el mundo.

La fecha, 17 de mayo, se eligió para conmemorar el día en que la Organización Mundial de la Salud decidió retirar la homosexualidad de la lista de enfermedades y trastornos mentales en 1990.

El Día Internacional Contra la Homofobia y la Transfobia es reconocido en Bélgica, el Reino Unido, México, Costa Rica, Holanda, Francia, Luxemburgo, España, Brasil, Croacia y por el Parlamento Europeo. Muchas autoridades locales, como el Parlamento de Buenos Aires, también han reconocido el día y lo incluyen en sus agendas locales.

Aunque el 17 de mayo aún no es un día oficial de la ONU, la mayoría de sus agencias toman acciones cada año para conmemorarlo. Navi Pillay, la Comisionada por los Derechos Humanos de la ONU declaró:

“Existen muchos días internacionales oficialmente reconocidos por las Naciones Unidas, más de 100, de hecho. Desafortunadamente el día contra la homofobia no es uno de ellos. La razón es que la Asamblea General de las Naciones Unidas no ha llegado a una resolución para clasificarlo como un día oficial. Este hecho habla por sí mismo. A pesar del progreso de los último años –y vaya que ha habido progreso admirable– muchos Estados se muestran reticentes ante el reconocimiento del alcance de la violencia y discriminación hacia las personas lesbianas, gays, bisexuales, trangénero o intersex. La realidad es que el hecho de que algunos países estén divididos frente a estos temas es razón suficiente para evitar hablarlo públicamente, por miedo a la controversia. En mi opinión, se debería hacer lo contrario: el hecho de que tantos países continúen negando los abusos o las violaciones a derechos humanos, hace que hablar de ello en cada oportunidad sea aún más relevante”.

 Existen diversas campañas para generar consciencia durante este día. Por ejemplo, en 2014 la campaña de Fondation Émergence, pionera en la conmemoración de este día, se concentrará en madres y padres del mismo sexo titulada: “Amo a mis mamás/Amo a mis papás”.

“Trabajamos para fomentar una mentalidad incluyente; es esencial deconstruir ciertos mitos”, explica Martine Roy, presidenta de la fundación. “Queremos discutir estos mitos, en específico los relacionados a las habilidades paternales y maternales de personas del mismo sexo, el desarrollo de las niñas y niños, y los modelos de paternidad y maternidad”.

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Fuentes:

http://www.unitetheunion.org/how-we-help/listofregions/scotland/latestnews/idahot—international-day-against-homophobia-and-transphobia-17-may/

http://ilga.org/ilga/en/article/oErkuIY13B

http://dayagainsthomophobia.org/who-supports-recognises-the-day/

http://www.homophobiaday.org/default.aspx?scheme=3082

Reseña: Julia de Jackie Baier

Julia es artista. Nació y creció en Klaipeda, Lituania y ahora vive en Alemania. Tiene muchos amigos y en general es muy querida. Julia es fotogénica; su belleza y la intensidad de su mirada se amplifican notablemente frente al lente de una cámara. Pelo rubio, de esos tonos que no se pueden obtener con tintes; piel tersa; labios carnosos y ojos penetrantes.  Julia es extrovertida, divertida y tiene un gran sentido del humor. Es inteligente; brillante, incluso. Habla cuatro idiomas y sabe insultar como marinero ruso. Nunca se guarda sus opiniones, se expresa libremente y cuando se equivoca acepta las consecuencias. Julia se enamora, llora y ríe. Julia es como cualquiera de nosotras. Pero no.

Julia es prostituta. Es adicta al alcohol y a la heroína. Julia prefiere no estar sobria. Recoge colillas de cigarros para fumar los restos de tabaco. No ha hablado con su familia ni regresado a su país en más de 10 años. No considera que la cocaína sea una droga. Julia arrastra las palabras con frecuencia (pero no se tambalea ni en los zapatos más altos). Julia se despide con un beso de sus clientes, un gesto más dulce que obligado. Julia pierde la consciencia en demasiadas ocasiones.

Julia puede definirse de mil maneras excepto en un aspecto, el cual alteró por completo el rumbo de su vida. Julia es mujer, pero no biológicamente: “No puedo decir que soy mujer, pero tampoco puedo decir que sea hombre. Soy algo en medio. Soy algo, pero no se encuentra en el diccionario. Soy una creación de Dios, pero una creación extraña. Dios no estaba poniendo atención cuando me hizo”, explica Julia.

En más de una ocasión, la protagonista de este documental dice que sus padres habían querido tener un hijo pero la tuvieron a ella. Está convencida de que su abuelo se sentiría decepcionado si la viera hoy en día. La relación con su pasado, la raíces de un país que dejó creyendo que en Alemania podría hacer y ser cualquier cosa, es la gran herida abierta de su vida. “Lituania estuvo tras la Cortina de Hierro hasta los años 90; la situación cuando Julia creció no es muy distinta a la de Rusia hoy en día”, dijo la directora y fotógrafa Jackie Baier (House of Shame: Chantal All Night Long, 2011) durante la mesa de cine queer y sus creadores en el marco del Premio Maguey en el FICG29. Sin embargo, Julia siempre conservó, en gran medida, su libertad. Se fue porque se eligió a sí misma, aunque resulte muy difícil de entender. Por eso trabaja en la calle, porque ahí no tiene que rendirle cuentas a nadie, elige sus propios clientes y hace las transacciones por sí misma. Julia es más libre en la calle que en muchos otros lugares, incluyendo bares y burdeles, su propia casa y el hogar en el que creció. El dolor de Julia está en mirar atrás y recordar que al final todo fue la decisión de vivir como la mujer que es y se siente, y no como el hombre que nació; el dolor está en que eso sea incompatible con la vida que pudo haber construido en su país, con su familia, con su carrera artística, con su diploma universitario.

Este documental, ganador de la mención honorífica en el Premio Maguey del Festival Internacional de Cine en Guadalajara, se separa radicalmente de otras cintas sobre prostitución por la cercanía que existe entre la directora y fotógrafa, quien conoció a Julia mientras trabajaban en un pequeño bar/burdel en Berlín. Comenzó a fotografiarla casi inmediatamente después de conocerla; la conexión entre ambas mujeres y la cámara fue como una adicción, explicó Baier en la sesión de preguntas y respuestas después de la proyección de su cinta en el FICG. Jackie ha documentado y seguido a Julia durante 10 años y la prueba está en la forma narrativa, en el amor perceptible en los encuadres, en la honestidad sin límites de la protagonista, en la imposibilidad de juzgar o intervenir.

Este filme es un retrato cercano a Julia como humana, no como prostituta ni como transexual, no como sujeto de estudio, sino como un ser amado. No pretende ser informativo ni generar un juicio social, y mucho menos apuntar dedos para señalar culpables, lo cual es una constante en documentales que (por más supuesta objetividad) dejan una sensación de dolor de mundo, de dedo en una llaga, que muchas veces sólo genera odio o malentendido por el juego maniqueo de víctimas vs victimarios. En lugar de eso, esta cinta genera el amor más profundo por una mujer completa, con todas las características que la componen, con una mente y un cuerpo libres a pesar de las circunstancias. Amor que transmite la directora (“Estoy un poco enamorada de ella, como verán en la película”, dijo Baier en la mesa de debate) a través de las fotografías que ha reunido durante años y una puesta en cámara siempre respetuosa. El tono de la película es triste, pero no por la situaciones ni por las anécdotas relatadas, sino por los aspectos formales. Uno de los elementos más destacables de la cinta es la música, que más que manipular al espectador a sentir lástima, tristeza o empatía, complementa la belleza de las imágenes, en especial cuando vemos a la hermosa Julia en los múltiples retratos en de Baier.

Baier dijo que le interesa la visibilidad, no de su película como obra artística ni de denuncia, sino de Julia como persona. Porque más que hablar de ella, este documental deja que Julia hable, muestre los aspectos que quiere mostrar de sí misma y a través de ellos plantee una realidad que muchas veces se nos escapa. Debajo de las etiquetas más obvias, comenzando por el sexo, el género, el aspecto físico y la raza, hay todo un mundo interior. La prostitución se puede generalizar como problema o fenómeno; se puede estudiar las causas y analizar los contextos; se puede contabilizar cuántas personas mueren en un año por violencia relacionada al trabajo sexual, por el uso de drogas en este medio o por la falta de atención médica o psicológica. Sin embargo, las historias son infinitas y la de Julia, aunque sea sólo una, o peor, una más, nos recuerda que estamos ante seres humanos y no estadísticas. Los números son personas reales. A veces se nos olvida.

 Hipatia Argüero Mendoza

Reseña Maguey: Out in the Line-up

Un día Thomas Castets se hizo una pregunta que toda persona se ha hecho en algún momento: ¿Habrá alguien más como yo en el mundo? En las últimas décadas Internet ha facilitado esta búsqueda de intereses afines y ha generado vínculos improbables entre gente que jamás se hubiera encontrado de otra manera. Castets, entonces, buscó todas las combinaciones de palabras clave que se le ocurrieron para contactar a otros surfistas homosexuales que, como él, pertenecían a una comunidad deportiva rodeada de machismo, prejuicios y estereotipos. Nuestro mundo es tan grande y tan diverso que resulta simplemente inexplicable que antes de Thomas nadie hubiera hecho visible la existencia de personas homosexuales en este deporte, ni siquiera con el anonimato permitido por la red. “Sólo encontré porno muy malo”, dice Castets en la cinta.

Como dijo hace unos días Cheryl Dunye –directora, escritora, actriz y productora– cuando habló de la carencia de representación de personas como ella en el cine (mujer, negra, homosexual, entre muchas otras cosas): si nadie lo ha hecho, hazlo tú misma. Castets decidió hacer lo que nadie había hecho y generó una página de internet que se convertiría en el primer eslabón de una enorme cadena: gaysurfers.net

El documental Out in the Line-up, producido por Castets y dirigido por Ian Thomson cuenta la historia de varias personas que habían asumido su soledad y la necesidad de guardar un secreto. Sin embargo, al igual que el fundador de la página, no habían dejado de buscar palabras clave en Internet. De pronto, una simple señal de vida de un extraño pasando por lo mismo fue la semilla de una comunidad que ha cambiado la perspectiva de mucha gente. David Wakefield, el primero de muchos surfistas gays en establecer contacto, y Thomas Castets se conocieron y emprendieron un viaje en busca de historias similares a las suyas. El documental es un recuento de ese viaje y una carta para generar consciencia sobre temas que no se limitan al surf o a la homosexualidad, sino relativos al ser humano y su libertad.

El documental abarca muchos aspectos de la vida deportiva de las y los surfistas, la cual implica competencias, asociaciones reguladoras oficiales y, por supuesto, patrocinios. En el caso de los hombres, los patrocinadores respaldan a los mejores; en el caso de las mujeres, el acercamiento es de naturaleza más sexual: mujeres rubias y guapas que salen bien en las fotos. ¿Es la mejor surfista? No importa; hablemos de su trasero. Como el sexo es fundamental para este tipo de respaldo comercial, la fantasía, juega un papel importante. Por lo tanto, la imagen de una surfista abiertamente homosexual se vuelve mucho menos explotable que la chica de calendario de piel dorada sin nada que decir, sin una voz. Las mujeres que aparecen en el documental (entre ellas las campeonas Cori Schumacher y Keala Kennelly, quien comenzó a surfear y ganar cuando no había categoría de competencia para mujeres) hablan de lo difícil que fue ser tomadas en serio, poder competir al mismo nivel que los hombres y recibir el mismo reconocimiento.

 

 

Otro de los temas tratados en esta cinta es la perpetuación de estereotipos en los medios masivos, los cuales generalizan el ser homosexual y lo reducen a ciertos comportamientos muchas veces caricaturizados. Parte del tabú alrededor de la homosexualidad se debe a estos productos audiovisuales. El documental utiliza ejemplos como el personaje de Rupert Everett en La boda de mi mejor amigo y la pareja gay de Modern Family, entre otros, los cuales retratan sólo una parte o un tipo de vida que se ha convertido en un estándar de la homosexualidad. Este imaginario no es fuente de identificación para muchísimas personas que no quieren decir que son homosexuales por temor a que la gente lo asocie con la definición televisiva de la homosexualidad. ¿Para qué salir del closet y pertenecer a una comunidad si no te sientes parte de ella?  Muchas expresiones de discriminación surgen de la asociación de la sexualidad con debilidad física, actitud escandalosa y un gran etcétera de lugares comunes, lo cual, por supuesto, tiene repercusiones importantes para las y los deportistas, pero está presente en todo tipo de profesiones y actividades.

Este documental es una chispa de victoria. Esto ya sucedió. Todas estas figuras del surf mundial ya hablaron frente a la cámara, ya marcharon juntas en Mardi Gras como la comunidad de surfistas gay, ya enfrentaron a su familia y amigos y siguen ahí, haciendo lo que más les gusta. Ya sucedió y no sólo sobrevivieron, comenzaron a cambiar el panorama a futuro. El documental habla únicamente de un deporte, pero al mismo tiempo aplica a todo. Si Castets pudo encontrar una gran comunidad de gente con la que se puede identificar dentro una combinación improbable (por lo menos ante los ojos de gente que no conoce muy bien este deporte), será cuestión de tiempo antes de que más y más comunidades surjan y lleven esta iniciativa de contacto y pertenencia a otros ámbitos. Thomas Castets no fue el primero ni será el último en alzar la voz sobre este tema, pero es prueba de que el miedo y la parálisis, con consecuencias tan graves como el suicidio o el abandono de las ambiciones profesionales, existen aún hoy en medios que muchas veces ni siquiera consideramos o imaginamos.

Las personas que han decidido vivir en secreto sienten que de alguna manera deben quitarse su sexualidad y dejarla colgada en el closet mientras realizan otras actividades. La sexualidad, identidad sexual o de género, preferencia sexual, etc, tiene la importancia que cada persona decida darle y en cuestiones como el desempeño deportivo tiene poco o nada que ver. Sin embargo, ¿por qué no hablar de ello? ¿Por qué no salir a las olas o a cualquier otro lado con la sexualidad, identidad, preferencia (o como cada quien lo defina) bien puesta? Porque, al final,  es algo que no se puede remover, sólo ocultar.

Hipatia Argüero Mendoza

El silencio antes de la tormenta: Reseña Land of Storms

“El silencio es peor que la discriminación y la violencia”, dijo Ádám Császi durante la mesa de debate de cine queer en el Festival Internacional de Cine en Guadalajara y, por segunda ocasión, después de la proyección de Land of Storms en el marco del Premio Maguey. Esta simple frase tiene un impacto directo y terrible en el contexto de la tortura física y psicológica experimentada por las personas que viven su sexualidad con miedo, y peor aún, autodesprecio.

El silencio es, en gran medida, lo que caracteriza el primer largometraje de este director húngaro, una cinta construida a partir gestos mínimos y acciones sugeridas, claroscuros y contrastes entre luz y oscuridad que apenas permiten adivinar el acercamiento prohibido de piel, bocas y manos. La narrativa visual de tomas largas y encuadres cargados de simbolismo teje fragmentos de información aislada e intrigante para construir poco a poco una historia a partir de lo que no se dice. Los diálogos son mínimos y tajantes, la tensión perceptible en todo momento.

Szabolcs (András Sütö, apodado Szabi durante la película) es un joven húngaro que juega en un equipo alemán de futbol. Vive rodeado del machismo corporal y violento característico de este tipo de deportes, en el que el contacto de hombres con hombres es inevitable y, por lo tanto, reforzar la heterosexualidad se vuelve necesario. Szabi abandona su carrera, prometedora en las primeras escenas, después de una confrontación física con Bernard (Sebastian Urzendowsky), un compañero de equipo cuya mirada despierta furia culposa en el protagonista.

Este encuentro de animales que defienden su territorio (su posición en el equipo y su propio cuerpo) sucede en las regaderas después de un fracaso en la cancha. Esto es, literalmente, un lugar común. Sin embargo, en vez de la excitación del contacto directo y húmedo, el acercamiento genera una sensación amarga; el odio es dirigido al exterior para expulsarlo del interior. Este breve momento basta para plantear la lucha de un personaje que, si pudiera, se castigaría a sí mismo. La suma de estos factores hace que Szabi decida regresar a su país y a la granja de su abuelo, una enorme casa destruida en medio de la nada. La belleza sobrecogedora de los paisajes y el tratamiento visual de la película reiteran la soledad y el silencio de un mundo tan vasto que no puede estar libre de miradas o juicios ajenos.

Una noche Áron (Ádám Varga), miembro de la comunidad rural, intenta robar la motocicleta de Szabi sin éxito. A partir de ese primer encuentro, Áron comienza a trabajar con Szabi para arreglar la casa. Su relación se vuelve cada vez más cercana, acentuada por el esfuerzo físico del trabajo. Sus movimientos se sincronizan en coreografías perfectas acompañadas de sutiles miradas furtivas. Los días pasan brillantes y calurosos; y las noches de oscuridad total son el manto bajo el cual el deseo sexual de ambos explota de manera poco romántica, más bien agresiva e intoxicada.

Por el desconcierto de la culpa católica y el placer del pecado, Áron decide confiar en lo sagrado de la confesión y contarle a su madre enferma que Szabi lo tocó y él no lo detuvo. “¿Por qué lo permitió?”, pregunta su madre. Áron responde con el más sincero de los “no sé”. Esta incapacidad de enunciar la diferencia es, precisamente, a lo que Császi se refiere cuando habla del peligro de callar y contener. Después de que las palabras salen no hay manera de pararlas y, por eso, con frecuencia se elige la alternativa: el silencio.

Cuando Bernard reaparece con la intención de concretar su relación con Szabi (reemplazando la violencia de la negación con la aceptación: “No te disculpes, sí te estaba viendo. Desde el principio”), Szabi también comienza a aceptar que Áron es más que algunas noches de alcohol que culminan en contacto sexual. Pero mientras un personaje enfrenta su realidad y decide abrazarla, el otro sufre torturas y humillaciones por un secreto mal guardado y por oídos que se niegan a escuchar que la palabra en cuestión no es “pecado”, sino “amor”.

Hipatia Argüero Mendoza.

Reseña: Hoje eu quero voltar sozinho

De la vista nace el amor. Pero también del oído y del tacto, del calor particular despedido por una persona, de su olor, de su aroma, del mero sentir de su presencia. De la combinación de todos estos sentidos nace mi amor más reciente: el primer largometraje del brasileño Daniel Ribeiro. La premisa de esta cinta surge de una pregunta que tiene muchas respuestas: ¿cómo o por qué nos enamoramos? Durante la sesión de preguntas y respuestas después de la proyección especial para el Premio Maguey del Festival Internacional de Cine en Guadalajara, el director declaró que quería hacer un filme sobre un personaje que nunca hubiera visto a una mujer o a un hombre y plantear por qué o cómo se enamoraría de una u otro. Este personaje, Leo (Ghilherme Lobo, impecable), vive las tormentas en vasos de agua de cualquier adolescente con una importante excepción: es ciego. Para este chico hay cosas imposibles: la independencia total, andar en bicicleta, ver una película, salir solo de noche e incluso gustarle tanto a alguien como para que quiera besarlo.

Leo busca un escape innecesario. Quiere probarse a sí mismo y al mundo que su modo de percibir es distinto pero no paralizante. Durante el planteamiento de la sobreprotección que este joven vive por parte de sus padres, su madre lo regaña por estar fuera cuando está oscuro. “Para mí siempre está oscuro”, responde Leo.

La película no es sobre un triángulo en sí, es esa cosa extraña que sucede cuando la amistad se vuelve confusa y sus límites se difuminan con la cobardía adolescente y la necesidad hormonal de tocar un cuerpo ya. Los tres personajes son entrañables por lo cercano que resulta su planteamiento (en realidad probablemente no conozca a nadie así, pero la regresión a la preparatoria es inevitable; la sensación de “yo estuve ahí”). Giovana (Tess Amorim, de un rango dramático impresionante para su edad y un timing cómico genial) es la mejor amiga de Leo y, obvio, está enamoradísima de él. Ella es la única persona que, ya sea por costumbre o por una consciencia imposible de apagar, entiende y asume la ceguera de Leo, no como una fuente de preocupación (que en gran medida es el caso de sus padres) ni como una característica olvidable. Es, en todo caso, un hecho. A pesar de saber que su mejor amigo no la puede ver verlo, Giovana evita las miradas prolongadas y el tacto “accidental”, incluso en los momentos más íntimos de complicidad y charla sexual. Giovana espera. Espera a que Leo de la señal que confirme una sospecha mínima. Señal que nunca llega pero siempre está ahí, latente.

La llegada de Gabriel (Fabio Audi) cambia todo en la amistad de estos dos personajes esenciales en la cotidianidad del otro. Es la ruptura de la rutina lo que aleja a Giovana de Leo. De pronto ella y todas sus funciones dentro de la vida de Leo son ocupadas por Gabriel. La amiga de toda la vida es reemplazada por el capricho del momento.  Esto siente Giovana cuando la atención de su amigo gira hacia el chico nuevo que todos desean. Gabriel es hermético de una forma muy cool (no hay otra manera de decirlo, para hablar en términos adolescentes hay que usar, precisamente, términos adolescentes). Pero Gabriel no es un chico cool más, no es el gran partido al que Karina (personaje construido más por las menciones hilarantes de Giovana que por de hecho aparecer en la película) quiere conquistar para probarse madura y extrovertida. No, Gabriel es el chico que hace posible lo imposible.

Gabriel comparte su vista con Leo, convierte lo visual en sonidos, en tacto. El amor nace, no de la vista (al menos no en el caso de Leo), sino de todo lo demás. Este amor es conflictivo por las razones que todos los amores lo son: los juegos de me gustas, no me gustas, el eterno estira y afloja de las personas que se mueren por experimentar la cercanía emocional y física. Gabriel y Leo son dos hombres, sí, pero su relación es retratada con la inocencia (y franca estupidez adolescente) del primer amor.

Después de la película una espectadora preguntó si los protagonistas y el director son gays o no, y si eso había dificultado o facilitado su trabajo. Ghilherme Lobo respondió no ser homosexual, pero dijo algo que el mundo debería escuchar más seguido: el hecho de que yo no lo sea no significa que no es mi problema. Dijo que cualquiera puede serlo, sus hermanos, sus amigos y amigas. Es un asunto humano, no de si te toca o no te toca poner tu granito de arena sólo porque te afecta directamente. Esta película retrata eso: el ser humano de tres personajes que apenas entienden su posición en el mundo.

Los diálogos (particularmente los de Giovana, quien constantemente tira dardos que dan justo en el blanco) son naturales para estos personajes. Hablan como nosotros hablaríamos si habláramos portugués y por una mala (o buena) jugada del destino tuviéramos 15 años. Esto, claro, no tengo manera de saberlo, pero sí de sentirlo. Porque esta película, al igual que sus personajes repletos de emociones incontenibles (o contenibles pero con malos resultados) es emoción pura. Los gritos, suspiros, “ohs”, “ahs” y “tss”  audibles durante la proyección (como de salón de prepa, lo juro) son prueba de que una gran mayoría de los espectadores estaba experimentando la película como si fueran recuerdos propios, como si todo fuera muy real por lo real que se siente.

Quizá lo único inverosímil de la película sea que nadie a esa edad escucha música tan buena en las fiestas (Belle and Sebastian, David Bowie); o a lo mejor siempre fui a las fiestas equivocadas. Sin embargo, como la adulta que soy agradezco infinitamente esas intervenciones de mi presente y de mi pasado no tan pasado en la ficción.

Como Leo, Giovana y Gabriel, debo decir, estoy enamorada, si bien de tres personajes de ficción, su historia y esta cinta.

Hipatia Argüero Mendoza

Reseña Maguey: Floating Skyscrapers

A través de la puerta cerrada del baño de un gimnasio se escucha el distintivo gemir del placer sexual. La puerta permanece cerrada y lo que sea que esté pasando en el interior, secreto.

La segunda película del director polacoTomasz Wasilewski narra la historia de Kuba (Mateusz Banasiuk), un hombre cuya vida interior se desarrolla bajo el agua y tras puertas cerradas a pesar de llevar una rutina en la que la privacidad es prácticamente imposible. Este nadador profesional comparte un pequeño departamento con su novia, Sylwia (Marta Nieradkiewicz, extraordinaria) y con Ewa (Katarzyna Herman), personaje difícil de ubicar al inicio de la película por su edad y por la relación tan franca que lleva con el protagonista (¿amiga? ¿hermana? madre). La rivalidad entre las dos mujeres en la vida de Kuba lo incomoda sorprendentemente poco, y la extraña cercanía erótica que tiene con su madre (a quien le lava la espalda en la tina y besa en la boca) resulta natural dentro de un mundo lleno de represión contradictoria.

La vida secreta de Kuba incluye admirar en silencio los cuerpos esculturales de los atletas que entrenan a su alrededor, así como algunos encuentros casuales en los baños de la alberca. No es hasta la aparición de Michal (Bartosz Gelner), un amigo en común del círculo de Sylwia, que Kuba considera romper su rutina y buscar algo más que sexo con otro hombre.

El planteamiento del conflicto y contexto de Kuba incluye el punto de vista de Sylwia, quien con frecuencia termina sola en la cama cuando los intentos de intimidad sexual con su novio se ven interrumpidos por algún factor externo. La gradual destrucción de esta pareja es desconcertante por la aparente normalidad que los rodea; son honestos, abiertos e incluso permisivamente invasivos, y sus interacciones amorosas se sienten genuinas en casi todo momento. Tanto la actuación como el personaje de Sylwia en más de una ocasión roban el interés durante el desarrollo de la trama principal.

Wasilewski cierra este triángulo introduciendo la perspectiva de Michal, quien se encuentra en el punto sin retorno de hablar abiertamente sobre su sexualidad con su familia y enfrentar la homofobia de su padre. Esta subtrama permite un vistazo a la estructura familiar tradicional polaca y los distintos grados de homofobia que oscilan entre “es una fase” y golpizas tremendas con fines didácticos.

El gran acierto de Floating Skyscrapers, plantear las varias capas de un personaje más allá de su homosexualidad, es también una de sus debilidades. La fragmentación de perspectivas para contar trama y subtrama, aunque efectiva, es en general desequilibrada. Kuba es un personaje complejo construido a partir de pequeñas acciones (como vaciar dos flautas de champaña en una sola para beberla de un trago, perseguir y golpear a un extraño que se refiere a él como “puto”, y declarar su amor con una erección). Sin embargo, el otro personaje que podría considerarse mucho más secundario si no fuera por los breves pero importantes giros de punto de vista, no queda del todo claro fuera del marco temporal de la cinta.

Floating Skyscrapers

Esto último es una muestra del tipo de personajes que el director mismo declaró querer replantear en una entrevista con So So Gay. En ella el director expresó su interés por retratar personajes humanos y no definidos únicamente por su sexualidad o el conflicto que la misma genera en ellos:

Floating Skyscrapers retrata a Kuba como un ser humano. Sí, es homosexual, pero no es lo más importante. Kuba es hijo y nadador, tiene sueños y una novia. Su homosexualidad no es lo más importante, aunque es lo que lo empuja a tomar ciertas decisiones y por momentos determina su vida”.

– Tomasz Wasilewski, entrevista para So So Gay

En esta entrevista Wasilewski sólo menciona a Kuba, sin embargo la cinta no sólo se concentra en él. Si aplicáramos la prueba de Bechdel (la cual sirve para determinar si una película contiene personajes femeninos bien construidos o no con tres preguntas: ¿Hay mujeres con nombre? ¿Hablan entre ellas? ¿Hablan de algo que no sea otro hombre?), Michal no pasaría, pues Kuba es su principal tema de conversación, motor y fuente de conflicto. En realidad no sabemos si tiene sueños y conocemos a su familia pero sólo de manera superficial y en el contexto de su homosexualidad.

Curiosamente y a pesar de su presencia tangencial en el triángulo, la madre es el personaje mejor construido . Es ella, con sus complejos y rivalidades, quien determina el desarrollo de la historia. Al igual que Kuba, Ewa está en los pequeños detalles: en su intento de aprender japonés para un viaje que nunca hará, su pasado amoroso cuando eligió a otro hombre sobre su propio hijo, y los celos y odio que siente hacia Sylwia.

Esta película cuenta una historia sólida a través de momentos de genialidad narrativa que vale la pena destacar. Wasilewski construye escenas de conflicto extremadamente poderosas por estar ubicadas en momentos de contraste casi cómico. El punto más álgido del cambio en Kuba sucede durante la competencia de natación más importante de su carrera. Después de cometer el más poético de los autosabotajes –flotar sin propósito a la mitad de la alberca cuando estaba a punto de coronarse campeón–, Kuba escucha los regaños de su entrenador durante una práctica del equipo de nado sincronizado. La toma panorámica y la música animada generan la sensación de lejanía con la que Kuba escucha las palabras de su entrenador frustrado.

Wasilewski utiliza un recurso similar cuando Michal finalmente declara ser gay durante una cena familiar. El enunciado pasa prácticamente inadvertido entre la conversación casual de su familia, lo cual resulta muy anticlimático para este personaje considerando la importancia de expresar su identidad sexual en voz alta por primera vez. Los oídos sordos de esta familia son uno de los muchos síntomas de la homofobia latente en la sociedad polaca, donde incluso la madre más cercana rechaza a su hijo y prefiere a la mujer que odia sobre un hombre por ser hombre. En este sentido, Floating Skyscrapers cumple con el retrato social que promete, pero lo hace desde una mirada casi derrotista o de condena.

Hipatia Argüero Mendoza

Fuente:

http://sosogay.co.uk/2013/interview-tomasz-wasilewski-polands-first-lgbt-film/