Una Historia de Familia

Por Virginie Martin-Onraët // @gini_martin

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Una Historia de Familia es un documental dirigido por Pablo Rogero que narra la historia de Mario y Sergio, una pareja de Barcelona que toma la decisión de convertirse en padres.

La historia acompaña a la pareja a través de los tres años que dura el proceso de gestación subrogada que inician en el 2011. Ellos deciden hacerlo a distancia, en Los Ángeles, donde la práctica está regularizada y legalizada. Al nacer su hijo Galileo, vuelven a España en donde se encuentran con varios obstáculos ya que las leyes locales no les permiten registrar a su hijo, que queda como un ciudadano americano con permiso de turista en el país.

En Agosto del 2016, tuve el gusto de participar en la propuesta de 100 Horas de Activismo que lanzó MICGénero. Escogí el documental – Una Historia de Familia – por las diferentes problemáticas que aborda y para generar un debate sobre los derechos reproductivos, las leyes que afectan o facilitan los procesos, las instituciones involucradas y las posturas heteronormativas que rigen dentro del sistema.

Antes de profundizar en estos temas, les quiero contar lo que pasó el día de la función. El documental se presentó en Cinemex Altavista en la Ciudad de México a las 16h00. Había poca gente en la sala, lo relacioné con la hora y el día de la semana, era domingo. A los 10 minutos de haber iniciado el documental, se salió la primera pareja. A los 15 minutos, se salió otra persona. Del total de las personas que pagaron su boleto y que empezaron a ver la sesión, el 40% se salió en los primeros 20 minutos. Puedo asegurarles que el motivo de la pérdida del público no fue la calidad del documental que ha ganado varios premios entre los cuales está el Premio del Público al Mejor Documental del Barcelona Film Festival.

Una Encuesta Nacional que realizó el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación en México en el 2010, establece que siete de cada diez personas que se encuentran entre los 30 y 49 años de edad, están en desacuerdo o muy en desacuerdo con que a las parejas de hombres homosexuales se les permita adoptar niñxs. Ocho de cada diez personas de más de 50 años  opinan lo mismo (Conapred, 2010). Un estudio más reciente de Parametría, explica que 48% de lxs ciudadanxs mexicanxs están en contra de que el matrimonio entre personas del mismo sexo sea legal (Parametría, 2015).

Con base en estas estadísticas podríamos de cierto modo inferir la postura generalizada hacia la gestación subrogada contratada por parejas del mismo sexo, pero sería un ejercicio sin mucho sentido ya que la propia ley en México establece que sólo se permite la gestación subrogada bajo una orden médica. Es decir, se permite cuando un hombre y una mujer que intenten tener hijxs, no lo logren por problemas de infertilidad. Es así, como la ley excluye de este proceso, desde un inicio, a parejas del mismo sexo.

Ya con la contextualización de la función a un entorno mexicano, comparto unas reflexiones que escribí después de ver este documental de Pablo Rogero.

“El primer problema que tenemos todos, no es aprender sino desaprender.” La noción de desaprender que señala la periodista y activista de los años 60, Gloria Steinem, es un elemento relevante para entender y cuestionar ciertos estereotipos que rigen dentro del sistema.

Desaprender implica hacer conciencia de los elementos cotidianos que se acatan y se establecen como “normales” y únicos. Implica también, pensar en esta categoría de lo “normal”, un concepto que se utiliza en repetidas ocasiones en el documental, hablando del proceso de gestación subrogada: “yo lo veía como algo normal”, “hoy en día ya es normal”, “esto ya es un procedimiento normal”…

La noción de desaprender incluye también preguntarnos qué consideramos como “normal”, si lo que yo considero normal es lo que tu consideras normal, o bien, si ese “normal” puede ser generalizado y establecerse como asunto definitivo y compartido por todos.

Nuestras sociedades se definen y se explican en grupos y en categorías que se convierten en divisiones sociales y en normas culturales. Estas, se vuelven pronto categorizaciones permanentes que buscan definir el “yo”. Y estas definiciones, inevitablemente, viven dentro de la delimitación, dentro de las definiciones que están enmarcadas por el lenguaje. Están así sujetas a una invariable simplificación de la realidad por las palabras que describen esta realidad. De esta forma, el entendimiento del grupo recae necesariamente en una generalización, en el promedio o en lo más sucede. Y es así como se etiqueta al grupo, por clase, por etnicidad, por género, por sexo, o por orientación sexual… Basado en una mayoría.

¿En dónde queda la línea entre la definición y la categorización? ¿En qué momento esta simplificación por promedio se vuelve una sobresimplificación que da entrada al estereotipo? ¿Y, cuándo este estereotipo se vuelve parte del problema, de la violencia normalizada?

La categorización se ha vuelto parte del lenguaje y de las prácticas de todos los días. Y aunque estas categorías se ven reflejadas en diferentes arenas de la sociedad. Las nociones de género y de sexualidad ejemplifican muy bien estos elementos puramente binarios que se establecen como base para la construcción de un sistema social. El género simplificado a dos categorías, la del hombre y la de la mujer, fundamentando dos roles únicos: la señora y el señor, con representaciones sociales adjudicadas a cada rol. Y estos, son dos roles únicos que cohabitan y se relacionan en un terreno puramente heterosexual y con fines reproductivos. Y la violencia aparece, cuando en este constructo social, toda persona que no entre en las categorías únicas de Hombre, Mujer, Heterosexual, entra en una no-categoría, la de aquel que no tiene lugar en lo esperado socialmente. Entra entonces al terreno de lo inexistente en la expectativa social, o, en el caso del documental, entra al terreno de lo inexistente en las leyes locales.

Este tema de lo binario – reducir las relaciones humanas a dos opciones únicas y opuesta: hombre y mujer por ejemplo – aparece en varios momentos del documental. En particular en una escena, cuando Sergio y Mario están cenando con la gestante subrogada, Edith, y con su novio, se hace presente. Empiezan a charlar y el novio les pregunta: “bueno, y quien lleva el rol dominante”, reformula su pregunta y dice: “quién de los dos actúa más como la mujer”.

Esta pregunta se hace constantemente a parejas que rompen el esquema heterosexual y lleva en sí tantas cargas normativas. ¿Qué quiere decir con el rol dominante? ¿Cómo defines el papel de la mujer en una relación? Y esta pregunta simplemente nace de la imposibilidad de romper el elemento binario, de la incapacidad de imaginar a una pareja que no siga el esquema relacional de hombre, mujer y sus roles específicos.

¿Y cómo acaba definiendo estos roles el novio de Edith? Explica que por ejemplo, él es el que responde si oyen un ruido sospechoso en la casa. Esa acción lo hace El Hombre de la relación. Y de esta forma, el simple hecho de ir a ver qué ocasionó un ruido en casa lo convierte en aquel que cuida el hogar, en el rol dominante. Y el problema llega cuando las personas no ven más allá de su propia condición, cuando asumen que si ellxs siguen este esquema, este es el único esquema válido, y cuando asumen que sus definiciones de Hombre y de Mujer, son definiciones universales compartidas por todxs. El Hombre es: “el que va a ver qué ocasionó el ruido que oyeron en casa”.

Y ante estas definiciones de roles, me gusta pensar en otras definiciones: ¿Qué es el género y porqué influye tanto en las normas de nuestra sociedad?

La multiplicidad de definiciones del concepto de género (o los intentos de definiciones) muestra la limitación de la lengua y de los elementos categóricos establecidos para describir conceptos fluidos y elementos continuos. A cada definición responde una contra definición y cada nuevo término resulta en un contra-término que busca expandir, cuestionar y moldear el término inicial. Un término que propone que las definiciones que asumimos como absolutas e incuestionables, muchas veces no representan la realidad, o bien, las realidades.

Carlos Monsiváis analiza los conceptos de “femenino” y “masculino”, que también aparecen a lo largo del documental, y explica que “[…] la “condición femenina” y la “condición masculina”, son productos históricos que, declarados eternos, vigorizan la explotación laboral, la represión social y la manipulación política.”

¿Y por qué es importante esto?

Por qué a través de preguntas presuntamente inocentes, como: “¿quién es la mujer en la relación?”, se promueve una violencia que es muchas veces inadvertida. La violencia de género vive así a través de las normas de masculinidad y feminidad que conocemos y que perpetuamos. Estas normas, traducidas en expectativas sociales adjudicadas al sexo, son las que producen violencia y son las que resultan en discriminaciones ante aquel que se sale de la norma (Preciado, 2011).

Y la hegemonía de los productos históricos se hace presente a lo largo de todo el documental. Hablan varias veces sobre la forma en que van a manejar las cosas, como van a explicarlo a la sociedad y cómo pueden hacer que el proceso se vea normal. Y se menciona varias veces cómo lo van a entender lxs niñxs y cómo les puede afectar en la escuela. Y la respuesta a estas preguntas es que la dificultad de verlo como un proceso habitual nunca está en lxs niñxs, o pocas veces. La dificultad permea entre lxs adultxs, entre la gente que ya tiene la expectativa social impregnada y que no puede salir de los roles estereotipados. El problema entonces, está en la gente que habla de familias tradicionales como si este modelo fuera obvio. De nuevo, ¿qué es una familia tradicional? y, ¿cuántas existen hoy en día?

A través de la iniciativa de la Muestra Internacional de Cine con Perspectiva de Género, 100 Horas de Activismo, propongo visibilizar y dialogar sobre la normalización de las categorías simplificadas y sobre la violencia implicada en las imposiciones y expectativas sociales excluyentes. A través de este documental, cuestiono lo binario y abro un diálogo sobre la necesidad de crear etiquetas que no representan.

Cuestionemos los símbolos que perpetúan las representaciones limitadas y pensemos en la posibilidad de eliminar la línea tajante entre Hombre y Mujer, entre el azul y el rosa y eliminemos también las representaciones sociales asignadas a cada categoría. Eliminemos la pregunta “qué va a ser” y abramos una posibilidad más neutra, una respuesta que no implique un futuro diferente para cada color.

En el documental mencionan en una escena que uno no se enamora de un hombre o de una mujer, sino de una persona. Creo firmemente que si empezáramos a pensar más en términos de personas, las posibilidades de coexistir sin violencias se abrirían infinitamente.

Virginie Martin-Onraët, es banquera retirada, dedicada al desarrollo social, apasionada por los estudios de género. Es licenciada en administración de empresas con especialidad en finanzas por el Instituto Tecnológico Autónomo de México y tiene una maestría en The George Washington University en Género y Desarrollo. Actualmente trabaja en una ONG internacional, Technoserve México, como gerente de programas sociales, siempre encontrando excusas para crear diálogos y propuestas en torno al género.

*La foto de esta entrada es del internet

Amamantar rebela

Por Ana Rosa Cruz // @AnaRosaCruz

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El llanto de un bebé molesta. El hambre, la sed y la soledad también molestan. ¿A quiénes les puede molestar el pecho que se asoma en la boca de una criatura que, hambrienta, le pide a su madre el alimento que le calma, que le da amor, protección y seguridad?

El líquido blanco casi transparente gotea y le da paz durante un momento de angustia. Forma un dialogo único entre madre e hijo. En este diálogo, la mirada cuida, protege y se transforma en un momento de complicidad y placer.

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Pero un día, se le ocurrió a una policía transformar este encuentro de madre e hijo en algo feo, violento y cargado de pudor. La figura institucional se puso en el medio de una madre y de su hijo y violó este encuentro. Travestida con su uniforme oscuro, esta figura que representaría la protección se transfiguró para cumplir su rol de control, de censura. Usó su papel de representante de un Estado legal para reprimir un acto de amor público y explícito.

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El poder Institucional tiene miedo de lo que no conoce. Intenta controlarlo, cohibirlo. Pero la lactancia materna esta cargada de amor, de anticuerpos, de afectos. Y eso molesta, porque no se vende, no se publicita, no se negocia.

Para la policía, que últimamente representa la represión y no la seguridad, en momentos de represalias y control, el amor no es prioridad. El amor molesta, el amor intimida. ¿Qué le habrá molestado a esta policía? ¿Le habrá faltado amor en su casa? ¿Pero por qué amar molesta? ¿Por qué amamantar molesta? ¡Porque el amor liberta, alimenta, educa y rebela!

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Ana Rosa Cruz nació en Brasil, es gestora y productora cultural y vive en Argentina hace 6 años. Desde niña, aprendió con su madre, Myrian Cruz, sobre el valor del amamantar y hoy, como mamá de Simón, pone en práctica esta enseñanza.

Las fotos son de Emergente, síguelos en FB, TW e Instagram.

Marta Dillon: el cuerpo detrás de la palabra

Por Atziri Ávila //@atzirieavila

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Marta Dillon, reconocida periodista argentina, ha puesto el cuerpo detrás de la palabra en defensa de los derechos humanos. Su militancia, compromiso social y activismo iniciaron desde que era muy joven con la desaparición de su madre en 1977, en la época de la dictadura en Argentina.

A principios de los noventa, junto con otras hijas e hijos de personas desaparecidas, Marta impulsó la organización  Hijos e Hijas por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio (H.I.J.O.S) en la que hasta la fecha se congregan hijos e hijas de personas desaparecidas o asesinadas durante la dictadura militar, que arrancó de sus familias a alrededor de 30 mil personas.

Además de buscar la justicia institucional para terminar con la impunidad que persistía en los crímenes de lesa humanidad de la dictadura de Videla, y ante la falta de justicia efectiva y legal, desde H.I.J.O.S. buscaban construir una justicia social o por lo menos una condena social.

Realizaron acciones como escraches que señalaban las casas de los represores que permanecían libres para que los vecinos supieran que ahí vivía un genocida y éste no anduviera tranquilamente por la calle.

Posteriormente, su labor periodística ha estado ligada a los derechos humanos, a dar cuenta de experiencias en defensa de los derechos de personas, comunidades u organizaciones. Desde su escritura transmite demandas de las mujeres al derecho a la equidad, a tomar la decisión sobre su propio cuerpo, a decidir cómo quiere vivir, con quién, cuántos hijos quiere tener, en qué momento y con quién, a vivir una vida libre de violencia; entre otros.

Al haberse percatado de que los derechos, a pesar de ser tan básicos, sigue siendo necesario defenderlos por no estar plenamente garantizados, y notar que la distribución de estos derechos está concebida de manera totalmente inequitativa, hizo que su pluma, cuerpo y voz sean tres de sus herramientas fundamentales para abonar al ejercicio y garantía de los derechos humanos y de esta forma sus convicciones personales, han entrelazado el periodismo, el activismo y el feminismo como aportes para el cambio social.

En espacios como el Suplemento feminista Las 12 del diario Página/12, Marta visibiliza la situación de muchas mujeres, sobre todo de sectores populares, el periodismo le ha permitido acercarnos a conocer las experiencias de mujeres muy distintas, travestis, trans, lesbianas; historias de los cuerpos feminizados que son más vulnerables frente a las violencias patriarcales.

Conocer esas realidades en tiempos convulsionados, ha permitido acercarnos a estas experiencias y también incentivar a la ciudadanía a poner el cuerpo en la calle frente el silencio de los medios hegemónicos, cuya una de sus apuestas es la desmovilización.

El dimensionar el discurso de los medios de comunicación ante los feminicidos en Argentina, la revictimización hacia las mujeres víctimas de feminicidio, el tipo de construcciones que hacen de las víctimas y el modo en el que se convierte el feminicidio y la violencia contra las mujeres en relatos románticos o de aventuras y no en la denuncia de una violencia sistemática y política, llevó a la reflexión a Marta y otras comunicadoras argentinas.

Sostener un orden político del patriarcado en el que la vida de las mujeres no tiene valor, comenzó a tornarse aberrante para muchas mujeres pues no solamente eran los asesinatos de mujeres sino la revictimización de las víctimas en los medios de comunicación.

Según la propia Marta Dillon, durante 2015 aparecieron muchas mujeres asesinadas tiradas en los basureros, “como si eso fuera también un performance dedicado a nosotras en tanto nuestro género, como si fuera una señal de disciplinamiento y sobre cuál es el valor de nuestros cuerpos”. En ese contexto, el Observatorio de Femicidios en Argentina Adriana Marisel Zambrano documentó el asesinato de 286 mujeres lo que representa un feminicidio cada 31 horas.

Frente al hartazgo social en junio de 2015 se gestó la primer movilización histórica contra los feminicidios nombrada: ¡Ni una menos!, la cual tuvo impacto en 70 ciudades de Argentina y en otros países como España, Brasil y México.

De una manera creativa por medio de esta acción se impulsaron nuevas estrategias de resistencia y de construcción política. La ciudadanía argentina tomó acción frente al “rumor social” sobre los feminicidios y apostó al encuentro en la calle, además de la masividad que significó esta “danza colectiva” que volcó a centenares de personas en las calles: “lo mas importante fue cómo las mujeres se sentían seguras, compartiendo sus historias, sus dolores y resistencias, la manifestación tenía un horario y cuatro horas más tarde, seguía habiendo gente en la calle, había la necesidad de hablar y de poner en común cosas que estaban silenciadas o naturalizadas”.

Un años después, el 3 de junio de 2016, las calles en Argentina fueron nuevamente tomadas por la movilización que ha quedado inscrita en el “calendario popular” impulsada desde el movimiento feminista.

Las escuelas, plazas públicas y edificios gubernamentales fueron ocupados por decenas de personas, “mujeres jóvenes hicieron sus propias consignas pintadas artesanalmente con demandas que parecían individuales pero que en realidad estaban siendo colectivas y puestas en conjunto tenían que ver la necesidad de la autonomía sobre nuestros cuerpos y nuestras decisiones, ubicando la violencia heteropatriarcal dentro de un contexto político con la que se sostiene el sistema de dominación que es el patriarcado ligado absolutamente con el capitalismo”.

¡Ni una menos! propaga el mensaje y la exigencia de las mujeres de que: “nos queremos vivas, libres, íntegras, autónomas, soberanas, desafiantes de esa imposición de modelos asfixiantes de belleza, de familia, de un modo supuestamente correcto de amar o de gozar, dueñas de nuestros cuerpos y nuestras trayectorias vitales”[1].

Marta, autora de la columna Vivir con virus,  uno de sus grandes aportes al periodismo en donde relató en primera persona qué significa vivir con VIH, puso el cuerpo detrás de la palabra y no con un cuerpo de víctima sino un cuerpo gozoso, demandando para si no sólo salud relacionada al VIH o tratamientos médicos, sino el derecho a tener sexo, placer, acceso a poder planificar un futuro, haciendo visible que “detrás de la palabra hay un cuerpo y que no hay palabras sin cuerpo”.

A través de sus escritos Marta también reflexiona sobre el modo en el que nos enseñaron a amar, a comportarnos, qué tipo de educación recibimos las mujeres de niñas, cómo se juzga nuestra manera de vestir y cómo distintos tipos de violencia contra las mujeres están naturalizadas.

A través del periodismo, activismo y feminismo, Marta contribuye a que las mujeres nos afiancemos a la vida, a nuestras elecciones, a nuestra particular manera de ser y de estar en el mundo, lejos de mandatos y juicios.

Ha impulsado también proyectos de ley que garanticen los derechos de matrimonio igualitario que consagrar que los vínculos de afecto y vínculos familiares sean reconocidos por el Estado, modificando la concepción tradicional de la institución del matrimonio; la Ley de identidad de género y la triple filiación.

Como sucedió con la construcción de una memoria colectiva en relación a la última dictadura militar en Argentina, Marta afirma que desde cualquier espacio y disciplina, nuestra venganza es ser felices, tomar el lugar que nos dejaron y convertirlo en el lugar donde queremos estar: “porque estar en el activismo, en la lucha hace que la vida se transforme, no sólo para una sino para todas y todos, y generando una voz colectiva articulada, nuestro poder es insoslayable”.

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[1] “Impresiones de un día histórico”, Marta Dillon, disponible en: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-301033-2016-06-05.html

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Atziri Ávila es comunicóloga social, activista y defensora de derechos humanos y Coordinadora de la Red Nacional de Defensoras de Derechos Humanos.

*La foto es de Sebastián Miquel

“Me parece que estás exagerando”

Por Anush Komchoyan

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“No, no estoy exagerando nada. Estoy muy segura de lo que estoy diciendo. Chau”: mis palabras textuales en el grupo de WhatsApp que comparto con mis hermanas y mi papá. Al poco tiempo íbamos a vernos cara a cara; era domingo, el día que aprovechamos para juntarnos en familia y actualizarnos de forma ingenua cada uno de sus cosas.

El problema y la discusión se desataron cuando mi papá manda una foto -supuestamente chistosa- que anduvo recorriendo las redes. La foto era aberrante y le pregunto de forma sarcástica cuál era la reacción que quería que tengamos frente a ella. Pregunto: ¿nos teníamos que reír? No sé, a mí me dieron ganas de llorar.

Justamente, el viernes de esa misma semana fue el día en que en distintos puntos de Argentina, multitudes salieron a las calles bajo el lema Ni Una Menos, movilización que repercutió a nivel comunitario gracias al rol de las redes sociales. Las redes, espacio totalmente público, abierto, en donde quien quiera, configura, arma, edita y comparte con tan sólo un click una foto, video o cualquier representación visual o auditivamente atractiva.

Hay que tener en cuenta que las redes sociales, al igual que los medios masivos de comunicación, tienen un poder tan fuerte de manipulación y construcción de realidades que todo lo que circule es potencialmente absorbido por sujetxs pasivxs sin ninguna mirada crítica. ¿Qué quiero decir? Todo nos parece tan normal, común, superfluo que se llega al punto de la falta de límites críticos sobre lo que vemos o escuchamos.

Esto es lo que sucedió con la foto que circuló, y que seguramente sigue haciéndolo, en la que se encuentran el jugador de la Selección Argentina de Fútbol, Marcos Rojo y su novia tirados plácidamente en una cama mediados por un plato de tostadas quemadas. La imagen, claramente retocada le sigue un graph que dice: “Mira las tostadas que hace la jermu (mujer) de Marcos Rojo, después las cagas a palos y llaman al 144 (línea de atención para víctimas de violencia de género)”.

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¿Ahora entienden mi enojo? ¿Se entiende lo que quiero decir cuando digo que no estoy exagerando? ¿Puede ser tan común familiarizar familiarmente el machismo y su violencia?

Cuando la foto fue enviada por mi papá habiendo pasado varios minutos, ninguna de mis hermanas (todas mayores que yo) atinó a contestar. Y eso no sé si me molestó más o igual que haber recibido ese “chiste”. Y entrecomillo esa palabra por dos razones: principalmente, porque no considero que esa imagen y el texto que la acompaña como un chiste. Y por otro lado, por que el/la creador/a anónimx de ese texto, por desconocimiento o no, evidenció otra realidad.

Si nos tomamos el tiempo de revisar la cuenta oficial de Instagram del jugador argentino, podemos encontrar la foto original y el comentario sobre ella, escrito por él mismo que detalla: “Hoy en mi día libre me levante y le traje el desayuno a la cama a mi gordita. Las tostadas se quemaron un poco. Jajaja”

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Comparando superficialmente las dos imágenes, se puede deducir que sigue predominando un rol social en el que la mujer es la que debe cocinar -sin quemar las tostadas, claro- y que la sociedad justificará la violencia sobre ella si es que las tostadas no están en perfecto estado. También entiendo que es común que en una familia se naturalicen “pequeños” actos de violencia de este tipo, porque total, es un chiste. Y yo, yo estoy exagerando… ¿o no?

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Anush Komchoyan estudia Comunicación Social, se interesa en temas sobre Derechos Humanos e incursiona en fotografía.

*La primera foto es de Andreas Smaaland, las segundas son del internet.

 

 

 

Lo dijo Epicteto

Por Valeria Ixquic Mata // @valeshkamata

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Creamos sentido de los objetos y de ahí formulamos conceptos. Es así que cuando un concepto olvida su objeto, el ser humano hace uso de aquel concepto de la manera en la que ha observado que lo ocupa su sociedad. Aquí es donde se bifurcan las posibles concepciones de las cosas porque, aquel concepto inmaterializado comienza a ser moldeado al gusto y razón de una sociedad que ya no obligatoriamente sabe a qué se refiere.

Los conceptos sobreviven a sus objetos y nosotros seguimos usando los conceptos aunque sus objetos nos sean desconocidos. Esta separación puede llegar al punto en que puede llegar a atormentarnos el concepto que tenemos de algo, más que ese algo en sí. A lo anterior, Epicteto suma: “si lo que sentimos acerca de las cosas es lo que nos atormenta, más que las cosas en sí mismas, resulta absurdo culpar a los demás”.

Los conceptos son creaciones colectivas de las que participamos con su reproducción pero, ¿por qué darle más importancia a una construcción colectiva que a una individual? Somos seres sociales y se podría asumir que gracias a esto concebimos el mundo mediante conceptos dados por hecho, compartidos, experimentados por alguien más. Pero también resulta absurdo responsabilizar a los otros por el concepto que yo me he hecho de una cosa -a veces desconocida-.

Podríamos decir que el objeto en sí -por más lejano y ajeno- tiene gran importancia para lo que sentimos: en él tenemos un lugar dónde depositar nuestras tormentas. ¿No será entonces que, estando en constante tormento, es justamente lo que nos rodea aquello que puede servir para depositar nuestras galernas?

Epicteto habla del tormento de lo que sentimos por las cosas; lo que sentimos se construye a través de experiencias y vivencias propias que nos sirven para elegir. Por eso, lo que en verdad atormenta al ser humano son sus elecciones. Es decir, la decisión de conceptos con los que definimos un objeto; y no hay tormento más grande que ese.

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Valeria Ixquic Mata estudia gestión cultural y se interesa por temas como la filosofía y los estudios de género.

*La foto es de Aaron Canipe

Agenda de las mujeres: una asignatura pendiente 2

Por Atziri Ávila // @atzirieavila

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SEGUNDA PARTE

Violencia

Según la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2013, el 47% de las mujeres entre 15 y más años de edad aseguraron tener incidentes de agresión a lo largo la relación con su actual o última pareja, siendo las más frecuentes la violencia emocional, económica, física y sexual. A pesar de contar con un Sistema Nacional para Prevenir, Atender, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las mujeres, el contexto en el que viven está marcado por una grave crisis social que impacta directamente su ámbito privado y público, pues están expuestas a ser violentadas tanto al interior de su hogar como fuera de él.

En el caso de las mujeres de 15 años y más, 27 de cada 100 afirmaron ser agredidas en el ámbito privado en donde son objeto de violencia por su propia pareja o familia; por otro lado 23 de cada 100 mujeres describieron haber sido víctimas de violencia en el ámbito público, siendo objeto de violencia callejera, robos, tocamientos, etc.

Organizaciones No Gubernamentales que conforman el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio (OCNF) aseguran que en la República Mexicana son asesinadas 7 mujeres en un día. Sin embargo, son las propias autoridades quienes ponen trabas o hacen imposible que desde un inicio las investigaciones de los asesinatos de mujeres se realicen por el delito de feminicidio.

Según el Estudio de la implementación del tipo penal de Feminicidio en México: causas y consecuencias 2012-20131, de los 3,892 casos documentados en esos años por el OCNF entre 2012 y 2013, únicamente 613 casos fueron investigados como feminicidios, es decir sólo el 15.75%.

De esta forma, a la violencia verbal, física y sexual contra las mujeres se suma la violencia institucional, pues las autoridades por acción u omisión son responsables de que el derecho de las mujeres a la vida, a su integridad personal, a su libertad reproductiva, entre otros, no estén siendo garantizados.

Es así que el 98% de los 3.892 asesinatos de mujeres documentados entre 2012 y 2013 por el OCNF, no fueron sancionados; y tan sólo el 1,6% de casos fue sentenciado.

En este marco, datos de la ENDHIRE 2011 reflejan que las mujeres que no denuncian evitan hacerlo: por miedo al agresor, por desconfianza en las autoridades, por trámites largos y difíciles o por actitud hostil de las propias autoridades.

La falta de voluntad política, la ineficacia en las investigaciones y la falta de perspectiva de género en funcionarios públicos, revíctimizan a mujeres víctimas de violencia y/o a sus familiares, atribuyendo el motivo de las agresiones a la hora en la que las mujeres estaban en la calle; a que iban “solas”; a la forma en la que iban vestidas o las vinculan con tener relaciones sentimentales con integrantes del crimen organizado.

Los pactos patriarcales justifican, protegen y exculpan a los agresores, buscan ocultar la realidad latente que normaliza la violencia contra las mujeres y que detrás de cada feminicidio existe un crimen de odio y discriminación por razones de género, siendo un patrón constante la desapareción, agresiones físicas y violación sexual previo al feminicidio de una mujer.

Institucionalización de las demandas, desatención a los problemas de fondo

Si bien existen esfuerzos tendientes a garantizar la igualdad entre mujeres y hacia fomentar el empoderamiento de las mujeres, las políticas públicas son impulsadas sin su participación; sin perspectiva de género e incluso no se destinan recursos humanos o financieros para su eficaz implementación.

Las instituciones del Estado y las políticas públicas están lejos de transformar de fondo los problemas que afectan a las mujeres, se utilizan como paliativos, como contención de lo inmediato. A pesar de contar con leyes y la firma de tratados internacionales en materia de derechos humanos, en la práctica no se implementan y la simulación de las instituciones prevalece, lo que obstaculiza transformar e impactar positivamente la vida de las mujeres.

La Plataforma de Acción imagina un mundo en el que todas las mujeres y las niñas puedan ejercer sus libertades, derechos y decisiones, sin embargo, se siguen perpetuando las desigualdades económicas, sociales y culturales que les impiden ejercer sus derechos humanos.

Persiste la violencia obstétrica, muertes maternas, esterilización forzada principalmente contra mujeres jóvenes y mujeres indígenas, quienes son condicionadas a actuar contra su voluntad para poder acceder a programas sociales; no hay garantía para que quienes así lo desean, puedan realizarse la interrupción legal del embarazo; siguen sin ser dueñas de la casa en la que viven o sin derechos agrarios, contrario a ello, son ellas y sus hijas/os las más afectadas en su alimentación, salud, economía y tejido social por los mega proyectos impuestos en sus comunidades.

Organización hacia la autonomía y el empoderamiento

Son las propias mujeres quienes se organizan para exigir la igualdad de derechos por ley, pero también son quienes desde diversos espacios construyen su autonomía; su independencia económica; quienes buscan ocupar espacios de toma de decisiones; quienes construyen nuevos modelos económicos para combatir la explotación; quienes impulsan la transformación estructural del sistema; impregnar nuestra mirada en todos los ámbitos de la vida; quienes buscan ejercer sus derechos no como una concesión sino como un acto de justicia social.

Cada vez más mujeres hemos dejado atrás a las “hijas obedientes”, a las “madres abnegadas” y a las “esposas resignadas”, transgredimos los únicos y primeros derechos otorgados a las mujeres que eran: obedecer, servir y callar.

A 20 años de la Plataforma de Beijing aún no es garantizada la igualdad de oportunidades para que las mujeres intervengan activamente en la vida social, económica, política y jurídica del país; hemos obstaculizado reconocer que el empoderamiento de las mujeres empodera a la humanidad.

Es por ello que en la actualidad estamos convencidas de que en el 8 de marzo es necesario reivindicar la lucha de las mujeres a favor de nuestros derechos humanos; esta fecha nos obliga también a reconocer que las demandas de las mujeres siguen estando vigentes y que la agenda de las mujeres, sigue siendo una asignatura pendiente.

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1 Estudio disponible en: http://catolicasmexico.org/ns/?cause=informe-sobre-el-estudio-de-la-implementacion-del-tipo-penal-de-feminicidio-en-mexico-causas-y-consecuencias-2012-y-2013

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Atziri Ávila es comunicóloga social, activista y defensora de derechos humanos y Coordinadora de la Red Nacional de Defensoras de Derechos Humanos.

*La foto es de Toni Frissell

Agenda de las mujeres: una asignatura pendiente

Por Atziri Ávila // @atzirieavila

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PRIMERA PARTE

El 8 de marzo es una fecha emblemática para conmemorar la lucha de las mujeres en la defensa de sus derechos. Y aunque el sistema capitalista busca comercializarla promoviendo el obsequio de flores, tarjetas y otros “regalos”, es necesario reivindicar el Día Internacional de las Mujeres como un día de reconocimiento a quienes lucharon y siguen luchando porque los derechos humanos de las mujeres sean efectivamente garantizados.

Revalorizar esta fecha es traer al presente a todas aquellas mujeres que han luchado a favor de la igualdad y la justicia; mujeres asesinadas por alzar la voz, por expresar sus ideas “adelantadas a su época” o por plasmar exigencias a favor de su género.

Ejemplo de ello fue Olimpia Bouges, quien fue ejecutada en la guillotina el 3 de noviembre de 1793; además de haberse manifestado abiertamente a favor de la abolición de la esclavitud, Olimpia escribió la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana en 1791; uno de los primeros documentos que cuestiona colocar al hombre como el centro de todo.

Olimpia fue también una de las precursoras en exigir la igualdad tanto en la vida pública como privada, el derecho a voto, al trabajo, a la participación política, a la educación, el derecho al divorcio, a poseer y controlar propiedades, entre otros.

Incontables son las mujeres que fueron condenadas por ser “féminas inquietas, andariegas, desobedientes”; juzgadas por “obedecer poco y cuestionar mucho”, como lo relató el maestro Eduardo en su serie La vida según Galeano. Mujeres que lucharon y protestaron por nuestros derechos a costa de cuestionamientos, ridiculizaciones, cárcel o asesinatos.

La lucha de las mujeres por salarios justos, condiciones dignas de trabajo y para una mejor calidad de vida las movilizó para que de manera organizada trasladarán las exigencias de sus derechos civiles, políticos y económicos a las calles, lo que obligó a instancias como la ONU a reconocer la situación de las mujeres y a crear esfuerzos de los Estados para eliminar la desigualdad entre hombres y mujeres; desigualdad presente incluso en la propia Declaración Universal de los Derechos Humanos, la cual se construyó desde una perspectiva androcéntrica y sin tomar en cuenta la visión ni las necesidades de las mujeres.

Fue en 1975 cuando la Asamblea General de la ONU declaró el 8 de marzo como Día Internacional de las Mujeres. Veinte años después, durante la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, celebrada en septiembre de 1995 se construyó el plan más progresista para promover los derechos de las mujeres.

Plataforma de Acción de Beijing

La Plataforma de Acción de Beijing es un “programa encaminado a crear condiciones necesarias para la potenciación del papel de las mujeres en la sociedad”. Fue firmada por representantes de 189 gobiernos quienes se comprometieron a aplicar la Plataforma de Acción y a garantizar que todas sus políticas y programas reflejaran una perspectiva de género.

Para ello, se hicieron compromisos en 12 esferas de especial preocupación: pobreza, educación y capacitación, salud, violencia contra la mujer, conflictos armados, economía, ejercicio del poder y la adopción de decisiones, mecanismos institucionales para el adelanto de la mujer; derechos humanos de las mujeres; medios de difusión; medio ambiente y niñas.

Si bien han pasado 20 años de la Declaración y la Plataforma de Beijing, los avances son a cuenta gotas y las mujeres continúan exigiendo el respeto a los derechos básicos, basta referir la situación que prevalece en materia laboral, salud y violencia.

Trabajo

A pesar de que miles de mujeres en el mundo allanaron el camino para exigir los derechos laborales de las mujeres, la realidad actual evidencia un retroceso significativo de los avances logrados.

Las mujeres seguimos ganando menos que los hombres por el mismo trabajo realizado; el aporte de las mujeres a la economía es minimizado o infravalorado; el número de horas que se trabajan responde a la lógica del mercado y no a la garantía de una vida digna.

Según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) 2012 de la población que participa en el trabajo remunerado, los hombres tienen mayores ingresos que las mujeres; las mujeres de entre 30 a 59 años de edad trabajan un promedio de 63.8 horas a la semana, mientras que los hombres trabajan cerca de 51.5, esto es reflejo también de la doble jornada que realizan las mujeres tanto fuera como dentro del hogar, reforzando estereotipos de género que dejan a las mujeres el cuidado de los hijos e hijas y como “responsables de las tareas domésticas”, es así que el trabajo asistencial, tanto remunerado como no remunerado, recae principalmente en las mujeres.

Cabe mencionar también que actualmente cerca de la cuarta parte de los hogares mexicanos tienen como jefa a una mujer y de ellos, 79.3% son hogares en los que la jefa de familia no tiene pareja pero sí hijos, lo que evidencia también un patrón significativo de la falta de reconocimiento y responsabilidad de la paternidad.

Salarios

La encuesta refiere también que entre quienes perciben menos de dos salarios mínimos prevalecen las mujeres, mientras que entre quienes ganan más de dos salarios mínimos predominan los hombres.

Si bien el ingreso de la población se incrementa de acuerdo al nivel de educación, en todos los niveles de escolaridad las mujeres tienen un menor ingreso respecto al de los hombres.

De igual manera los empleos para las mujeres suelen ser empleos de baja calidad y en donde la toma de decisiones no recae sobre ellas.

A ello se une la prevalencia del trabajo infantil, la violencia laboral que se manifiesta a través del acoso u hostigamiento sexual; cuando los jefes piden favores sexuales a cambio de un ascenso laboral o para mantener el trabajo; a través de la discriminación que tiene que ver con la edad, la imagen, el peso o cuando se solicita a las mujeres la constancia de no gravidez, solicitándoles el certificado médico que constate que no están embarazadas para poder obtener un empleo; la ausencia de prestaciones laborales que impacta negativamente la garantía de otros derechos, entre otros ejemplos.

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Atziri Ávila es comunicóloga social, activista y defensora de derechos humanos y Coordinadora de la Red Nacional de Defensoras de Derechos Humanos.

 *La foto es de Fabien Seguin