Reseña: Hoje eu quero voltar sozinho

De la vista nace el amor. Pero también del oído y del tacto, del calor particular despedido por una persona, de su olor, de su aroma, del mero sentir de su presencia. De la combinación de todos estos sentidos nace mi amor más reciente: el primer largometraje del brasileño Daniel Ribeiro. La premisa de esta cinta surge de una pregunta que tiene muchas respuestas: ¿cómo o por qué nos enamoramos? Durante la sesión de preguntas y respuestas después de la proyección especial para el Premio Maguey del Festival Internacional de Cine en Guadalajara, el director declaró que quería hacer un filme sobre un personaje que nunca hubiera visto a una mujer o a un hombre y plantear por qué o cómo se enamoraría de una u otro. Este personaje, Leo (Ghilherme Lobo, impecable), vive las tormentas en vasos de agua de cualquier adolescente con una importante excepción: es ciego. Para este chico hay cosas imposibles: la independencia total, andar en bicicleta, ver una película, salir solo de noche e incluso gustarle tanto a alguien como para que quiera besarlo.

Leo busca un escape innecesario. Quiere probarse a sí mismo y al mundo que su modo de percibir es distinto pero no paralizante. Durante el planteamiento de la sobreprotección que este joven vive por parte de sus padres, su madre lo regaña por estar fuera cuando está oscuro. “Para mí siempre está oscuro”, responde Leo.

La película no es sobre un triángulo en sí, es esa cosa extraña que sucede cuando la amistad se vuelve confusa y sus límites se difuminan con la cobardía adolescente y la necesidad hormonal de tocar un cuerpo ya. Los tres personajes son entrañables por lo cercano que resulta su planteamiento (en realidad probablemente no conozca a nadie así, pero la regresión a la preparatoria es inevitable; la sensación de “yo estuve ahí”). Giovana (Tess Amorim, de un rango dramático impresionante para su edad y un timing cómico genial) es la mejor amiga de Leo y, obvio, está enamoradísima de él. Ella es la única persona que, ya sea por costumbre o por una consciencia imposible de apagar, entiende y asume la ceguera de Leo, no como una fuente de preocupación (que en gran medida es el caso de sus padres) ni como una característica olvidable. Es, en todo caso, un hecho. A pesar de saber que su mejor amigo no la puede ver verlo, Giovana evita las miradas prolongadas y el tacto “accidental”, incluso en los momentos más íntimos de complicidad y charla sexual. Giovana espera. Espera a que Leo de la señal que confirme una sospecha mínima. Señal que nunca llega pero siempre está ahí, latente.

La llegada de Gabriel (Fabio Audi) cambia todo en la amistad de estos dos personajes esenciales en la cotidianidad del otro. Es la ruptura de la rutina lo que aleja a Giovana de Leo. De pronto ella y todas sus funciones dentro de la vida de Leo son ocupadas por Gabriel. La amiga de toda la vida es reemplazada por el capricho del momento.  Esto siente Giovana cuando la atención de su amigo gira hacia el chico nuevo que todos desean. Gabriel es hermético de una forma muy cool (no hay otra manera de decirlo, para hablar en términos adolescentes hay que usar, precisamente, términos adolescentes). Pero Gabriel no es un chico cool más, no es el gran partido al que Karina (personaje construido más por las menciones hilarantes de Giovana que por de hecho aparecer en la película) quiere conquistar para probarse madura y extrovertida. No, Gabriel es el chico que hace posible lo imposible.

Gabriel comparte su vista con Leo, convierte lo visual en sonidos, en tacto. El amor nace, no de la vista (al menos no en el caso de Leo), sino de todo lo demás. Este amor es conflictivo por las razones que todos los amores lo son: los juegos de me gustas, no me gustas, el eterno estira y afloja de las personas que se mueren por experimentar la cercanía emocional y física. Gabriel y Leo son dos hombres, sí, pero su relación es retratada con la inocencia (y franca estupidez adolescente) del primer amor.

Después de la película una espectadora preguntó si los protagonistas y el director son gays o no, y si eso había dificultado o facilitado su trabajo. Ghilherme Lobo respondió no ser homosexual, pero dijo algo que el mundo debería escuchar más seguido: el hecho de que yo no lo sea no significa que no es mi problema. Dijo que cualquiera puede serlo, sus hermanos, sus amigos y amigas. Es un asunto humano, no de si te toca o no te toca poner tu granito de arena sólo porque te afecta directamente. Esta película retrata eso: el ser humano de tres personajes que apenas entienden su posición en el mundo.

Los diálogos (particularmente los de Giovana, quien constantemente tira dardos que dan justo en el blanco) son naturales para estos personajes. Hablan como nosotros hablaríamos si habláramos portugués y por una mala (o buena) jugada del destino tuviéramos 15 años. Esto, claro, no tengo manera de saberlo, pero sí de sentirlo. Porque esta película, al igual que sus personajes repletos de emociones incontenibles (o contenibles pero con malos resultados) es emoción pura. Los gritos, suspiros, “ohs”, “ahs” y “tss”  audibles durante la proyección (como de salón de prepa, lo juro) son prueba de que una gran mayoría de los espectadores estaba experimentando la película como si fueran recuerdos propios, como si todo fuera muy real por lo real que se siente.

Quizá lo único inverosímil de la película sea que nadie a esa edad escucha música tan buena en las fiestas (Belle and Sebastian, David Bowie); o a lo mejor siempre fui a las fiestas equivocadas. Sin embargo, como la adulta que soy agradezco infinitamente esas intervenciones de mi presente y de mi pasado no tan pasado en la ficción.

Como Leo, Giovana y Gabriel, debo decir, estoy enamorada, si bien de tres personajes de ficción, su historia y esta cinta.

Hipatia Argüero Mendoza

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Ganadoras del Premio Teddy en la Berlinale

Desde 1987 un jurado especial otorga el  Premio Teddy en el marco de la Berlinale. Este premio  es uno de los reconocimientos más importantes para películas con temáticas LGBT de todo el mundo. Las categorías principales son Mejor Largometraje de Ficción y Mejor Documental / Ensayo Fílmico. Además se entrega un premio al Mejor Cortometraje y un Premio Especial del Jurado.

Las ganadoras del Premio Teddy 2014 son:

Mejor largometraje de ficción: Hoje Eu Quero Voltar Sozinho (The Way He Looks), Daniel Ribeiro, Brasil, 2014

Esta cinta es la ópera prima de Daniel Ribeiro, director galardonado con el premio a  mejor cortometraje del Festival Internacional de Cine Gay de Torino en 2008 por su corto “Café con leche”. Esta cinta narra la historia de tres adolescentes: Leo, un chico ciego cansado de que le digan que no puede hacer cosas solo en busca de su independencia; su mejor amiga Giovana, triste ante la idea de que Leo deje la escuela para ir a un internado lejos de ella; y el chico nuevo de la escuela, Gabriel, quien llega a cambiar la perspectiva de Leo al despertar sentimientos que lo hacen reconsiderar sus planes.

Comentario del jurado: Alegre largometraje debut de un director que combina un gran guión, gran construcción de personajes, actuación, fotografía y música para realizar una película que se separa de las muy exploradas cintas del género de maduración o “coming of age” y la da un nuevo significado a la conocida frase “el amor es ciego”.

Mejor documental / ensayo fílmico: Der Kreis (The Circle), Stephan Haupt, Suiza, 2014

Para principios de la década de 1940  la red alrededor de la revista Der Kreis (El círculo) fue la única organización gay que había logrado sobrevivir el régimen Nazi. Sus legendarios bailes con máscaras recibían 800 invitados de toda Europa. En este contexto el tímido maestro Ernst Ostertag se enamoró de la estrella drag Röbi Rapp. Este maestro lucha por hacer que su homosexualidad sea aceptada como normal fuera de los límites de “El círculo” sin por ello perder su trabajo. Esta película de Stephan Haupt revela el fascinante universo de una de las primeras comunidades de liberación gay. Este filme retrata varias décadas de una historia de amor enriquecida con material fílmico de conversaciones con Ernst Ostertad y Röbi Rapp.

Comentario del jurado: Esta  película es una reflexión en torno a las historias “queer” personales en la Suiza de mediados del siglo XX. La cinta arroja luz sobre la necesidad y urgencia de resistir y combatir la proliferación de la homofobia en todo el planeta.

Mejor cortometraje: “Mondial 2010”, Roy Dib, Líbano, 2013

Una pareja libanesa decide hacer un viaje por carretea hasta Ramala. Este corto consiste en la filmación de estos dos hombres mientras hacen una crónica de su viaje. De esta forma, la audiencia puede entrar en las conversaciones de las parejas y al universo de esta ciudad palestina.

Comentario del jurado: Este corto nos lleva a un viaje, tanto de manera literal como personal, a través de un paisaje peligroso en el que la invisibilidad es un aspecto necesario para la supervivencia de las personas homosexuales.

Premio del jurado: Pierrot Lunaire, Bruce laBruce, Alemania, 2014

Una mujer que con frecuencia se viste de hombre, se enamora y seduce a una joven, quien no tiene idea que su amante es del mismo sexo. Cuando la presenta a su familia como “su novio” su padre comienza a tener sospechas y descubre la mentira.

Comentario del jurado: El jurado del Premio Teddy reconoce la nueva pieza de Bruce LaBruce como una adición importante a su obra, la cual continúa explorando el concepto “Queer” en todos los sentidos. En esta cinta LaBruce recombina tres elementos –lenguaje cinematográfico de vanguardia, un uso sofisticado de la música y la extraordinaria actuación de Susanne Sachse– para renovar este clásico avant garde.

Fuente: http://blog.teddyaward.tv/en/2014/02/14/teddy-winners-2014/

Traducción: H.A.